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LAS BASES ENFRENTAN A LA CÚPULA SINDICAL EN METROVIAS

La burocracia no viaja en subte

En Buenos Aires, los trabajadores del subterráneo han conseguido históricas reivindicaciones obreras desde que el cuerpo de delegados es conducido por la oposición a los perennes popes gremiales. Y se han convertido en un ejemplo de representación directa que ya hace ruido en otras empresas. Tienen la acción como herramienta de lucha, y no les tiembla el pulso para parar el subte cuanto tiempo haga falta. Pero no desdeñan el diálogo. Cómo es el intento de una construcción distinta en una planta con escasa militancia política. “No tienen el karma de haber perdido en sus cabezas; al contrario, ahora tienen el recuerdo de que han peleado y han conseguido”, reflexiona Roberto Pianelli, delegado de la línea E.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

En algunas fábricas comenzó ha escucharse entre los trabajadores que hace falta una representación gremial “como la del subte”. Y no se refieren a la Unión Tranviarios Automotor (UTA), el sindicato que engloba a los empleados de todo el transporte terrestre en la Argentina, sino al polo opositor que nació en su seno en el metro y que viene cosechando importantes reivindicaciones por vía de la acción directa.
El servicio de transporte ferroviario subterráneo en Buenos Aires está concesionado a la empresa Metrovías (del Grupo Roggio, del sector de la construcción) desde 1994. En las cinco líneas de subte y el Premetro trabajan 2.000 personas, que por convenio colectivo están enmarcadas en la UTA, liderada por Juan Manuel Palacios, que a su vez forma parte de la Confederación General del Trabajo (CGT), que encabeza Hugo Moyano.
El cuerpo de delegados es una instancia intermedia de representación que respondió a la cúpula sindical hasta 2000, cuando resultaron elegidas las listas opositoras (ver aparte). Desde entonces, el cuerpo tomó vuelo propio, empezó a discutir cada resolución en asambleas y a tomar medidas de fuerza para conseguir respuestas a sus reclamos.
Así, cuando ganaron los comicios, los trabajadores del subte llevaron adelante una lucha de seis meses, incluido un paro, para que no quitaran a los guardas de la línea B. Y ganaron. En 2003, lograron que se declarara la insalubridad del trabajo bajo tierra. Más tarde, la consiguiente reducción a 6 horas de la jornada laboral para los trabajadores que están en túneles. Luego, en abril de 2004, consiguieron que la jornada reducida se extendiera a los trabajadores que no habían sido alcanzados por la insalubridad.
En eso, se enfrentaron con la salida de la firma francesa Alstom, que había sido contratada para la provisión de formaciones, y que estaba por dejar a 40 empleados en la calle. Lo impidieron. En diciembre del año pasado, forzaron que los empleados de la empresa contratada para la limpieza del subte, Tain, se incorporaran a su convenio colectivo y por eso les correspondiera un incremento salarial de 461 pesos, además de pasar a trabajar dos horas menos.
En lo que fue el último y más sonoro reclamo, los empleados del subte exigieron en febrero de este año una recomposición salarial del 53%, y la restitución del 1% por antigüedad, eliminado desde la privatización.
Con paros en las horas pico, que se fueron incrementando día tras día, chocaron muy fuerte con la empresa, y tuvieron en contra a los medios de comunicación (ver aparte). Lograron finalmente un aumento del 19% en el salario básico y el reconocimiento de los $100 extra que había otorgado el Gobierno a fines de 2004. La UTA estuvo absolutamente ausente y sólo al final pretendió absurdamente mostrarse como artífice del éxito. En medio del conflicto, Moyano recomendaba: “A veces con la inflexibilidad, en vez de lograr mejoras, se retrocede”[i].
“Acá todos saben -la empresa, el Gobierno y el sindicato- dónde está el poder real, entonces no pueden hacerse los boludos; siempre que intentan les sale mal.” La contundente definición pertenece a Roberto Pianelli, boletero y delegado de la línea E, que ingresó en 1994 al subte y participó de la construcción de este espacio de poder que hoy es visto como un ejemplo en otros sindicatos de todo el país.
Por eso, durante la entrevista Segundo Enfoque en un bar porteño, varias veces tiene que sacar del bolsillo de su camisa de Metrovías, el teléfono celular que suena incesante: están organizando un viaje a Rosario porque han sido invitados por otras organizaciones para contar su experiencia.
“No tenemos ningún tipo de confianza en el sindicato, nos planteamos en un sentido crítico, tenemos posiciones enfrentadas”, clarifica. Y explica que en la actualidad es imposible disputarles la conducción formal del gremio. “En los últimos diez años han modificado los estatutos para que nadie pueda hacerles oposición”, sintetiza. En la UTA hay elecciones cada cuatro años para renovar la comisión directiva nacional.
Entonces la oposición se hace desde la fuerza del túnel.
¿Cómo plantean los reclamos si no cuentan con la venia formal del gremio?
Nosotros paramos, la empresa pide la ilegalidad de la huelga, y el sindicato más de una vez la ha pedido. El Ministerio de Trabajo de la Nación dice ‘si declaro el paro ilegal, sirve para que la empresa tire 500 despidos y el conflicto sea más grande’; de hecho, jamás pudieron declarar ilegal un conflicto nuestro.

Diálogo y lucha

Lo que atrae a muchos trabajadores de otros rubros es que las acciones que llevan a cabo los empleados del subte siempre se transforman en resultados. “La primera enseñanza es que con el método de la huelga, de la acción directa, de la ocupación, es decir, con los métodos de lucha de la clase trabajadora, se puede ganar y se gana. Lo que no se gana en el diálogo ni en la franela constante, se gana en la acción.”
Pianelli, sin embargo, no desdeña el diálogo. Reconoce que en todo momento primero hablan con la empresa y plantean los reclamos. Pero que la acción se convierte en la única alternativa válida cuando no se logran respuestas de otro modo. “Lo que pasa es que las patronales están acostumbradas a los últimos diez años de neoliberalismo donde hacían lo que se les cantaba; te ponían condiciones infrahumanas y hablaban con sindicatos a los que sólo les decían: ‘¿con cuánto arreglás?’”, grafica este delegado de 39 años, nacido en Buenos Aires.
“Nosotros hablamos, porque el que no habla no sabe lo que expresa”, reflexiona. Además, es necesario, dice Pianelli, que sus compañeros sepan que se ha estado intentando dialogar con la empresa, antes de llegar a una medida de fuerza.
¿Cómo es que los empleados del subte toman la decisión de desarrollar planes de lucha hasta las últimas consecuencias? ¿Es que coincidieron en una misma empresa 2.000 empleados con trayectoria de militancia política?
“Entre los trabajadores del subte, a los que han tenido militancia política los contás con los dedos de la mano. Muchos de los compañeros entraron en 1994 y era su primer trabajo”, describe Pianelli. Es más, en el cuerpo de delegados, de 21 integrantes, sólo 3 militan hoy en algún partido político. Pianelli sí estuvo en el Movimiento al Socialismo (MAS) hasta 1994 y hoy no integra ningún partido.
Se trata de una planta con una edad promedio de 35 años que no cuenta con formación sindical ni política, asegura. “Es una virtud y un defecto.” ¿Por qué? “El defecto es que no hay memoria histórica de lo que hay que hacer. Pero la virtud es que no tienen el karma de haber perdido en sus cabezas. Al contrario, ahora tienen el recuerdo de que han peleado y han conseguido.”
El actual desafío, analiza Pianelli, es conseguir que los empleados se comprometan cada vez más con su lucha, que tomen la iniciativa y realicen las tareas propias de la representación sindical, y que lo hagan de forma sostenida en el tiempo. “La gran pelea es por preservar el activismo obrero”, subraya.
“Se está acostumbrado a que ése trabajo lo hagan otros, pero si lo hacen otros, sucede lo que sucede; se necesita que la persona haga, se subjetivice y empiece a activar. Esta es la gran tarea.” Es la forma, quiere decir Pianelli, de que se reemplace la idea del empleo sindical, por la de la responsabilidad gremial.
El cuerpo de delegados intenta una construcción distinta, pero no es sencillo. Pretende que se involucren todos los trabajadores, pero no sólo con la participación en las asambleas, ni con la votación de los delgados, que ya es mucho. Pero no es sencillo.
“Un compañero va a su casa y cuenta que empieza a hacer determinada actividad, y le dicen ‘vos para qué te metés si no sos delegado; estás perdiendo el tiempo y encima vas a tener quilombo; ¿te pagan algo?’. Ése es el imaginario colectivo”, medita en voz alta Pianelli, padre de una hija. “Uno lo hace porque quiere entablar una lucha antiburocrática y antipatronal para dar una pelea colectiva, pero es muy traumático”, se sincera.

Expansión

¿Y cuál es el horizonte de esta nueva construcción? ¿Buscarán en algún momento ir por más y disputar la conducción de la UTA, o piensan más bien en escindirse y hacer otro sindicato?
Hay diferentes opiniones. Nadie está a favor de dividir nada. El problema es de qué manera se combate y se enfrenta a las conducciones sindicales que han vendido, han hipotecado las condiciones de trabajo. Algunos opinan que la mejor manera es siendo oposición dentro de UTA y otros, que la mejor manera es hacer un sindicato propio. Es un debate.
¿Cómo han tomado este reconocimiento que hay en otros sectores hacia sus métodos de lucha?
El último conflicto estuvo en todos los medios y todo el mundo lo sabe. Y el triunfo de nuestro conflicto no fue cualquier cosa. Hemos tenido llamados de cientos de lugares. Después del conflicto nuestro se liquidó una discusión que estaba planteada en la opinión pública en general, que era la canasta básica salarial de 700 pesos. Nuestro conflicto posicionó que la única canasta familiar existente es la de 1.700 pesos para arriba. Con 700, implica 200 gramos de queso para 4 personas durante todo un mes. De hecho esa discusión se abrió.
¿Creen que podría extenderse esta forma más directa de representación sindical a otros gremios?
Planteamos pelear contra la burocracia sindical y no sólo en el cuerpo de delegados sino hacia fuera, extender la pelea, si no mañana te aplastan a vos. Por eso buscamos coordinar con otras organizaciones antiburocráticas, antipatronales, para construir y dar una pelea en conjunto. Por eso tendemos a tener relación con la Unión Ferroviaria de Haedo, con los compañeros de Zanón, con los de Río Turbio.

[i] “Enfrentamiento de la UTA y los delegados por el paro de subtes”, Clarín, 10/02/05.

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