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CONSECUENCIAS DE LOS ATAQUES A NUEVA YORK Y WASHINGTON

 Armas biológicas: la peor guerra es posible

 Entre la paranoia y la probabilidad real de un ataque con virus, bacterias y gérmenes, crece el desconcierto mundial. El arsenal bacteriológico es barato y demoledor. Estados Unidos y los terroristas estarían en condiciones de emplearlo pero no de contrarrestar sus efectos.  La historia no contada sobre los proyectos de bombas mortíferas.

Por Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar 

Pocos días antes del ataque al World Trade Center y al Pentágono, el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, confirmó que Estados Unidos estaba elaborando bombas biológicas. No es casual entonces, que a fines de julio de este año, se haya negado a ratificar un documento destinado a fortalecer la Convención sobre armamento bacteriológico de 1972. “Afecta la seguridad nacional y la información confidencial”, objetó el presidente George W. Bush. La política exterior aislacionista y agresiva ha colocado al país del norte en una encrucijada: la decisión de romper pactos internacionales sobre el control de armas, lejos de beneficiarlo, podría volverse en su contra.
La denominada guerra biológica consiste en el uso de enfermedades producidas por microorganismos o toxinas con el fin de dañar o aniquilar a las fuerzas del enemigo, sus poblaciones civiles o contaminar sus fuentes de agua o alimentación. Los dos agentes más reconocidos por su efectividad son la bacteria del ántrax y el virus de la viruela, pero la lista no termina allí.  Los expertos advierten sobre otras variantes como la peste, el botulismo, la tularemia, el tifus, la fiebre Q, la encefalitis equina venezolana, la influenza, el ébola y diversos venenos -ricina, gas Sarín- .

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) menciona en un documento de defensa que existen 31 agentes que pueden ser utilizados como armas. Desde el punto de vista práctico, los microorganismos elegidos deben ser muy infecciosos y, de ser posible, que se contagien de persona a persona. Además, es indispensable que se mantengan estables en el ambiente y se dispersen sin mayores dificultades. 

Las bombas bacteriológicas presentan, en líneas generales, dos ventajas importantes: son relativamente baratas -por eso las llaman "bombas de los pobres"- y tienen un efecto demoledor. Los máximos expertos sobre el tema son los científicos rusos que durante la Guerra Fría llevaron a cabo un proyecto sofisticado. Sin embargo, se sospecha que actualmente una docena de países posee capacidad para desencadenar guerras biológicas. La lista la conforman Estados Unidos, Rusia, Japón, China, Irak, Egipto, Libia, Siria, Irán, Israel, Corea del Norte y Taiwán. Asimismo, muchos aseguran que grupos terroristas, incluido el que lidera Osama bin Laden, cuentan con un armamento biológico poderoso.


Fábricas de bombas


La Unión Soviética se convirtió en la primera potencia en la industria de armas bacteriológicas tras desarrollar el programa ultra-secreto “Biopreparat” que operó desde 1972 hasta 1992. El microbiólogo Ken Alibek, vicedirector del proyecto, es una pieza trascendental en esta historia. Mediante novedosas técnicas de ingeniería genética creó con fines militares agentes como ántrax, peste bubónica, ébola, Marburg y viruela, entre otros. En 1992, cuando el entonces presidente Boris Yeltsin decidió cancelar el programa, Alibek emigró a Norteamérica, que lo recibió con los brazos abiertos a pesar de haber fabricado material bélico para ser usado en su contra.  Ahora, supuestamente se desempeña en una consultora que estudia soluciones de “biodefensa” para el gobierno federal.
En el polígono de ensayos de la URSS, la isla de Vozrozhdeniye en el mar Aral, se liberaron diversos tóxicos letales que aún hoy representan un peligro para las zonas aledañas, como Uzbekistán y Kazajistán. Además de las pruebas, los científicos enterraron los centenares de toneladas de ántrax acumuladas durante la investigación tras la cancelación del plan.

Por su parte, los Estados Unidos también desarrollaron material bacteriológico luego de la Segunda Guerra Mundial. Aunque no fueron tan brillantes como los rusos, realizaron miles de ensayos en distintos lugares: Dugway (estado de Utah), Alaska, Centroamérica, Medio Oriente y en las costas del Océano Pacífico. En 1969, el presidente Richard Nixon resolvió prohibir la producción de armas biológicas con fines ofensivos.

Sin embargo, luego de impulsar y ratificar la Convención de 1972, Estados Unidos continuó con sus investigaciones. En la administración de Bill Clinton se iniciaron dos proyectos: Visión Clara, encabezado por la CIA, consiste en la fabricación de una bomba biológica de diseño soviético; el otro, coordinado por el Pentágono, pretende la construcción de un laboratorio de gérmenes en el desierto de Nevada. Ambos son ilegales y violan el tratado firmado hace 30 años.
A lo largo de la historia no se diseminaron armas biológicas a gran escala, salvo algunas excepciones. Con el avance de la Biotecnología y la Ingeniería Genética, las bombas bacteriológicas constituyen una de las amenazas más temibles para el hombre. Su utilización implicaría un efecto boomerang, ya que puede desencadenarse una reacción en cadena y provocar el contagio de los agresores y su población. Aunque, si el atacante da una justificación divina a su muerte, el "rebote" biológico quizás no sea un obstáculo para ejecutar sus planes. 
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