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ALFREDO
BRAVO: UN HOMBRE FIEL A SUS IDEALES
Maestro
de grado
Defendió los principios socialistas desde los 18 años.
En su rol de gremialista fue uno de los promotores de la Confederación de Trabajadores de la Educación de
la República Argentina (Ctera). Víctima del terrorismo de
Estado, nunca abandonó la lucha por el respeto de los
derechos humanos, la educación y la justicia. Una figura atípica
en la política nacional, que arrancó lágrimas con su
partida.
Por Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar
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¿Vos sos periodista?
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Sí –respondí.
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Esta sala debería estar llena de grabadores y de cámaras
de televisión. Si esto no toma estado público no se va a
esclarecer –afirmó con fastidio.
Éramos solamente dos los cronistas parlamentarios que habíamos
cubierto la reunión de la Comisión de Derechos Humanos y
Garantías, de la Cámara de Diputados, el 24 de octubre
pasado. La cuestión que preocupaba al veterano legislador
estaba ligada a la investigación sobre la desaparición de 14
obreros de la fábrica Mercedes Benz, durante la última
dictadura militar. La periodista alemana Gabriela Weber había
presentado ante la comisión, documentación que involucraba a
Carlos Ruckauf, que en 1975 era ministro de Trabajo, y al
secretario del Sindicato de
Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), José Rodríguez.
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Cuando se habla de este tema me acuerdo de lo que me
hicieron. A mí me torturaron con picana y con “el cubo”.
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¿El qué? –pregunté.
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El cubo, que consistía en meterle los pies a una
persona en un balde de agua helada y, enseguida, cambiar por
agua hirviendo. Estas cosas hay que contarlas. Vos sos joven,
pero nosotros comenzamos el 17 de diciembre de 1975 en
la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y tardamos 25
años para que esta sociedad comprendiera el terrorismo de
Estado, los procedimientos, la metodología, de qué manera
hacían desaparecer a nuestros compañeros.
Yo simplemente lo escuchaba. Con indisimulables dotes de
maestro relataba –con resquicios de bronca- sus historias. Y
en su caminar mostraba paso a paso las secuelas del castigo físico.
El mencionado “cubo” le había entumecido las piernas y
provocado serios daños. Esa fue la primera vez que hablé con
Alfredo Pedro Bravo, el testarudo profesor socialista,
obstinado hincha de River Plate y amante del tango.
Los años de plomo
Concepción del Uruguay, en Entre Ríos, fue la ciudad que lo
vio nacer en 1925. Desde joven ejerció la docencia, primero,
en un pueblo del chaco santafesino y luego en Buenos Aires. Más
adelante, en la década del 60, se dio el gusto de ser
guionista de las “Obras Maestras del Terror” que
protagonizó por televisión Narciso Ibánez Menta.
Del objetivo de conseguir la unidad de los numerosos
organismos que agrupaban a los maestros, surgió la
Confederación de Trabajadores de la Educación de la República
Argentina (Ctera). En 1974, Bravo fue designado secretario
general de la flamante entidad. Un año más tarde, se
convirtió en uno de los impulsores de la fundación de la
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), y fue
elegido copresidente.
El arribo de las botas al poder significó para el profesor
una pesadilla que nunca se niega a contar. Alfredo Bravo fue
uno de los testigos de cargo en el juicio oral y público que
se llevó a cabo contra los ex comandantes de la dictadura
militar. Además, prestó declaración en el año 2001, en los
Juicios por la Verdad que se desarrollan en la ciudad de La
Plata.
Su secuestro ocurrió el 8 de septiembre de 1977, en la
escuela de Capital Federal donde estaba dando clases. En los
interrogatorios, en medio de las torturas, le preguntaban
quienes eran los miembros de la APDH que enviaban información
al exterior. Bravo reconoció las voces de sus interlocutores:
el jefe de la Policía bonaerense Ramón Camps y el comisario
Miguel Etchecolatz. Días más tarde, en una conversación,
Camps le advirtió: “Pena de muerte puede ser de dos formas:
o que lo matemos nosotros o que se suicide usted”. Sin
embargo, las amenazas del represor no se concretaron y el
profesor fue enviado al Regimiento I de Infantería y luego,
en junio de 1978, a la comisaría 49° de Capital Federal,
donde adoptó un régimen de libertad vigilada.
La plena liberación de Bravo, a principios de 1979, respondió
a las gestiones que realizaron integrantes de Ctera y otras
personalidades del mundillo de la política enviando un
telegrama al entonces presidente de Estados Unidos Jimmy
Carter. El mandatario norteamericano pidió personalmente
explicaciones al jerarca de la dictadura Jorge Rafael Videla,
y al poco tiempo el dirigente socialista conquistó su
libertad.
Bandera socialista
Con la restauración de la democracia, en 1983,
Alfredo Bravo se posicionó en la escena política nacional.
El gobierno de Raúl Alfonsín lo designó Subsecretario de
Actividad Profesional Docente del Ministerio de Educación.
Aunque tres años más tarde se despidió del cargo cuando el
Poder Ejecutivo promulgó la ley de Obediencia Debida, por la
que alrededor de ochocientos oficiales de las Fuerzas Armadas
acusados de cometer crímenes de lesa humanidad quedaron en
libertad.
A fines de la década del 80, regresó a la militancia dentro
del Partido Socialista Democrático, que había abandonado en
1943 por diferencias con el tradicional Partido Socialista. Y
en 1991, ingresó como diputado en el Congreso de la Nación y
fue reelecto en dos oportunidades (1995 y 1999).
A pesar de haber sido uno de los integrantes de la Alianza
–coalición conformada por la Unión Cívica Radical y el
Frepaso- se distanció de la gestión de Fernando de la Rúa,
por discrepar con el rumbo que había seguido la administración.
En esa época, estrechó sus vínculos con la compañera de
banca Elisa Carrió, con quien trabajó en numerosos proyectos
e investigaciones, y entabló una relación afectiva.
El 24 de octubre de 2001, se presentó en las elecciones
legislativas como candidato a senador por la Capital Federal.
A pesar de haber acumulado los votos suficientes para acceder
a su banca en la Cámara alta, debido a la presentación
judicial que hizo uno de sus competidores, Gustavo Beliz,
nunca pudo asumir (ver aparte).
En los últimos meses, después de pelearse con Carrió y de
conseguir la reunificación del Partido Socialista Auténtico
y el Partido Socialista Popular, optó por lanzarse en la
carrera por la presidencia de la Nación. Junto con su compañero
de fórmula, el legislador santafecino Rubén Giustiniani,
afirmaban durante la campaña que el cambio que necesitaba la
Argentina era socialista.
“Nuestra prioridad será erradicar el hambre y la desnutrición
de nuestras esperanzas que son los chicos. En segundo lugar,
proponemos generar trabajo para que nadie tenga que dejar el
país, en tercer lugar, defendemos el dominio del propio
cuerpo de las mujeres, y cuarto, en base al fallo del juez
Jorge Ballesteros, consideramos que gran parte de la deuda
externa es ilegal y que desde esa posición debemos discutir
con los organismos internacionales de crédito”, explicaba
Bravo. Y seguía: “Ser socialista hoy es pensar en un país
con identidad propia, que no se deje caer en la extorsión de
los organismos internacionales. Hay que establecer una cultura
que se centre en la distribución de la riqueza para que todos
podamos vivir dignamente y no sólo el sector dominante”.
Hasta luego, maestro
En la madrugada del lunes 26 de mayo el corazón del
hombre de 78 años no pudo soportar el triple infarto. Según
uno de sus dos hijos, el legislador porteño Daniel Bravo, su
padre estaba angustiado por el “maltrato judicial” al que
estaba siendo sometido por parte de la Corte Suprema con la
falta de definición en referencia la banca del tercer
senador. “El tema de la designación de Beliz (como
ministro de Justicia) creo que ayudó aún más al cuadro
que lamentablemente tuvo esta madrugada fatídica en la que
tuvo el primer infarto”, agregó.
La despedida de Alfredo Bravo se realizó en el Salón de
Pasos Perdidos en el Congreso de la Nación. El desfile de
personas fue interminable, desde sus pares en el Parlamento,
miembros de organizaciones de derechos humanos, hasta el
presidente Néstor Kirchner.
Entre los oradores se destacó el pope del radicalismo Raúl
Alfonsín. “Estoy seguro de que pronto nos vamos a volver a
encontrar para compartir un asado juntos”, sentenció el ex
presidente. En nombre de los justicialistas, el diputado
Lorenzo Pepe parafraseó a Ricardo Balbín en el adiós a Juan
Domingo Perón, diciendo “este viejo adversario despide a un
amigo”.
“Alfredo está colgado de una estrella. Y nos va a seguir
queriendo, y nos va a seguir retando”, dijo Elisa Carrió,
quien estaba distanciada del maestro. Sus compañeros de
bloque lo definieron como “un luchador incansable que cambió
el rumbo del socialismo argentino”. Y tal vez el discurso más
emotivo fue el de Laura Bonaparte, de Madres de Plaza de
Mayo-Línea Fundadora: “Querido compañero socialista, compañero
maestro de la educación laica y gratuita, compañero
articulador de diferencias (...) Te elegimos y te nombramos
senador nacional, compañero defensor de los derechos de la
mujer, compañero luchador contra cansancios, vientos y
mareas, compañero doblegador de torturas y torturadores,
compañero de ideales llevados a la práctica”.
Repentina, conmovedora y triste fue la partida de Alfredo
Bravo. Lágrimas y sonrisas se asomaron ese lunes de otoño
por la tarde.
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Parece increíble que el profesor ya no esté
entre nosotros –comenté a uno de sus compañeros más íntimos.
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No, no le digas profesor. Él siempre nos corregía
fastidiado: “Soy maestro, maestro de grado”. Arriba
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