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DIÁLOGO CON NATALIA VINELLI SOBRE MEDIOS NO TRADICIONALES
Qué hacer con la comunicación
alternativa
Con una de las compiladoras del texto “Contrainformación”,
repasamos todos los interrogantes sobre las prácticas que
confrontan con los grandes conglomerados de medios de
comunicación. ¿Partes de la lucha anticapitalista o
herramienta para ampliar las posibilidades de información en
el sistema actual? ¿Cómo se financia un medio alternativo?
¿Dónde está el periodista militante hoy? “Lo alternativo es un
chicle que abarca cualquier práctica y así no abarca ni
propone nada”, desafía Vinelli, convencida de que las
definiciones deben ser políticas y no sólo discursivas.
Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
El Grupo de Cine Alavío, la agencia de noticias
ANRED, Indymedia, el colectivo Cono Sur, el Grupo
de Cine Insurgente, El Fisgón, el colectivo La Tribu y
quizás hasta esta misma página de Internet, son proyectos de
comunicación que navegan en un concepto difuso
y amplio llamado alternatividad, donde la oposición a los
medios de comunicación hegemónicos es el principal punto en
común, y donde casi todo lo demás está en discusión.
Natalia Vinelli compiló junto a Carlos Rodríguez Esperón (ver
aparte) 17 artículos donde se analizan expresiones
de este tipo. Así, le dio forma al libro llamado
“Contrainformación. Medios alternativos para la acción
política”, de Ediciones Continente. Publicado en marzo de este
año, el texto cruzó experiencias de la prensa partidaria de
izquierda en la Argentina, con iniciativas periodísticas
autónomas que buscan hacer un hueco a la muralla de la
concentración mediática y no pertenecen a organización
política alguna.
La autora de “ANCLA. Una experiencia de comunicación
clandestina” (Editorial La Rosa Blindada) conversó con
Segundo Enfoque y antes que nada, como lo hace en el
primer artículo (“Desarmando espejismos”) que escribe junto a
Rodríguez Esperón, deja en claro su mirada clasista de la
comunicación: entiende los proyectos de información
alternativos como periodismo de clase que forman parte de la
lucha anticapitalista.
De todos modos, reconoce que hay muchísimos matices en el tema
(tantos como en el propio espectro de la izquierda, señala) y
afirma que lejos de buscar cerrar una definición de la
comunicación alternativa, el objetivo del libro es dar a
conocer los muy diferentes proyectos que se llevan adelante en
este campo, que –dice Vinelli- explotaron en 2001.
“No es que crea que nacieron de un repollo, que el 19 y 20 de
diciembre de 2001 de repente aparecieron un montón de medios;
siempre me acuerdo de que todo 2001 fue un año con mucha
movida política y mucha movida cultural, o político-cultural,
fue un año de estar en la calle, de charlas-debate, de
actividades”, explica.
Entre 2001 y fines de 2003, los compiladores reunieron
opiniones y pensamientos de hombres y mujeres de todo el país
que desarrollan experiencias comunicativas contrahegemónicas.
Tras una difícil selección incluyeron, entre otros, los casos
del Grupo de Cine Insurgente de la mano de un análisis de
Fernando Krichmar sobre la obra “Diablo, familia y propiedad”;
de FM Alas, que está “en el aire con los pies en el
valle” en El Bolsón (provincia de Río Negro); de la revista autogestionada de Santa Rosa (provincia
de La Pampa) llamada El Fisgón y de documentales
piqueteros de los equipos de cineastas del Polo Obrero y del
grupo Primero de Mayo.
¿Llegaron a dilucidar algunos lineamientos de qué es lo
alternativo y lo contrainformativo en la comunicación?
No hay una definición de comunicación alternativa. Tiene
que ver mucho con las posiciones políticas e ideológicas de
los distintos actores dentro de este campo. Si nosotros
hacíamos un libro con nuestras opiniones, seguramente íbamos a
hacer un folleto de 15 páginas. No es posible juntar
demasiadas experiencias que coincidan, por lo menos por ahora.
Con Carlos Rodríguez Esperón hacemos una propuesta de qué es
lo alternativo para nosotros en el artículo que escribimos en
el libro.
Pero, ¿cuáles son los límites? Por ejemplo, puede considerarse
alternativo desde un medio contrahegemónico de nuestro país
hasta un medio cubano que tenga otra postura distinta de la de
Granma.
Para mí hay un montón de límites, pero para mí. Lo que
pasa es que hay una especie de inflación del término
alternativo, donde todo lo que tiene algún tipo de chispita
con lo hegemónico, va caer a esa bolsa. Si para vos lo
alternativo es un discurso distinto, alternativo puede ser
desde la revista TXT, hasta cualquier experiencia que
encontrés en el libro. Cualquier discurso, ya sea desde el
punto de vista del contenido, o de la estética, que propone
algo que tenga un matiz diferente a lo que estamos
acostumbrados a ver todos los días, parecería alternativo.
Pero esto tiene que ver con que el concepto de lo alternativo
es un chicle, que abarca cualquier práctica y que al abarcar
cualquier práctica, no abarca nada, y no propone nada.
¿Qué plantean ustedes?
Nosotros planteamos que lo alternativo tiene que tener una
delimitación conceptual y dentro de esto plantear que un medio
para ser alternativo tiene que tener una forma de organización
alternativa, un discurso contrainformativo, pero como eje
principal, debe ser parte de la lucha de clases. Y en este
marco, estamos diciendo que tiene que ser orgánico al campo
popular. Dentro de esto hay un montón de matices, porque uno
podría decir ¿solamente la prensa partidaria de izquierda es
alternativa? Y no, ésa es una posibilidad más. Estamos
trabajando sobre experiencias que involucran a la prensa de
los movimientos sociales, donde el periodista no es un
periodista, sino que el periodista es un militante más, que
tiene una función específica, que es la prensa.
En las experiencias que se cuentan en el libro, los medios
alternativos se definen primero por oposición al gran medio de
comunicación y en eso coinciden. Las diferencias surgen cuando
se empieza a hablar de la finalidad del medio.
En general, durante los últimos años venimos acostumbrados
a las definiciones por la negativa. Si el medio hegemónico, el
medio de la burguesía es esto, yo soy esto otro por oposición,
como un espejo invertido. Y es verdad, como en cualquier otra
práctica política, es en la finalidad en donde van a aparecer
los matices. Vas a encontrarte un montón de medios, sobre todo
los que nacieron al calor del 19 y 20 de diciembre de 2001,
donde la finalidad no es comunicacional exclusivamente. Es una
finalidad u objetivo extracomunicacional. Después, hay otra
gran cantidad de medios, donde la finalidad sí está centrada
en lo comunicacional y no en la dimensión política, y por lo
tanto su objetivo es ampliar la cantidad de voces, multiplicar
las voces, romper las disparidad entre emisor y receptor. En
este caso, la cuestión queda más reducida a lo discursivo. Sin
negar la importancia de esto, me parece que también el
contexto entra a jugar muy fuerte.
¿En qué sentido?
Por ejemplo, la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA)
que hacía Rodolfo Walsh en el primer año de dictadura,
mientras militaba en Montoneros, si vos me decís: ‘¿Era muy
plural? ¿Había una gran cantidad de voces?’. En realidad, no.
Pero ahí hay un contexto que te está marcando, un contexto
político represivo y que tiene que ver con objetivos políticos
que te estaban marcando y que estaban por encima de un montón
de otros. Ahora, ¿qué vas a decir, que este medio no es
alternativo porque el rol del emisor y el receptor no es
intercambiable? Me parece que es una lectura un poco cerrada.
Medios y capitalismo
Hay un punto que no me queda claro de las experiencias
contadas en el libro: ¿cuál es el discurso único o el sistema
que se combate desde los medios alternativos? En algunos casos
se habla de que forman parte de la lucha contra el capitalismo
y en otros, simplemente, de que el objetivo es romper la
agenda hegemónica de información, sin cuestionar al sistema
capitalista.
Nuestra posición con Carlos Rodríguez Esperón, que se
comparte con algunos de los artículos del libro, es que el
medio tiene que ser necesariamente dependiente de un proyecto
de cambio, y esto lo que significa es que en la lucha de
clases vos estás posicionado en un lugar. Estás en un lado, o
estás en el otro. Con esto estamos diciendo que los medios
masivos no sólo no son objetivos, sino que expresan los
intereses de la clase dominante, no porque son una vía de
transmisión de la clase dominante, sino porque son parte de
ella. Clarín y La Nación son parte de la
Asociación Empresaria Argentina (AEA), son grupos empresarios,
son empresas periodísticas, que nos tenemos que acostumbrar a
decirles empresas periodísticas. Esta es una posición y por lo
tanto estamos hablando de un periodismo de clase, tanto de la
burguesía como del sector popular. No digo proletariado porque
me parece que es una cosa que hay que problematizar un poco
hoy.
Pero también hay otras experiencias diferentes, que se
posicionan en desde otro ángulo.
Cuando hicimos este material, intentamos meter algunas
experiencias, no todas, que estuvieran enmarcadas dentro del
campo popular. Ahí hay un montón de experiencias que están
cruzadas por las posiciones que en última instancia cruzan a
la izquierda. Hay posiciones que son más de izquierda o
revolucionarias y otras que son más reformistas. Hay medios
que se centran en la dimensión política, con los que coincido
más, y hay otros medios donde se centran en la cuestión
discursiva. Para nosotros es importante no cercenar lo
alternativo solamente al discurso, porque si no, alternativo
es cualquier cosa.
Entonces, desde tu opinión, ¿se vuelve inútil un medio
alternativo que no se defina como parte de la lucha de clases
y que no se reconozca como anticapitalista?
No me parece que aparezca en el libro que sea inútil esta
clase de medios, me parece que hay matices. Nosotros tenemos
la posición más cercana a ese planteo, y la comparten, por
ejemplo, el Grupo de Cine Alavío y el Grupo de Cine
Insurgente, y sin embargo no son parte de una organización
política y social. Lo que pasa es que cuando cuentan las cosas
que cuentan, van a la asamblea, discuten con la asamblea qué
es lo que van a contar, discuten en el camión con los
piqueteros y cortan la ruta con los piqueteros. Hay matices,
no es cerrado. Walsh quería llegar a ser un combatiente, y en
el último momento de su vida llega a ser un combatiente y él
está muy orgulloso de haber dejado de ser el intelectual
comprometido para ser el combatiente. Con esto lo que quiero
decir es que el medio alternativo quizás hoy no es orgánico al
campo popular, pero debe tener como proyección hacia el futuro
ser parte orgánica del campo popular en algún momento. Esto es
un proceso. Arriba
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