Segundo Enfoque - Periodismo por vocación

Volver a la página principal

» Política
» Economía
» Mundo
» Info. General
» Cultura
» Deportes
» Metamensaje

ENTREVISTA CON EDUARDO ANGUITA

El medio es el negocio

Es el autor de “Grandes Hermanos. Alianzas y negocios ocultos de los dueños de la información”, un libro que revela la dinámica de poder de los multimedios en Argentina. Una charla profunda sobre los medios, los periodistas y la comunicación.

Por Jairo Straccia 
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

“Si entendemos la comunicación como un vínculo, no podemos dejar todo en manos de emisores ricos y fuera de la ley, sino que nos tenemos que hacer cargo de que si vemos a alguien, oímos a alguien o leemos a alguien, no podemos desentendernos.” Estas palabras pertenecen a Eduardo Anguita, un escritor y periodista argentino que se decidió a indagar sobre los engranajes que mueven los conglomerados periodísticos en la Argentina. 
A fines de diciembre último, salió a la calle su obra “Grandes Hermanos. Alianzas y negocios ocultos de los dueños de la información”. Allí, por un lado, se hace un recorrido que incluye el ascenso del periodista y empresario de medios Daniel Hadad hasta su asociación con el editor responsable de Página/12, Fernando Sokolowicz, para comprar Canal 9. A su vez, relata las relaciones de poder entre los grupos de comunicación vinculados al ex presidente Carlos Saúl Menem –durante los noventa representados por el CEI-Citicorp- y el mayor multimedios argentino, el Grupo Clarín, cuyos accionistas mayoritarios son Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto. Tampoco quedó fuera de las revelaciones de Anguita el actual “enamoramiento” de todos los medios argentinos hacia el gobierno de Eduardo Duhalde. 
A partir de ese trabajo –que también incluye una segunda parte dedicada a narrar el nacimiento y la evolución del periódico impulsado por el periodista Jorge Lanata, Página/12- se pone sobre la mesa un tema inexistente en la agenda nacional: hablar de política, de economía, o del país en general, implica una mirada crítica sobre los medios masivos de comunicación. 
En un encuentro en la calurosa Buenos Aires de enero, Anguita ahondó sobre las causas del proceso de concentración del poder periodístico, así como en las posibilidades de liberación de los trabajadores de medios y de los ciudadanos, rehenes de las hienas de la información. Se abrió un debate necesario.
¿Dónde reside la esencia de la dependencia entre el periodismo y el poder, hoy en día?
Cualquier estudiante de comunicación, o de publicidad tiene como materia “Planificación de medios”. Entonces se estudia cuando un cliente quiere invertir un millón de dólares para vender Coca Cola o para vender Chevrolet, hace un estudio que le permite ese millón de dólares ser invertido de manera tal que sirva para la comercialización de su producto. En ese sentido, hay una funcionalidad entre determinados medios masivos o segmentados a determinados públicos y esos intereses comerciales. Es decir, que no solamente estudia la operatoria de la lógica de los medios capitalistas de comunicación, sino también estudia las normativas que hacen que eso sea legal y sea ético. Hay una lógica capitalista, pero que es de cara a la sociedad. Una lógica que yo creo que no solamente es defectuosa sino que es perversa. Pero entiendo que son reglas de juego. Yo puedo discutir y debatir sobre la lógica de los medios privados en una sociedad capitalista, pero tengo que aceptar que si esa normativa y esa funcionalidad se cumple tiene un grado de legitimidad y yo la tengo que aceptar, y trabajo como periodista en esos medios sabiendo que puedo dormir con mi conciencia tranquila.
¿Por qué es importante que el público conozca sobre los propietarios de los medios de comunicación?
Me parece que hay una serie de aspectos de la vida social que no pueden darse solamente por las apariencias. La elaboración de una programación de televisión responde a los estudios de marketing, a las posibilidades económicas del canal, etc.. Es lo que uno llamaría análisis empresario.
Sin embargo, inmediatamente cualquier persona dice ‘no, también hay intereses políticos’. Esos intereses políticos conllevan el aspecto de algo inaccesible, y empieza a derivarse hacia negocios que generalmente se llaman negocios mafiosos. Con lo cual se ha creado una especie de categoría tabú, respecto de que sería imposible acceder a saber cuál es la naturaleza de aquellos intereses supuestamente políticos, supuestamente mafiosos, que inciden a la hora de elaborar mensajes a través de los medios de comunicación.
¿Cómo se entienden esas “alianzas y negocios ocultos” a los que se refiere el libro?
Hay un factor que es inquietante. Cuando se trata de realizar inversiones financieras para estimular circuitos de dinero de origen dudoso, los analistas financieros estudian la factibilidad de introducir dinero en determinados lugares para que cumpla una función que en realidad no es la que dice ser. Los medios de comunicación, a ojos de los analistas financieros, son un lugar muy atractivo para la inversión de capitales de origen dudoso. Porque suele decirse que lo que valoriza a un medio de comunicación es algo intangible, que es el impacto que tiene en el público, el interés que despierta el supuesto posicionamiento de los anunciantes, con lo cual, esto que es bastante difícil de cuantificar, permite un ingreso y una salida de dinero que se puede aumentar o bajar de acuerdo con los intereses de dinero no genuinos.

¿Desamparados?


Reaccionar frente a la mentira o la manipulación. Distinguir la noticia de la opinión, ya no es tan fundamental como separar la información de la operación. El periodismo se mueve al compás de la situación económica de las empresas y la verdad se borronea, cuando no se esconde. La desconfianza aflora, ¿y después?
¿Qué grado de conciencia aprecia que tiene la sociedad sobre este manejo de los medios de comunicación? ¿Cómo es su aporte en este sentido?
Cuánto le sirve a Doña Rosa que va a comprar los tomates saber esto o no, no es de mi interés. Lo que yo te puedo decir es que a la gente le interesa saber cuando se cometen delitos con un bien como el de la información pública. Y lo que yo estoy denunciando son una serie de delitos, a los que trato de interpretar y dar explicación. No hago un sumario de infracciones, pero en este libro hay una cadena que une eslabones, que es la cadena delictiva. Es la cadena de fraguar papeles frente al (Comité Federal de Radiodifusión) COMFER, de engañar respecto del origen del dinero, de hacer relaciones ocultas que éticamente están prohibidas entre empresarios de medios y políticos, entre empresarios de medios y otros empresarios que hacen otros negocios que también tienen aspectos delictivos. De modo que eso sí me parece que es una cosa que le interesa a la sociedad argentina.
Frente a esos conflictos de intereses, ¿dónde se para el periodista?
Yo me hice la misma pregunta que vos, y como la respuesta es muy angustiosa me puse a escribir. No hay una respuesta rápida. Yo tengo una trayectoria como periodista en medios importantes y uno sabe que la presión a veces es muy sutil pero si uno no cumple con las expectativas, esa presión sutil después muestra el camino hacia ‘bueno, de la sección política a la sección internacionales, de internacionales a cocina, y de la sección cocina a tu casa’. Esto es lo que le proponen a los periodistas.
¿Y al público?
Y al público le proponen construir catedrales para que entienda que la comunicación es una nueva religión, una religión tonta donde la adoración es a la fama, al prestigio, al adinerado. Entonces podemos mirar a (al actor y empresario televisivo Adrián) Suar y a (el conductor y empresario de medios Marcelo) Tinelli. La idea es que la sociedad los tenga para divertirse, no para mirarlos como obispos de esta nueva religión llamada medios de comunicación. Acá está la distorsión donde el oyente o el televidente tiene que plantearse como protagonista y no como un adorador de religiones que lo único que nos proponen es, no solamente aceptar con angustia que hay un 25 por ciento de la población en situación de indigencia, si no que lo que tenemos que hacer para olvidarnos de eso es mirar a (a la actriz y conductora) Susana Giménez y a Tinelli.
En este contexto, ¿se puede pensar en la muerte del periodismo, entendido como la vocación de acercar al ciudadano a la verdad, sorteando los intereses económicos y políticos?
Evidentemente los periodistas frente a esto tenemos una situación dilemática. Mejor que la posibilidad de la muerte del periodismo es pensar en la posibilidad de establecer nuevos desafíos. Creo que el periodismo en la Argentina de los años setenta se enfrentó con la censura como algo real. Cien periodistas desaparecidos, miles de ciudadanos argentinos desaparecidos. Así que esto es un desafío diferente.
Ese desafío en los ochenta fue tomado con cierto compromiso, surgió el sindicalismo del periodismo tomado no solamente como un lugar de reclamo salarial, si no como un lugar de cierta identidad de cara a la sociedad. La (Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires) UTPBA, en su momento, trabajó mucho por la memoria y la comunicación, y me parece que ahora el desafío es otro. Las formas asociativas que tienen la sociedad post-industrial no son solamente sindicatos del estilo industrial, sino que son otro tipo de iniciativas transversales, comunitarias individuales. Me parece que en este sentido, la posibilidad que tenemos, ya que no hay censura, es la de arriesgar con cierta valentía a denunciar y después de denunciar comprometerse en nuevas maneras de comunicarse. No solamente existen, se llevan a cabo permanentemente, lo que pasa es que cuando el hongo atómico de los grandes monopolios explota los demás quedamos a la sombra.
¿Y qué medidas concretas pueden realizar los periodistas para controlar el abuso de los medios cada vez más concentrados?
Yo propuse leer lo que son los manuales de ética, de estilo, manuales de redacción de los medios tradicionales del capitalismo. En muchos medios existe lo que se llama el defensor del televidente, el defensor del oyente. Una especie de ombudsman. Están impuestos por ONGs. De repente una ONG que es defensora del consumidor, crea o impulsa la figura de defensor del oyente copiándola de otras modalidades de defensores de los consumidores. En el mundo capitalista desarrollado existen muchísimas de estas actividades. También podría promoverse que los medios tuvieran la obligación de llamar a audiencias públicas. Se puede hacer un estatuto acerca de en qué consiste una audiencia pública, qué cosas se registran y qué cosas no. Existen otras iniciativas que son mucho más comprometidas, como la creación de observatorios de medios.
¿Qué son los observatorios de medios?
Entidades que son creadas por la sociedad civil, transversalmente, que pueden estar impulsadas por un artista famoso, o un periodista muy conocido, o simplemente por una liga de amas de casa y que tengan como misión dar cuenta de estos temas. Un observatorio de medios es un lugar en el que por simple prestigio se autorregula la capacidad de fiscalizar a los medios. Actualmente funciona uno en Venezuela. Allí, los grandes medios privados son casi la punta de lanza de un golpe de Estado, que es muy probable que prospere. Pero si este observatorio de medios subsiste, también el día de mañana va a jugar un rol.

Descrédito

¿Quién se atreve a creerle a los medios? Traumática pregunta para el ciudadano, bombardeado de todo tipo de sondeos. El derrumbe institucional no deja libre a los periodistas, cada vez objeto de mayores cuestionamientos, vinculados por la sociedad muchas veces a los cúmulos de poder a los que debería investigar y sobre los que se deberían ocupar de informar.
¿Se conocen encuestas sobre la credibilidad de los medios de comunicación?
Las mediciones de opinión pública sobre los medios de comunicación suelen ser secretas, uno no se entera. Entonces lo que hay que denunciar es este mecanismo perverso por el cual a vos te metían todos los días el riesgo país, y antes de una elección te meten todos los días cuál es la intención de voto de un político y no te meten nunca la radiografía de credibilidad y no credibilidad. Porque lamentablemente, estos estudios de opinión –que se hacen- los utilizan como insumos para seguir capturando a sus lectores, oyentes, y demás. Entonces, esta cosa de que la comunicación sea de empresas privadas hasta cierto punto puede ser legítimo en términos de competencia y transparencia capitalista. En los actuales términos de monopolios y de estructuras mafiosas  de poder, cualquiera de estos instrumentos siempre van en contra del receptor. Y el receptor en la teoría de la comunicación, es un emisor simultáneo, en cambio en estos medios mal llamados de comunicación, el receptor es un comprador de zapatillas, un votante, un auspiciante de la represión policial y cualquiera de los otros males que pudieran ser manipulados a través de los medios de comunicación.
Dejemos de lado por un instante los grandes “negocios ocultos”. Muchos periodistas con su labor diaria, ¿no contribuyen también al descreimiento de la profesión? Cuando difunden publicidad disfrazada de noticia a cambio de un pago, ¿no dañan también al periodismo? ¿Cuál es la responsabilidad en estos casos?
Yo creo que hay una cantidad de ejercicios en el periodismo, y una cantidad de fotos que uno puede sacar que son tremendas. Lo que pasa es que si uno jerarquiza los problemas de la sociedad, el “chivo” de un periodista, la falta de ética de un empresario, y demás, quedan absolutamente secundarizadas frente a los problemas que son casi elementales a la hora de ejercer el periodismo.
Frente a sociedades deterioradas y decadentes, a mí no me extraña encontrarme con personajes del periodismo que sean tan opacos y tan tristes como un policía corrupto, un funcionario de una oficina pública corrupto, o un gerente de compras corrupto. No nos olvidemos de que hoy la naturaleza de la corrupción no está dada  por el oficio que uno eligió sino que está dada por una estructura de legitimación-deslegitimación en esta sociedad que es muchísimo más grave. En todo caso, una característica diferencial es que los medios de comunicación dan cuenta de la sociedad a través de un prisma y que los grandes medios de comunicación privados lo dan a través de un prisma que es funcional a estos negocios ocultos. Entre mostrar la foto de un periodista que recibe un sobre de cien pesos por publicar una nota, y un análisis donde uno pueda mostrar un porcentaje muy importante de la deslegitimidad de la estructura de los medios, me parece que hay una diferencia. A mí me enoja que un periodista sea corrupto, no me desvela.
En tiempos de manifestación popular, donde la sociedad parece ganar terreno y los comunicadores se chocan con hechos movilizadores ¿cómo es la relación del periodista con la militancia?
Yo tengo una visión de la condición humana en este siglo XXI que no es nueva, quizás sea muy sartreana, quizás tenga mucho que ver con los Tiempos Modernos de Chaplin. Me parece que hoy el ser humano está absolutamente disociado en su conducta, en su actividad. Hoy tenemos que aceptar que somos al mismo tiempo muchas cosas, estamos signados por una sociedad de una fuerte concentración de poder pero que propone conductas absolutamente disociadas. Todos estamos ya no con la dicotomía de la vida pública y la vida privada, si no que estamos sometidos en este mismo proceso.
Con esta breve introducción quiero decir que existen personas y personas, existen periodistas que son militantes, militantes que son periodistas, personas que pueden ser médicos y son militantes. No me parece que uno pueda asumir en este momento una identidad  que vaya tras de un espejismo. Me parece que deberíamos exigirnos, mirarnos desde esta nueva condición en la cual la sociedad no tiene ni clases sociales orgánicas, ni poderes institucionales con autoridad. Lo que existe es un 50 por ciento de la sociedad que está expulsada del mercado y de  la posibilidad de acceder a los bienes y servicios elementales para su condición humana y apenas un 10 por ciento de la sociedad argentina que lleva una vida digna de acuerdo con los estándares capitalistas, éste es el problema. Y frente a eso, que alguien se considere militante, sea buen periodista o no, me parece que poco interesa. Tenemos un problema colectivo, que nos involucra como comunidad frente al cual valen los emprendimientos colectivos, en los cuales cada uno asume el rol de integrarse y de participar y de buscar caminos que sean sociales.
Arriba

Notas relacionadas

Mapa de los medios en Argentina: Pocos y poderosos
¿Quién es Eduardo Anguita?

"Al rojo vivo" - Capítulo 8 de "Grandes Hermanos. Alianzas y negocios ocultos de los dueños de la información"

En números previos

-

Política - Economía - Mundo - Info. General - Cultura
Deportes - Metamensaje - Nosotros

Copyright 2002 ©
Buenos Aires, Argentina
Todos los derechos reservados