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CÓMO FUNCIONA EL CUERPO DE
DELEGADOS OPOSITOR
La desburocratización
Desde la privatización de los subterráneos, el órgano fue un
apéndice de la cúpula sindical hasta 2000, cuando se instituyó
como el organismo propio de los trabajadores.
Por Jairo
Straccia
Dentro de la
estructura gremial que enmarca el servicio de subtes en Buenos
Aires -la Unión Tranviarios Automotor (UTA)- existe el cuerpo
de delegados, una instancia de representación que nació en
1994, cuando se firmó el primer convenio colectivo de trabajo
luego de que la prestación fuese privatizada.
Los trabajadores votan por lista 3 delegados en cada línea y
en los talleres mecánicos, 2 o 1. En total, el cuerpo tiene 21
delegados. Durante los primeros seis años de la concesión, el
cuerpo estuvo controlado por delegados que respondían a la
conducción de la UTA, por lo que funcionó como un escalón
burocrático que sólo se encargaba de trasladar esporádicamente
los pedidos de los trabajadores a la cúpula sindical, que veía
cómo y cuándo podía plantearlos a la empresa y buscarle una
solución.
Recién en 2000, el cuerpo pasa a ser mayoritariamente
opositor. “Allí se institucionaliza como el organismo de los
trabajadores del subte”, remarca Roberto Pianelli, boletero
elegido delegado por la línea E. La diferencia fue notoria.
Las reuniones con los trabajadores comenzaron a hacerse
semanalmente. “Empezamos a discutir con los compañeros todas
las resoluciones que se tomaban. Normalmente un sindicato no
consulta nada a nadie, porque si consultara, la gente se lo
morfaría”, cuenta, entre risas.
Pero, ¿cómo llegaron a vencer a los popes sindicales que
mandaban verticalmente en toda la representación gremial del
subterráneo? “En principio, hacíamos actividades clandestinas;
sacábamos volantes para que no despidieran a los compañeros,
para denunciar las cosas que pasaban, y todo el mundo se
sentía identificado”, recuerda.
Mientras tanto, crecía la organización, dice Pianelli.
“Nuestra historia fue explicar pacientemente a los
trabajadores qué era lo que queríamos, qué era lo que
buscábamos y por qué la patronal era intransigente con
relación a eso”, explica. “Fue todo un preámbulo hasta esperar
el momento indicado; siempre hay un momento donde la gente
hace crack y dice ‘algo hay que hacer’.”
La relación con el sindicato es de confrontación. El contacto
es muy poco. A veces deben interactuar con la cúpula sindical
si necesitan su firma para cristalizar alguna reivindicación
obtenida en los túneles.
Las asambleas se hacen en las cabeceras salientes. Ahí se
juntan los conductores, los guardas, los especializados, los
trabajadores de técnica y algunos boleteros que puedan ir a
determinado horario. Mayormente duran todo el día por la
dinámica propia del trabajo en el subte: un conductor sube y
baja, un guarda va y viene. “Así se va armando el consenso”,
afirma.
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