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ESCALADA
BÉLICA INTERNACIONAL
Destruye
y reinarás
En el siglo XXI, la máxima potencia delinea su
estrategia de seguridad basándose en el concepto de guerras
preventivas. Los documentos oficiales revelan que sus
principales preocupaciones son los recursos naturales, la
concreción de acuerdos comerciales como el ALCA, y la
eliminación del terrorismo. Cómo se reacomodarán las piezas
en el mapa mundial en los tiempos en los que el “atacar por
las dudas” ya se aplicó en Irak.
Por
Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar
“Nuestra mejor defensa
es una buena ofensiva”, señala la Estrategia de Seguridad
Nacional de Estados Unidos, presentada en el Congreso el 20 de
septiembre de 2002. Ese día, el presidente George W. Bush
expuso ante los legisladores los objetivos centrales de su política
de seguridad. Y si de algo no lo pueden acusar al texano, es
de no cumplir sus promesas.
El documento comienza reconociendo la hegemonía del país del
norte: “Estados Unidos tiene una posición de poderío
militar sin paralelo y de gran influencia económica y política”.
Más adelante, explica que el único camino a la paz es la
acción, y, en ese marco, afirma: “Estados Unidos actuará
con las amenazas en surgimiento antes de que éstas terminen
de formarse”. Y para no dejar espacio a las vacilaciones
acerca de su postura aclara que el gobierno trabajará para
obtener apoyo internacional en sus iniciativas, pero que no
dudará en actuar unilateralmente para ejercer el “legítimo
derecho a la defensa”.
El líder estadounidense que a partir de una tragedia nacional
logró el apoyo de una porción importante de la ciudadanía,
inició el 19 de marzo el bombardeo aéreo sobre Bagdad,
respetando hasta los puntos y las comas del informe.
Acusado de poseer armas químicas y biológicas y de acoger a
terroristas, el régimen de Saddam Hussein estuvo en la mira
de Estados Unidos durante los últimos años. En la publicación
oficial del Departamento de Estado denominada “Agenda de la
Política Exterior”, uno de los ensayos que se destaca en la
edición de diciembre de 2002 corresponde a la asesora en
Asuntos de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice. La dama de
hierro de la administración central asegura: “El presidente
Bush está comprometido a confrontar al régimen iraquí, que
ha ignorado las justas demandas del mundo durante más de 10 años.
(...) El peligro del arsenal de Saddam Hussein es mucho más
evidente que cualquier otra cosa que hayamos previsto antes
del 11 de septiembre. La historia juzgará con severidad a
cualquier líder o país que no reaccione ante este siniestro
nubarrón, por indecisión o por un falso sentimiento de
seguridad”.
En la misma publicación, un artículo advierte los desafíos
en materia económica. Su autor, el Subsecretario de Estado
para Asuntos Económicos, Comerciales y Agrícolas, Alan
Larson, sostiene: “Necesitamos asegurar la confiabilidad del
suministro de energía a precios razonables para fomentar el
crecimiento económico y la prosperidad y asegurarnos de que
el petróleo no pueda utilizarse como arma. (...) Dos tercios
de las reservas mundiales de petróleo comprobadas se
encuentran en Medio Oriente. Y algunos estados problemáticos
controlan cantidades importantes del petróleo”.
A seis meses del lanzamiento de la nueva doctrina de seguridad
nacional, cuyo eje radica en el concepto de guerra preventiva,
la teoría se aplicó en la realidad. Desafiando la autoridad
del Consejo de Seguridad, órgano de las Naciones Unidas
conformado por 5 miembros permanentes con derecho de veto
(Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia) y 10
temporarios, la hiper-potencia lideró una embestida militar
contra el régimen iraquí. Los únicos países que cerraron
filas con la potencia estadounidense, fueron Gran Bretaña y
España. Para el analista de política internacional Isaac
Bigio (ver aparte), una de las razones que llevaron al premier
británico Tony Blair y al presidente español José María
Aznar a seguir a Bush, además de las ambiciones petroleras,
consiste en la pretensión de recuperar la influencia que
antes tuvieron sus imperios ultra-marinos.
Por su parte, el filósofo español Fernando Savater, en una
entrevista publicada en la revista Debate, expone su
propia teoría: “Me
parece que Aznar ha entrado en esa especie de ramalazo mesiánico
que de vez en cuando les entra a los dirigentes. Un poco como
si creyeran que gracias a ellos España va a estar en primera
fila (...) Y no es cuestión de derechas o de izquierdas. Mire
lo de Chirac, más de derecha no se puede ser, y sin embargo
tiene una actitud mucho más prudente”.
Los gobiernos de Francia, China y Rusia intentaron
establecer un foco de resistencia contra la contienda bélica.
La actitud pacifista respondería no solamente a que la mayoría
de la opinión pública mundial se ha manifestado en contra de
la guerra, sino también a que empresas de los tres países
tienen contratos petroleros en Irak. Por lo tanto, el
conflicto podría perjudicar sus intereses económicos.
Zona de choque
“Hi boy”, dice un soldado estadounidense, al sacar su
torso fuera del tanque que acabada de ingresar victorioso
dentro de un campo de concentración manejado por nazis, en la
Italia de Mussollini. El niño judío, de unos siete años, lo
mira asombrado. No tarda en abrazar al militar, figura que
encarna la libertad. Esta escena, que marca el fin de la película
italiana “La vida es bella”, es la imagen con que Bush sueña
para Bagdad. Y, además, es uno de los argumentos esbozados
por la coalición para invadir la tierras de la medialuna fértil.
“Liberar al pueblo iraquí”, “eliminar al tirano”,
“fomentar las sociedades libres y abiertas”, repiten una y
otra vez miembros del gobierno por la cadena televisiva CNN,
mientras aparecen fotografías de soldados norteamericanos
siendo bien recibidos por los nativos.
La situación interna de Irak es compleja. Entre los que
apoyan la invasión están los kurdos, una etnia con una
población mundial de alrededor de 25 millones de personas
distribuidas principalmente entre Turquía, Irán, Irak y
Siria. Su odio hacia Hussein se ha ido incrementando desde
que, en 1988, el jefe de Estado mató a 100.000 kurdos como
represalia por encolumnarse con Irán en la guerra contra
Irak. La región de Kurdistán, al norte del territorio iraquí,
goza de cierta autonomía de la capital iraquí desde 1991.
Por otro lado, los chiítas, aglutinados al este del río
Tigris, miran con recelo a Hussein pero no están dispuestos a
tolerar a los invasores de Occidente, causante, según
designios de su dios, de muchos de sus males.
De acuerdo con Bigio, Hussein, quien arribó al poder en 1979
de la mano del partido Baas, nunca ha sido un mandatario
popular. No obstante, advierte: “El embargo y la actual
guerra lo convierten en héroe nacional. Miles de refugiados
iraquíes piden regresar al país del cual fueron obligados a
salir por Saddam para defenderlo pues perciben que el mayor
mal es la invasión anglo-americana”.
Árabes de distintos puntos del globo aseguran que la
“guerra santa” está convocada y que están dispuestos a
defender hasta la muerte al islam. El presidente de Egipto,
Hosni Mubarak, en declaraciones a la prensa sobre las posibles
consecuencias del conflicto afirmó: “Llevará a un aumento
del terror. Puede generar 100 Bin Laden en vez de uno”. En
la misma sintonía, el secretario general de la Liga Árabe,
Amro Musa, aclaró que tras la derrota de Irak, se levantará
“la voz de la venganza”. Mientras, Siria, Irán, Libia y
Corea del Norte están alerta: saben que están incluidos en
las lista del “eje del mal”.
Los próximos pasos
“La toma de Irak serviría para ir minando a todos
aquellos regímenes contestatarios desde Venezuela hasta el
mundo islámico. También se busca cortar las alas a la Unión
Europea, China y Rusia. Se acentuaría la línea de represión
en el País Vasco y en Colombia”, avizora el analista Isaac
Bigio. Además, el académico ex profesor de la London School
of Economics, sostiene que la Guerra del Golfo, en 1991, marcó
el inicio de la unipolaridad. Dice: “Desde entonces, Estados
Unidos se ha venido transformando en el policía global
liderando las intervenciones en Irak, Somalia, Yugoslavia y
Afganistán. La nueva guerra contra Irak apunta a que la
unipolaridad sea total y que el mandato de Naciones Unidas sea
menospreciado. Por su parte, Francia, Alemania, Rusia y China
quieren evitar ese escenario y por ello claman por el respeto
a los foros multinacionales”.
En este punto, coincide con el premio Nóbel de la paz, el
argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien afirma que el país
del norte aplica un “totalitarismo globalizado” basado en
las guerras preventivas (ver aparte).
Denominado como el “patio trasero”, América Latina ocupa
un lugar estratégico en los planes de Estados Unidos. Ya en
1912, el entonces presidente norteamericano aseguraba: “No
está lejano el día en que las tres banderas de barras y
estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión
de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal
de Panamá, y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio
será nuestro, de hecho, como, en virtud de nuestra
superioridad racial, ya es nuestro moralmente”.
Desde esta perspectiva, Pérez Esquivel relaciona la invasión
a Irak con la situación de Latinoamérica. “Estados Unidos
busca adueñarse y dominar la región del Medio Oriente,
apoderándose de los pozos petroleros de Irak. Y también
estuvo involucrado en el golpe de estado a Hugo Chávez en
Venezuela. Para América Latina es una gran amenaza por la
instalación de bases militares norteamericanas en todo el
continente”, afirma. Arriba
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