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VENTA ILEGAL

Armasgate: historia de presidentes

Irán, Croacia o Ecuador. Ronald Reagan o Menem. Estados Unidos o Argentina. Catorce años de diferencia. Análisis de dos casos similares: un presidente salvó su pellejo; un ex presidente parece que no.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

La venta ilegal de armas no es una actividad original de la última década. Aunque no haya producido el encarcelamiento del primer mandatario de Estados Unidos, el escándalo “Irán-contras” hizo tambalear a Ronald Reagan mientras ocupaba el sillón presidencial en 1987. La debacle alcanzó al dirigente del Partido Republicano cuando el periódico The Washington Post reveló que se había estado financiando la contrarrevolución anti-marxista en Nicaragua para derrocar al gobierno izquierdista de Daniel Ortega, con fondos del tráfico de armas a Irán.
El 13 de agosto habrán pasado 14 años desde que Reagan se vio implicado en el “Irangate”. En paralelo, serán días negros para el riojano que condujo a la Argentina por más de diez años, pues está atosigado por el procesamiento como jefe de la asociación ilícita que le vendió armas clandestinamente a Ecuador y Croacia; debe responder por el delito de contrabando de pólvora ante el juez  Julio Speroni, y podría caerle sobre sus hombros el cargo de homicidio calificado, por la voladura de la planta militar de Río Tercero.

Circunstancias dispares

El primer capítulo del “Irangate” tuvo lugar en 1980 cuando gente del entorno de Reagan dilató la liberación de 52 rehenes capturados por iraníes en el Líbano hasta tanto pasaran las elecciones presidenciales en las que vencería al entonces primer mandatario James Carter. Sin ese logro, Carter perdió votos decisivos. A cambio -como contó un ex agente de la CIA y el FBI al diario australiano The Age en 1991- la troupe de Reagan prometió vender a Irán el armamento que imperiosamente necesitaba para hacer frente a la guerra que mantenía con Irak. No pesó en aquel momento la prohibición de comerciar armas a Irán que se había establecido en Estados Unidos como repudio a la política que llevaban a cabo los fundamentalistas islámicos.
Aunque esa operación salió a la luz una década después de sucedida, otra negociación similar marcó a la administración republicana. Con el objetivo de conseguir la liberación de otros cinco rehenes que estaban en poder de los guerrilleros pro-iraníes del Hezbollah, el gobierno estadounidense hizo memoria y les ofreció 4000 misiles Tomahawk a cambio de su liberación.
La Comisión Legislativa que se conformó para investigar toda esta avalancha de delitos determinó que los cerca de 4 millones de dólares que ganaron en la última transacción fueron entregados vía Islas Caimán para financiar a los contras en Nicaragua. Y lo que es más importante, señaló como responsables al asesor presidencial de Reagan, John Poindexter y al asistente en temas de seguridad, Oliver North. Ambos cumplieron penas menores por desvío ilegal de armas y diluyeron la culpabilidad que le habría cabido al hombre que más poder tenía en el mundo.
El caso que implica a Menem, describe otro proceder. A comienzos de la década del 90, desde el Ministerio de Defensa se promovió la firma de “decretos marco”, que autorizaron la venta de material bélico “liviano” sin una especificación de su cantidad y con destino a Panamá. Por esto, el multi-ministro menemista Erman González está acusado de haber sido organizador de una asociación ilícita y de haber falseado los decretos. La operación quedó al descubierto por las irregularidades en los certificados de destino final que se presentaron y, sobre todo, porque Panamá desde 1989 no cuenta con fuerzas armadas pues está intervenido por Estados Unidos. Por otro lado, el juez Urso ha comprobado hasta el momento, que el entonces Jefe del Ejército, el Teniente General (R) Martín Balza organizó la salida del armamento de la fuerza para ser enviado a Croacia y Ecuador por vía marítima. Para Urso, toda esta articulación no habría sido posible “sin una determinación dominante rectora e integradora (...)”, que le atribuye a Menem.

Menem no es Reagan

La condición de “presidente” de Reagan le evitó responder ante la justicia por las tremendas irregularidades de su mandato. El politólogo Rosendo Fraga sostiene al respecto que presiones políticas no dejaron avanzar la investigación más allá del entorno presidencial.
Distinto es lo que ocurrió en la causa de Menem. Fraga había advertido cuando Urso citó durante el mes de mayo a Menem para que declarase en junio, que era para dar tiempo a una salida política de la causa. Sin embargo, cuando intempestivamente fue adelantada la indagatoria, grande fue la sorpresa de todos. Hasta las propias fuentes judiciales del oficialismo se sorprendieron: “no sé quien está empujando a Urso, pero nosotros seguro que no”, explicaron off the record a Segundo Enfoque.
En agosto de 1987, involucrado en un negocio tan grande como oscuro, Ronald Reagan resistió escudado en sus colaboradores. Casi quince años después, quien ocupó el sillón de Rivadavia por 10 años, lejos del poder y de la popularidad más allá de La Rioja, hoy está sentado en el banquillo de los acusados. Arriba

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