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TOMAS
DEL TRABAJO RECUPERADO
Ocupar,
resistir, producir... y filmar
La respuesta de los trabajadores ante la
quiebra de las empresas o el abandono de sus dueños fue la
autogestión. La de los documentalistas, reflejar las
historias. Imágenes de asambleas, protestas, festejos y balas
de plomo, se combinan con el sonido de máquinas funcionando,
después de largo tiempo.
Por Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar
La convulsión social de 2001 atrajo a las lentes. Cortes de
ruta, asambleas barriales, manifestaciones, se convirtieron en
el escenario elegido por cientos de documentalistas. Algunos
de ellos, herederos del cine de las décadas del 60 y 70, lo
asumen como un compromiso político y sostienen la idea de una
realización colectiva horizontal.
El fenómeno de las empresas recuperadas tampoco escapó a las
cámaras ávidas de mostrar la realidad. En un contexto de
recesión y desempleo sin precedentes, los obreros de cientos
de fábricas en convocatoria de acreedores, en quiebra o
abandonadas por sus propietarios, optaron por permanecer en
las propiedades y seguir produciendo para resguardar sus
fuentes de trabajo.
“Intentamos dar cuenta de cuál es la situación actual de
la lucha, tanto desde el punto de vista organizativo, jurídico,
y del cambio de relaciones que está sugerido”, relata Nora
Gilges, una de las directoras de “Laburantes: crónicas del
trabajo recuperado” (ver aparte).
En ese sentido, comenta que con el rescate de la empresa, la
conformación de la cooperativa y una ley de expropiación no
termina la pelea, por el contrario, ahí se inicia un desafío
múltiple. Sostiene: “Yo señalaría tres sentidos. En
primer lugar, la recuperación de empresas que son obsoletas o
inadecuadas, con serios problemas de gestión o de mercado.
Por alguna razón han dejado de ser rentables para antiguos
propietarios. Por otro lado, reponer esta empresa en pie en un
contexto económico sumamente adverso. Y, por último,
aprender rápidamente la gestión y nuevas formas de gestión.
Porque repetir las gestiones anteriores implicaría reiterar
las experiencias de quiebra. Entonces, es una reconversión de
orden tecnológico, económico y social”.
Sin embargo, Gilges considera que existe un aspecto positivo
relacionado con el desarrollo del fenómeno: “La característica
diferencial hoy es la masividad, y el hecho de que los
trabajadores en autogestión van conformando un movimiento que
incluso empieza a coordinarse con otros sectores que buscan
caminos alternativos: vecinos, asambleas barriales, movimiento
de desocupados, y movimientos territoriales”.
Frutos de celuloide
El Grupo Boedo Films, nacido en 1992, ha documentado
diversas experiencias populares. Uno de sus últimos trabajos
se conoce como la “Trilogía Brukman” y contiene tres
obras que retratan la lucha de las obreras de la industria
textil en distintos momentos.
La primera pieza es “Control Obrero”. Una realización
conjunta entre Boedo Films y Contraimagen, relata la decisión
de tomar la fábrica y la incipiente organización, que
coincide con la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
Muestra los primeros pasos, los miedos, las convicciones y el
surgimiento de una nueva forma de resistencia.
Sigue “La Fábrica es nuestra”, de los mismos autores, que
retrata el frustrado intento de desalojo de diciembre de 2002.
Y, por último, “Obreras sin patrón”, de Kino-Nuestra
Lucha, una agrupación que nuclea a distintos grupos de cine
político-militante. La tercera parte ofrece imágenes de la
represión policial dirigida a organizaciones estudiantiles,
asambleas, piqueteros, artistas, partidos políticos, que se
congregaron para defender a las obreras de Brukman que habían
sido desalojadas en abril de 2003.
“Lo que empezamos a ver con estos fenómenos sociales
producidos después de diciembre de 2001 es que pasábamos de
la etapa de resistencia a la acción. Nos interesó
particularmente mucho el caso de Brukman en función de cómo
había sido el proceso: la manera en que la patronal abandona
la fábrica y, de repente, la gente sin ningún tipo de
experiencia administrativa o sindical empieza a crecer como
grupo y empieza a tomar las riendas de su propio destino”,
explica Claudio Remedi, uno de los directores del la trilogía,
en el Centro Cultural de la Cooperación.
Por su parte, Guillermo Kohen realizó un documental sobre la
experiencia de la fábrica de cerámicas Zanon, en Neuquén.
“Nos contactamos con Zanón a partir de la Comisión de
Solidaridad que funciona en la Universidad de Madres de Plaza
de Mayo. Estar en Neuquen fue verdaderamente impresionante.
Zanón es un monstruo, es grandísimo, y además, hay
doscientas setenta personas trabajando, decidiendo todo por
ellos mismos. Fue increíble conocer a tanta gente con la
misma fuerza, ver cómo defienden su fábrica, y te cuentan
todas las cosas que hicieron, cómo lucharon para llegar a dónde
están”, relata Kohen, en una entrevista publicada por la Agencia
Cono Sur.
Alejandro Malowicki, con más de 35 años de trayectoria en
medios audiovisuales, creó “Pyme (sitiados)”. Este film
de ficción, a diferencia de los anteriores que son
documentales, narra los contratiempos de un sistema económico
excluyente y la relación entre obreros y patrones.
En el sitio oficial de la película (http://www.filmepymesitiados.com.ar),
la sinopsis dice: “De un lado la usura, del otro los
obreros, del otro el pasado y del otro el futuro. Así se ve
Pablo, al frente de la fábrica que fundó su padre,
intentando enfrentar los conflictos que asedian a todos los
integrantes de su Pyme. En un clima claustrofóbico, acosados
por las deudas, llegan a una crisis económica que genera un
todos contra todos no deseado, ni esperado. Están sitiados
por un modelo neoliberal, brutal e injusto”.
Según Malowicki, lo que le importa es la historia de los
seres humanos: “El obrero que después de cuarenta años en
una fábrica se queda sin la jubilación y en la calle. Me
importa el empresario que invirtió en su empresa porque se
creyó el discurso del mercado y el mercado lo dejó
pedaleando en el aire. Esta es una película de seres humanos.
No es una película de economistas ni para economistas”. Arriba
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