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PANORAMA DE BOLIVIA

Agitaciones en el corazón andino

La recuperación del gas como recurso estratégico es el disparador de un nuevo reclamo popular. Entre marchas, cortes de rutas y una huelga nacional, tambalea el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Un recorrido por la historia de uno de los países más pobres de América Latina que se ha levantado para defender su riqueza.

Por Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar

“Bolivia es un país de novela. Su historia es un relato fantástico cruzado por capítulos de generosa rebeldía popular y otros de mezquinas traiciones, con violencias inauditas, entre las que hay que contar 189 golpes de Estado consumados por fuerzas armadas que, casi siempre, actuaron como el brazo armado de los poderosos.” Así define José Manuel Pasquini Durán al país andino, en un artículo publicado en el diario Página/12[1].
Bolivia, donde 6 de cada 10 personas viven en la pobreza, es escenario de protestas callejeras, bloqueos de rutas y huelgas. Definida por sus protagonistas como la “guerra del gas”, la mayoría del la sociedad boliviana se opone a un proyecto de exportación de ese recurso a Estados Unidos y México. Con el fin de realizar la jugosa operación se conformó el consorcio LNG Pacific que aglutina a las petroleras más poderosas del globo: Repsol, British Petroleum Group y British Gas. Además, esta venta se concretaría a través de un puerto bajo administración chilena, en un territorio que los bolivianos cedieron a sus vecinos tras la guerra del Pacífico (1879) y que significó la pérdida de su única salida al mar.
En este contexto, se conformó la Coordinadora Nacional de Recuperación y Defensa del Gas en septiembre pasado. La flamante agrupación está integrada por representantes de la Central Obrera Boliviana (COB), organizaciones sociales, profesionales y políticas, militares, campesinos, obreros y desocupados, entre otros. “Nos hemos reunido para expresar nuestro deseo de unirnos, organizarnos y movilizarnos en torno a la recuperación y la defensa de nuestros recursos naturales, nuestro patrimonio y nuestra vida”, sostuvieron en su primer manifiesto.
A pesar de poseer la segunda reserva de gas natural de América del Sur, los bolivianos se quejan porque no les llegan los beneficios de tal riqueza. Según datos el Ministerio de Desarrollo Económico (junio de 2002), Bolivia tiene 52 trillones de pies cúbicos de gas. De éstos, 27,3 son probados y 24,9 probables. En la actualidad, las reservas pertenecen a empresas extranjeras luego de haber sido cedidas gradualmente desde 1985. Fue entre 1992 y 1997 cuando se profundizó el proceso de privatización y, a través de leyes y decretos, se entregó la totalidad del recurso energético a manos privadas extranjeras (ver aparte). Y fue el propio Gonzalo Sánchez de Lozada, en su primera presidencia, quien transfirió la propiedad de los hidrocarburos a las transnacionales el 4 de agosto de 1997, dos días antes de culminar su mandato, mediante el decreto 24.806.

Los opositores

“El actual gobierno se asienta en las capas empresariales y en algunos sectores medios. Tiene poco apoyo popular. Los partidos que lo apoyan son el MNR (Movimiento Nacional Revolucionario), pero con poco peso, el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), que se ha desacreditado por haber pasado desde el castrismo a acompañar al grueso de los presidentes desde 1982, y otras fuerzas menores”, explica el analista internacional Isaac Bigio (ver aparte). Y señala: “Es probable que el actual gobierno no culmine su mandato constitucional. Sánchez de Lozada llegó a la presidencia con menos de un quinto de los votos y su coalición es débil y sometida a intensas presiones sociales”.
Uno de los sectores más aguerridos de la oposición es el encabezado por el diputado por el Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales. El dirigente socialista, con una vasta trayectoria sindical, lidera a los campesinos cocaleros de la región del Chapare. Se ha enfrentado en reiteradas oportunidades al gobierno en defensa de los cultivos de coca y en contra de los planes de erradicación. Consultado en diciembre pasado por Segundo Enfoque, Morales habló sobre el significado de la hoja de coca: “Es un producto agrícola, un producto natural que económicamente tiene mucha influencia en Bolivia. Culturalmente es la vértebra de la cultura quechua-aymara. Si hablamos políticamente, se ha convertido en símbolo de nuestra unidad y en defensa de nuestra dignidad nacional. La hoja de coca representa la cultura, la dignidad y la soberanía cuando es víctima del imperialismo norteamericano”.
Por su parte, el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) es otro de los frentes de batalla. Su jefe, Felipe Quispe, también es diputado y además lidera la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). Esta organización tiene un carácter indianista y su base social está en las aldeas aymaras, en su mayoría, en el departamento de La Paz. Tanto Quispe como Morales tienen un discurso en contra del neoliberalismo, rechazan la concreción del ALCA y proponen la recuperación de los recursos naturales. No obstante, mantienen diferencias políticas que han obstaculizado la articulación de ambas corrientes.

De rebeldías populares

A muchos bolivianos la lucha en defensa del gas, les trae a la memoria la hazaña de los cochabambinos hace poco más de 3 años. En ese entonces, la denominaron “guerra del agua”. Los ciudadanos se organizaron y conformaron una coordinadora para pedir la modificación de la Ley de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario, sancionada en septiembre de 1999, y la anulación del contrato de concesión con el consorcio internacional Aguas de Tunari. Esta compañía había sido creada en las Islas Caimán, con un capital de 2500 dólares y estaba compuesta por International Water UK, una filial de la compañía norteamericana Bechtel, Abengoa, de España y un grupo de empresas bolivianas. La promesa incumplida de mejorar el servicio y un incremento de tarifas fueron los motivos que alentaron la revuelta de abril de 2000, que significó la cancelación de la concesión. 
Otros van más lejos aún y recuerdan la Revolución de 1952. En abril, el levantamiento popular puso fin al gobierno de “la rosca” (las tres familias dueñas de las minas) y colocó en el poder a Víctor Paz Estenssoro, del MNR, que paradójicamente es hoy el partido de Sánchez de Lozada. La nueva administración materializó cambios radicales: nacionalizó el estaño, extendió el sufragio a los indígenas iletrados, y concretó una reforma agraria. Tal vez otra de las singularidades de la historia boliviana es que el mismo Paz Estenssoro, luego de una gestión nacionalista y popular haya regresado a presidencia de la nación para sentar las bases de un modelo neoliberal.
Desde que asumió como jefe de Estado, en agosto de 2002, Goñi –el sobrenombre del mandatario- ha lidiado con un alto nivel de conflictividad social. A su enfrentamiento con los cocaleros, se sumó en febrero de este año una revuelta que culminó con un baño de sangre. El disparador de las jornadas de resistencia del 12 y 13 fue un impuesto al salario de un 12,5 % que afectaba a 750 mil trabajadores en relación de dependencia. Esta medida económica, orientada según el gobierno a bajar el déficit fiscal, se anunció en el marco de un paquete de ajuste que incluía una suba de impuestos a las petroleras y una reducción de los gastos burocráticos.
El estallido social nació en la ciudad capital, pero tuvo una reacción en cadena hacia otros rincones del país. En La Paz, la policía se amotinó a modo de protesta por las recientes medidas y luego mantuvo una batalla campal con efectivos de la policía militar y del ejército en la Plaza Murillo, frente al Palacio Quemado. A este episodio se agregó el bloqueo de carreteras y una huelga nacional. Sánchez de Lozada dio marcha atrás con la iniciativa económica, pero los sucesos tuvieron un cierre gris: los enfrentamientos causaron la muerte de más de 30 personas y hubo cientos de heridos.
La “guerra del gas” también ha cobrado sus víctimas. El 20 de septiembre, los campesinos de la localidad de Warisata, a 100 kilómetros de La Paz, bloquearon las carreteras en el contexto de una protesta nacional. El gobierno dispuso un “operativo de rescate” de turistas extranjeros que se encontraban cercados en el lugar. Dicho plan terminó en un choque violento que arrojó un saldo de 7 muertos.

Marginados

Más de la mitad de la población de Bolivia está compuesta por indígenas, mientras que el resto son mestizos y descendientes de españoles. “El 33% de los habitantes habla el quechua y el 21% el aymara, dos lenguas heredadas del imperio incaico, que ninguna colonización logró quebrar. Lo que es seguro es que al presidente Sánchez de Lozada no lo entienden, porque hasta su español es insuficiente, ya que toda su vida estudió y vivió en Estados Unidos”, reflexiona, en su artículo, Pasquini Durán.
Desde la llegada de los españoles, los indígenas han sido sometidos y explotados. En aquel entonces eran las minas de Potosí las que emanaban riquezas que engrosaban las arcas de la península ibérica. Hoy, el gas es un recurso estratégico que no está en manos nacionales y los beneficios que produce tampoco llegan a los bolsillos de los bolivianos.
En tierras de la civilización milenaria, 6 de cada 10 personas viven en estado de pobreza o pobreza extrema. Esto se agrava en el sector rural, donde la cifra trepa a 9 de cada 10. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 1998 existían 2,3 millones de ciudadanos que no disponían de energía eléctrica en sus domicilios, mientras que en 2002 detectaron 3,1 millones de personas en esa situación. En este mismo período, la cantidad de habitantes que no dispone de conexión de agua potable aumentó en más de un millón. En su resumen estadístico de septiembre, el INE establece que la tasa de desempleo en área urbana es de 8,69%, aunque según analistas privados el índice sería muy superior. 
Hoy, medio siglo después de la revolución, los sectores excluidos de la población intentan repetir la proeza. La miseria cotidiana no es obstáculo para el resurgir del pueblo boliviano que lucha por sobrevivir.


[1] Pasquini Duran, José Manuel. “Indomables” - Página/12 (14-02-03)

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