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ENTREVISTA: MEMPO GIARDINELLI

Alimentando el pensamiento

Por Jesica Bossi 

“Leer abre los ojos”, es el lema de la Fundación que Mempo Giardinelli encabeza oficialmente desde marzo de 1999. Sin embargo, el germen del proyecto asomó a fines de los 80s, en el seno de la revista literaria Puro Cuento, cuando algunas mentes inquietas pensaron en cómo recopilar materiales, organizar archivos y una gran biblioteca. A partir de entonces, la idea primaria fue transformándose y se concretaron actividades culturales y educativas, se conformó el Centro de Altos Estudios Literarios y Sociales (CAELYS) y se celebra anualmente el Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura.
¿Cómo se enseña a leer o se crea el hábito de la lectura a chicos que a veces no tienen qué comer?
Nosotros pensamos que la desnutrición no es sólo una cuestión de proteínas y minerales, también hay una enorme desnutrición intelectual. Aunque también damos de comer porque sostenemos comedores escolares, nos ocupamos fundamentalmente de la desnutrición intelectual de la que muy poca gente se ocupa en la Argentina. Pensamos que es igualmente importante porque si tuviéramos nutrición alimenticia, que no la tenemos en Argentina, de todos modos la desnutrición que se produce a través de la televisión basura, la no lectura y la violencia familiar y callejera, es tremenda. En la Argentina tenemos una sociedad cada vez más embrutecida, y esto es pavoroso. Cuando uno viaja afuera, a México o Brasil sin ir más lejos, ve cómo de alguna manera allá hay políticas de Estado que acá no existen.
¿Qué pasos siguen para acercar a los niños a los libros?
Hay toda una pedagogía que desarrollar, y nosotros la venimos trabajando desde hace años. Nuestro Centro de Estudios —CAELYS-Chaco— tiene en este momento más de 300 alumnos que están trabajando para formarse como “formadores de lectores”. Muchos son docentes, estudiantes, profesores universitarios. También tenemos el programa de “Abuelas Cuenta Cuentos”, que ha crecido muchísimo. Nosotros entrenamos a las abuelas y las llevamos a escuelas de la periferia a leer cuentos, a trabajar desde el amor a la lectura y desde la lectura como acto de amor. Centenares de chiquitos que nunca han tenido quien les cuente un cuento, y que ni saben lo que es un cuento, hoy tienen la posibilidad de ser visitados por abuelas lectoras una o dos veces por semana, o por mes, según se pueda. Esas abuelas, con todo cariño, les leen cuentos y les enseñan el placer de la literatura. Y como la mayoría son chicos de la calle, chicos abandonados o integrantes de hogares destruidos, nosotros pensamos que a partir del sólo hecho de que puedan tener por algunas horas una nutrición intelectual y, además, como acto de amor, eso les da una posibilidad de mejoramiento. Es como cuando se les da una copa de leche; con eso no se resuelve el problema del hambre, pero ese día esos pibes tuvieron una copa de leche.
¿Ud. es un lector compulsivo?
Yo me he pasado la vida leyendo. Pero no compulsivamente.
En una entrevista, dijo que “dos horas de televisión le significan 180 páginas no leídas”.
Yo no veo televisión, y no por compulsivo sino por un acto de resistencia, porque para ver la porquería que hay... Si de repente quiero ver un partido de fútbol o de vóley, o si sé que va a estar una persona inteligente en un programa, lo veo. Pero no miro los noticieros porque no me informo de lo que pasa en la vida, en el país y en el mundo, a través de la televisión. No pierdo ni cinco minutos enfrente del televisor, entonces, ese tiempo lo gano para poder pensar, crecer, para que mi familia y yo nos desarrollemos desde otro punto de vista. No es que seamos intelectuales aburridos, ojo, ni nada por el estilo. Nos gusta el fútbol, comer asados, reunirnos con amigos y vivir en paz, que es lo que le gusta a cualquier argentino. Pero en mi casa sí intentamos una actitud de vida diferente y una de las primeras decisiones es la de mantener apagado el televisor, que es una cloaca, y encenderlo cuando realmente nos puede interesar algo porque es interesante. Arriba

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