Segundo Enfoque - Periodismo por vocación

Volver a la página principal

» Política
» Economía
» Mundo
» Info. General
» Cultura
» Deportes
» Metamensaje

LA DEUDA CON EL CREADOR DE LA AGRUPACIÓN "CINE DE LA BASE"

¿Qué estaría haciendo Raymundo Gleyzer hoy?

El director de Los traidores comenzó a ser reconocido en los últimos cinco años en la cinematografía argentina: un libro y una película recuerdan su figura y su obra. Sin embargo, justamente el autor de la única biografía publicada hasta aquí sobre el cineasta, Fernando Martín Peña, hace un llamado de atención en una entrevista con Segundo Enfoque: a 28 años de su desaparición, nadie ha profundizado sus investigaciones. “Primero el tema, después la obra y luego él; no hemos llegado todavía a sus temas, que hoy están pidiendo una actualización”, sentencia. El desafío de pensar a Gleyzer en el siglo XXI arroja una obligación: pensarlo desde la acción.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

El 27 de mayo de 1977, a Raymundo Gleyzer se lo llevaron a la desaparición. Después de mucho tiempo de silencio, su figura comenzó a ser valorada por el mundo cinematográfico de la Argentina: en el último lustro, un libro y una película sobre su vida y su obra le rindieron un homenaje. La continuación del rol político de su cine, sin embargo, es una materia inconclusa.
Gleyzer se ocupó de contar desde el nordeste brasileño las condiciones de vida de una familia en la extrema pobreza; narró cómo se sentía el peronismo en un pequeño pueblo del norte argentino; describió de qué forma sobrevivían indígenas vendiendo sus artesanías a los pasajeros de un irregular tren en Córdoba; mostró la evolución en más de medio siglo de la revolución mexicana; denunció la corrupción de la burocracia sindical argentina; grabó documentos urgentes para romper la censura en casos de encarcelamiento o muerte de sus compañeros de militancia; y filmó comunicados para el funcionamiento del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en el que participó (ver aparte).
La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) en su informe “Nunca Más”, lo incluye como un periodista desaparecido por su trabajo en el noticiero Telenoche, de Canal 13, donde hizo valiosas coberturas. Recién en 2000, Ediciones De la Flor, publicó una biografía, “El Cine Quema”, de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina. Y en 2003, se estrenó el film Raymundo, de Ernesto Ardito y Virna Molina, documental que recorre su trayectoria y hasta se anima a enlazarla con algunas escenas de las marchas posteriores a diciembre de 2001 en Buenos Aires.
De todos modos, Peña (36 años) asegura que la huella del director de Los traidores y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), no ha sido prolongada. “No estamos hablando de alguien que está en un museo, estamos hablando de un tipo que hablaba de su propia contemporaneidad; esa zona es la que falta, en la que me parece que hay una deuda con él, de los cineastas nuevos o de quien carajo sea”, subraya hasta bordear la indignación, en diálogo con Segundo Enfoque.
Gleyzer filmaba para mostrar una realidad política, ése era su estilo (ver aparte), y los temas puntuales de los que se ocupó, dice Peña, hoy no han sido completados: “Hacen falta otros cronistas de nuestra contemporaneidad”, enfatiza.
“A cualquiera le gusta que lo reconozcan y -aunque no sé si él estará contento con los homenajes- sí no me cabe ninguna duda de que lo más pertinente en relación con su obra se ha perdido de vista. Creo que él querría que se recuerde su obra en relación con lo que esa obra toca: primero el tema, después la obra y luego él. Acá se ha dado al revés y no hemos llegado todavía a los temas, que hoy están pidiendo esa actualización.”
La forma en que Peña tejió su relación con la obra de Gleyzer casi lo obligó a escribir el texto. Dice haber desconocido absolutamente a Raymundo hasta que conoció Los traidores, a mediados de los 80 e hizo un click. “Preguntando por la película, me encontraba en 1987 con el silencio alrededor de su figura, un silencio cerrado: gente que lo había conocido, decía ‘yo no lo conocí’; gente que me decía ‘en esa película no tuve nada que ver’ y luego descubrí que era mentira, que había trabajado en la película. Nombraba la película y se creaba una situación de tensión”, recuerda.
Los secuestradores saquearon el departamento de Gleyzer, pero dejaron allí –muestra cabal de la torpeza autoritaria- sus películas. Ésas y otras cintas que sobrevivieron dispersas en baúles de amigos, colegas y compañeros, fueron editadas por Blackman y se consiguen en cualquier videoclub de la Ciudad de Buenos Aires. Peña evalúa que en la actualidad el director de México, la revolución congelada no puede resultar un desconocido para los más de 10.000 estudiantes de cine que hay en la Argentina. “Ahora se puede pensar en Gleyzer, a la par de (Pino) Solanas”, reflexiona. ¿Por qué esta deuda entonces?

Contextos

La contemporaneidad gleyzereana pasó: “Hay que pensarlo hoy”, postula Peña. “Existe gente que trabaja en organizaciones políticas y al mismo tiempo hace cine. Tuve acceso a material que se hizo inmediatamente después de diciembre de 2001 y había ahí gente que quería acercarse a las organizaciones. Lo que no vi, o me perdí, a pesar de que hoy quizás el acceso a la tecnología de los medios de producción sea más fácil, fue obras que tengan el mismo grado de elaboración que tiene una película como Los Traidores, o los cortos.”
Nacido el 25 de septiembre de 1941 en la Capital Federal, en el seno de una familia de raigambre comunista, desde chico su vida estuvo signada por convicciones políticas. “Fue absolutamente coherente en su recorrido todo el tiempo y en un momento decide que lo suyo está en trasladar a la organización su práctica profesional. Él prefiere, en lugar de tomar las armas en la práctica, agarrar la cámara y hacer películas, y armar grupos de intelectuales que intervengan desde esa especificidad.”
De hecho, una vez que filmó Los Traidores, desarrolló el Grupo Cine de la Base, con el objetivo de facilitar la llegada de sus películas a zonas marginales o fábricas, donde luego de la proyección de los filmes se promovía un debate.
En las condiciones actuales en las que crece la juventud, es mucho más difícil pensar en posibles continuadores.
“No dudo de que una de las razones por las que pasa esto es por la desinformación política, en el sentido informativo y formativo. Pero además hay un punto en que muchos somos hijos de la dictadura, y otros somos hijos de la posdictadura. Pero ya está, ya pasó el tiempo suficiente como para que esa excusa no nos sirva más.”

Temas y caminos

De los documentales que denunciaban una manifestación concreta de un hecho injusto, a los videos que hoy muestran manifestaciones populares de desocupados surcando las avenidas y rutas del país. Ahí está la principal diferencia entre lo que proponía Gleyzer y los esbozos de cine político de la actualidad, cuenta Peña, uno de los principales estudiosos del cine argentino en estos días. ¿Cuáles serían algunos caminos para seguir a Raymundo Gleyzer?
 

  • “La fábrica donde filmaron la toma de Los Traidores, seguramente habrá cerrado, y no existirá más y estará desmontada y a punto de ser demolida. En ese momento protestaban por un mejor salario y ahora las protestas son para tener trabajo otra vez.”
     
  • Quilino es un pueblito de Córdoba, donde indígenas venden artesanías a la gente que pasa con el tren. El drama que muestra la película es que el tren no para siempre. Eso es Quilino, 1966. Quilino 2005 es ‘no hay más tren’ y tampoco hay más indígenas y se acabaron las artesanías hermosas que hacían. Todo lo que se ve en la película ya no está más.”
     
  • “La fábrica donde se muere la gente por el plomo en la sangre (en el corto Me matan si no trabajo y si trabajo me matan) no funciona. Está todavía la chimenea de Insud, no funciona como fábrica, es otra víctima de la desindustrialización, sigue estando el cementerio al lado, y hay como una especie de centro recreativo de un club. En ese lugar se moría la gente por el saturnismo. Ya no laburan ahí, una parte la han loteado y los chicos juegan en hamacas. Me imagino que el efecto del saturnismo se habrá ido, pero es para mostrarlo. ¿Y todo lo que paso en el medio?”

Arriba

Notas relacionadas

La filmografía RG

El estilo Gleyzer

Palabras de cineasta político

En números previos

Entrevista con Natalia Vinelli: qué hacer con la comunicación alternativa (12-04)
Tire dié: el cine como único documento de identidad (10-03)
Ocupar, resistir, producir... y filmar (09-03)
Las luchas sociales en el cine argentino (08-03)

Cine desde abajo en Argentina: luz y cámara para la acción (05-03)

Política - Economía - Mundo - Info. General - Cultura
Deportes - Metamensaje - Nosotros

Copyright 2002 ©
Buenos Aires, Argentina
Todos los derechos reservados