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LA
SITUACIÓN DESPUÉS DE LA INVASIÓN
Irak:
muertes y mentiras, nueve meses después
Soldados estadounidenses
siguen muriendo aún cuando Estados Unidos celebra el éxito
de su “misión en Irak”con Saddam Husein detenido. Las
armas de destrucción masiva que no existieron. El gasto bélico
sobre el social. El reconocido analista Isaac Bigio y su
enfoque sobre el terrorismo: el mundo de Bush y Al Qaeda.
Por
Isaac Bigio*
El primero
de mayo, el presidente de Estados Unidos George W. Bush
proclamó su victoria militar en Irak. Nueve meses después el
triunfo va adquiriendo elementos de fracaso.
Generalmente, en todo conflicto es mucho mayor el número de
bajas durante la guerra que durante la ocupación. Ningún
soldado norteamericano murió en combate en Alemania tras la
derrota de los nazis en 1945.
En Irak, entre marzo y abril, cayeron en acción 269
uniformados estadounidenses. Sin embargo, desde el anuncio
oficial del fin de las hostilidades, el número de tropas que
ha perecido durante la ocupación puede sobrepasar esa cifra
en cualquier momento. Como promedio, en Irak, cada quince
horas un soldado estadounidense fallece y cada dos horas y
media otro es herido.
Más de 600 efectivos occidentales han fallecido en Irak. De
ellos un centenar pertenecen a contingentes aliados. Las
mayores bajas que ha sufrido España o Italia se han dado
después del triunfo bélico.
A su vez, unos 30.000 uniformados norteamericanos ya han sido
dados de baja sea por muerte, heridas o enfermedad. El
porcentaje de depresión y suicidios en las tropas
estadounidenses es más alto en Irak que en cualquier otra
parte. Por lo menos uno de cada cinco de ellos podría estar
sufriendo traumas originados por la guerra.
Mientras tanto, el presidente Bush no ha asistido a ninguno de
los más de 500 funerales de sus tropas caídas en Irak. A la
prensa tampoco se le ha dejado fotografiar ningún sarcófago
conteniendo los restos de alguno de ellos.
Al día siguiente de haber ocupado Bagdad, Blair mandó un
mensaje radial a los iraquíes donde dijo: “No queremos esta
guerra. Pero al negarse a renunciar a sus armas de destrucción
masiva, Saddam Husein no nos ha dejado otra opción que
actuar”.
Los jefes de los inspectores de armas de destrucción masiva
enviados tanto por la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) como por Estados Unidos han concluido que éstas ya habían
sido eliminadas muchos años antes del ataque. Saddam había
cumplido con deshacerse de ellas. También se ha demostrado
que Bagdad no tenía ningún lazo con Al Qaeda y, más bien,
ésta festeja dicha invasión pues le permite eliminar a un
rival secular panarabista y capitalizar el resentimiento anti-occidental.
Una intervención supuestamente hecha para traer derechos
humanos a Irak muestra que a los vencidos no se les aplican
los tratados internacionales para prisioneros de guerra. Se
les priva de dicha condición a más de 700 detenidos en Guantánamo
y aún Saddam no tiene derecho a hablar ante la prensa o a
saberse donde está. Y su captura no ha impedido que por lo
menos un soldado extranjero siga siendo ultimado cada día por
la resistencia.
Ahora, la fuerza que más crece es el fundamentalismo chiíta
pro-Irán, el mismo que ha organizado manifestaciones de más
de 100.000 personas pidiendo prontas elecciones. Lo más
probable es que un futuro gobierno en Bagdad pase a manos de
ellos.
Lo paradójico es que Saddam adquirió sus armas de destrucción
masiva y gran apoyo financiero y logístico por parte de
Occidente pues en 1979-80 él fue visto como la mejor carta
para invadir Irán y tumbarse a los ayatolas.
En tanto, a los contribuyentes estadounidenses, esta aventura
militar les viene costando más de 100 mil millones de dólares,
una cifra con la cual podrían resolverse muchos problemas de
salud y educación para sus habitantes más pobres. Es más,
para poder costear la guerra se han disminuido fondos
sociales. Por ejemplo, pese al crudo invierno se han recortado
300 millones de dólares al programa federal que subsidia a
las familias que no pueden calentar sus hogares. Desde 2001,
ha crecido en un 6% la cantidad de familias pobres en Estados
Unidos.
En Irak, ahora un 80% de su mano de obra está desocupada y el
40% de sus casas carecen de agua potable. Hay más de 16.000
iraquíes muertos, de los cuales dos tercios son civiles. Los
recursos del segundo mayor yacimiento petrolífero del medio
oriente ahora van siendo repartidos a diversos consorcios,
muchos de ellos asociados a los republicanos.
Nueve miembros del comité político de defensa de Bush son
miembros o consejeros de juntas de corporaciones con contratos
en gastos de defensa. El promedio de riqueza que tiene cada
uno de los 16 miembros originales del gabinete Bush se acerca
a los 11 millones de dólares.
Una guerra que ha generado pobreza en el medio oriente y también
en Estados Unidos podrá conseguir incrementar las arcas de
diversas corporaciones con intereses en energía y gastos
militares.
Sin embargo, la aventura iraquí paradójicamente ha generado
el crecimiento del fundamentalismo que se buscaba atacar.
Washington debe aliarse con el clero chiíta, contra quien
inicialmente apuntaló a Saddam, para contenerlos. También,
en vez de haber logrado frenar a Bin Laden, le ha dado más
justificativos a su movimiento que cada vez crece más.
* Analista Internacional. Ha obtenido grados y
postgrados en historia y política económica en la London
School of Economics, donde también ha enseñado. Premio
Dillons (Waterstone) a la excelencia.
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