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CINE DESDE ABAJO EN ARGENTINA

Luz y cámara para la acción

Proponen un cine sin pochoclos ni butacas de suaves tapizados. Un cine para mostrar otra visión de los hechos, para estimular el debate. Como en los 60s lo hicieron otras agrupaciones, hoy en la Argentina, ojos inquietos registran la vida política en su escenario más natural: la calle.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

Cuando marchas y piquetes ganaron las calles argentinas en 2001, el espíritu de documentalistas y cineastas que cuarenta años atrás habían hecho del film una herramienta de construcción política, renació en decenas de hombres y mujeres para registrar la movilización social.
Con una mirada distinta del discurso masivo, los que se encontraron hace casi un año y medio en Plaza de Mayo identificados con una misma actitud, decidieron en asamblea, conformar un núcleo colectivo, que se llamó Asociación de Documentalistas de la Argentina (ADOC). Para apoyarse, y sincronizar una actividad de creación, de denuncia y de contrainformación en los tiempos que corren, sabían que mirando en la historia, tenían una huella para guiarse.
Con matices ideológicos, los argentinos Fernando Birri, Fernando “Pino” Solanas, Octavio Gettino y Raymundo Gleyzer iniciaron en la década del 60 el compromiso político en la producción y distribución de películas documentales, testimoniales y de ficción, por fuera del circuito comercial.
Alfredo Marino, titular de la cátedra de Historia Analítica de Medios Argentinos y Latinoamericanos, en la Universidad de Buenos Aires (UBA), sostiene que aquellos movimientos escapaban de las garras del cine en cuanto industria. Y destaca un factor clave: “La exhibición del film no es el objetivo final, sino una herramienta para el debate y la reflexión crítica, tanto es así que se sugiere la intervención de grupos musicales que amenicen las reuniones sin faltar la posibilidad del mate o el vino” (ver aparte).

ADOC camina

Entre las alrededor de cien personas que se congregaron en el acto de la Plaza para parir ADOC, se encontraron aficionados del cine, agrupaciones que venían trabajando con más antigüedad y curiosos. Entre todos ellos produjeron un documental con más de veinte cámaras, para institucionalizar la decisión de unirse: “Por un nuevo cine en un nuevo país”.
“Éramos grupos de documentalistas como Cine Insurgente, Boedo Films, Alavío y documentalistas independientes que venían a unirse por la misma causa y también porque en los últimos años lo que estaba pasando era que faltaba una agrupación”, dijo Sofía Vaccaro, una de las referentes de ADOC a Segundo Enfoque, en relación con los primeros pasos del grupo (ver aparte).
A partir de ese día, comenzaron actividades en reclamo de reivindicaciones propias de los cineastas –sobre la ley y el Instituto de Cine- y tendientes a conquistar medios y espacios para poder hacer y divulgar sus creaciones. Y su punto de vista.
En algunos casos fueron las asambleas barriales las que acogieron su propuesta. En otros el desafío fue diferente. Así, durante la realización del Festival de Cine de Mar del Plata 2002, tras no conseguir la aprobación por parte de los organizadores para proyectar sus trabajos, decidieron armar un Contra-Festival en las puertas de aquél con todo el material que habían recopilado en los meses de 2001.
“‘Pino’ Solanas estuvo en esa proyección, hicimos una mesa-debate donde vinculamos toda esta proyección “videoactivista” comparada con la de –por ahí- nuestros maestros documentalistas”, se emociona Vaccaro, de treinta años, al tiempo que destaca la importancia del paso por el Foro Social Mundial de Porto Alegre.
Para que el reconocimiento a estos luchadores de la cámara fuera mayor, en febrero último, encontraron su lugar en la última edición del Festival de Cine de Berlín, bajo el rótulo de “Cine Piquetero”. Obras hechas por agrupaciones integrantes de ADOC llamaron la atención de Peter Schumann, el encargado desde hace años de seleccionar las películas que se exhiben en el conocido evento.
Por ejemplo, además del institucional de ADOC, los trabajos que se mostraron fueron “Piqueteros Carajo!” y “Brukman es de los trabajadores (y al que no le gusta, se jode, se jode)”, del Grupo Ojo Obrero, “Cerámica Zanón”, del Grupo Contraimagen, y “Memoria, vacuna contra la muerte” y “Tercer tiempo”, del Grupo de Cine Insurgente.

Herramientas

La voluntad para trabajar por la difusión de “otra realidad” es imprescindible. Los recursos materiales mínimos, también. ¿Cómo equiparse con lo mínimo para grabar los hechos de la calle, producciones que resignan el rédito económico?
Fernando Krichmar es el director de las obras del Grupo de Cine Insurgente. Da clases en la Escuela Internacional de Cine, en San Antonio de los Baños (Cuba) y es claro: “Pocos, como pocos son los medios del pueblo en su lucha, nuestros recursos dependen y dependerán de la suerte y el desarrollo del combate popular por un nuevo país” (ver aparte).
En ese sentido, Sofía Vaccaro resalta la importancia de ADOC a la hora de facilitar la provisión de los recursos básicos: “Los recursos en la producción de documentales son independientes, cada grupo o cada documentalista independiente se las rebusca” –aclara en principio, y agrega: “Los grupos de documentalistas tienen su cámara o alquilan cámaras, y estando en ADOC todos sabemos lo que están haciendo en cada grupo, y yo puedo saber que alguien tiene una cámara y se la puedo pedir prestada. Se está dando una cierta solidaridad con los equipos técnicos”.
En este punto, Alfredo Marino explica que la carencia es una de las bases estéticas de los movimientos no-comerciales, que le dan su sello en la pantalla. “Tanto en los años ‘60 como en la actualidad la característica es la de la carencia y de eso se hizo oportunamente una estética”. Para que quede claro, dice Marino: “Alejarse de la perfección del cine de Hollywood al mismo tiempo de ser una obligación es una necesidad para poder expresarse libremente”.

De géneros y rebusques

A partir de esta “estética de la carencia” que indica el profesor de la UBA, nacen otras particularidades de las manifestaciones cinematográficas de denuncia y contrainformación. ¿Todo lo que hacen estas agrupaciones tienen que ser documentales? ¿Tiene espacio la ficción? “Hacemos ‘docfic’, categoría inventada por el viejo Birri y con la que nos sentimos identificados. En un país como el nuestro, los temas se te imponen ya que la realidad siempre está, en el buen y en el mal sentido, superando a la ficción”, es la respuesta de Krichmar, director de, por ejemplo, “Diablo, Familia y Propiedad”, una historia que denuncia la desaparición de trabajadores en un ingenio en la norteña provincia de Jujuy, en Argentina.
Marino, en tanto, encuentra algunas características particulares en la elaboración del cine hecho desde abajo: “La inmediatez de la imagen videograbada permite una mayor instantaneidad en su elaboración, distribución y exhibición, menores recursos humanos permiten un producto más fresco y dan una sensación de poder intervenir sobre la misma realidad que nos rodea”.
Sofía Vaccaro, que ha realizado la obra “Subtango”, cuenta que la distinción clara de estos trabajos cinematográficos está dada –directamente- en la posición crítica de los temas que se tratan. Por un lado, puede haber una manifestación política explícita de un realizador defendiendo los principios de un partido político determinado (como por ejemplo el Grupo Ojo Obrero, que hace sus producciones para apoyar al Partido Obrero). En cambio, otros documentalistas que trabajan de manera independiente, asumen su postura y desde esa visión hacen un juicio de valor en sus filmaciones.
Vaccaro considera que todo el cine es político. Ya sea por defender una causa de manera abierta, o por no hacerse cargo de lo que se dice o se está dejando de decir. Krichmar coincide y es contundente en su definición: “Obviamente que sí, empezando por el cine de Hollywood”.
“Cada producción tiene un destinatario, a veces es el que ya está en la lucha y otras el que puede emprenderla. Siempre una producción audiovisual genera un efecto en el espectador. Nosotros tratamos de ser honestos y permitir que el receptor también se convierta en emisor, rechazamos el mensaje unidireccional e idiotizante de los medios del poder.” La frase es del profesor Krichmar, quien –al igual que Vaccaro- insiste en que cada agrupación, sin embargo, tiene sus fines últimos específicos.
Con recursos escasos y mucha valentía e imaginación, los dueños de la lente en las calles se filtran entre policías, vallas y humo, y graban, graban, y graban. Lo que miró ese ojo, quedó. Está registrado. Luego de la edición, la exhibición atrapa al espectador. Ideas. Discusión. La película comienza, cuando termina la proyección. 
Arriba

Notas relacionadas

Los filmes y las agrupaciones: Para ver y discutir
Entrevista con Alfredo Marino: "Una estética de la carencia"
Entrevista con Sofía Vaccaro: "Del otro lado"

Entrevista con Fernando Krichmar: Los reinventores del "docfic"

En números previos

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