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RECAMBIO
PRESIDENCIAL Y DESPUÉS
Rumbos:
tiempos de definiciones
A pesar del desencanto con sus dirigentes y
del poco interés que provocó el proceso electoral, los
argentinos concurrieron masivamente a votar. En un escenario
atípico, la fragmentación de los partidos políticos y las
nuevas manifestaciones sociales anuncian un futuro diferente
pero incierto. El 2003 será un año de rediseño de las
fuerzas políticas provinciales y legislativas. ¿Hacia dónde
se dirige Argentina?
Por Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar
Fue
después del trágico 26 de junio de 2002, cuando el
presidente Eduardo Duhalde decidió llamar a elecciones. La
represión policial en una protesta de piqueteros en el Puente
Pueyrredón había culminado con balas oficiales hiriendo de
muerte a dos manifestantes: Darío Santillán y Maximiliano
Kosteki. Amenazado por el temor de un estallido social, con un
gesto desesperado el primer mandatario anunció su retiro
anticipado de la Casa Rosada. Desde entonces se inició la
sinuosa carrera por la presidencia. Un camino plagado de
indecisiones, denuncias, peleas y escasas ideas que poco
atrajo a la sociedad argentina.
“Esta elección fue cuestionada por muchos grupos y
visualizada por distintos sectores de la población como un
lugar donde no se obtenían las respuestas. Sin embargo, se
puede decir que hubo una tendencia concurrencista muy
fuerte”, reflexiona el sociólogo y profesor de la
Universidad de Buenos Aires (UBA), Horacio González. El
domingo 27 de abril alrededor de 20 millones de ciudadanos (el
78% del padrón) acudieron a las urnas y otorgaron el
pasaporte a la segunda vuelta a las fórmulas justicialistas
Carlos Menem – Juan Carlos Romero y Néstor Kirchner –
Daniel Scioli.
Según González, a pesar de que el debate de campaña no
condensó todos los problemas –especialmente los planteos
surgidos a partir de los acontecimientos del 19 y 20 de
diciembre- los resultados demuestran que la elección sigue
siendo un lugar observado por la población como un espacio de
resolución de conflictos. Y agrega: “Un lugar también
oscuro, indefinido, indeterminado, porque la alta votación
que tuvo Menem revela la fuerte tensión que hay en la
Argentina respecto a cómo resolver obstáculos del pasado”.
El escenario del ballottage está protagonizado por dos
personajes que dicen ser peronistas y, a su vez, sostienen
diferentes “modelos”. Menem, es por excelencia el
representante argentino del neoliberalismo y Kirchner,
apadrinado por el duhaldismo, muestra un perfil progresista y
defiende la producción nacional. En un artículo publicado en
el diario Página 12, el periodista Osvaldo Bayer
interpreta: “Triunfó la derecha en toda su esencia. Las
particularidades económicas entre globalizadores y tímidos
neokeynesianos no logra disimular que son todos peronistas,
los menemistas y los duhaldistas. El peronismo, después de
este triunfo, es más derecha que nunca. Más disimulada en
Kirchner (Duhalde), que van a ser los vencedores del 18 de
mayo”.
Sin embargo, algunos creen que una derrota de Menem sería una
vuelta de página en la historia argentina. En ese sentido, el
sociólogo Horacio González afirma: “El país se vería
desvinculado de la sistemática inclinación del menemismo por
destruir el patrimonio público y despreciar la vida popular
como autocreadora de nuevas formas de emancipación. Se
establecería otro estilo de discusión. Y en ese nuevo marco
habrá que tratar los temas de la propiedad social de la
producción, de las luchas de los trabajadores, de nuevas
ideas de representación”.
De votos y trampas
“Se demostró una importante madurez en amplios sectores
de la población que lograron transformar el ‘voto bronca’
(en blanco, nulo y otros) en un voto positivo que, aunque
hecho con desagrado, logró romper el mayor peligro que se
presentaba en estas elecciones que era el potencial triunfo de
Menem y Ricardo López Murphy. Esto habría significado un
aparente aval al modelo implementado en los últimos
tiempos”, considera la licenciada en Sociología e
investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas
y Técnicas (CONICET), Alcira Argumedo (ver aparte).
En las elecciones legislativas de octubre de 2001, el fenómeno
del “voto protesta” significó más de 10 millones de
sufragios. El entonces primer mandatario Fernando de la Rúa
recibía un revés mortal antes de su caída en diciembre de
ese año. En cambio, esta modalidad en la última compulsa
apenas alcanzó la cifra de medio millón.
Los partidos de izquierda habían intentado canalizar el deseo
de cambio de una sociedad hastiada y se habían beneficiado
sumando bancas parlamentarias y mayor presencia. Sin embargo,
el reciente resultado electoral les fue desfavorable. Sin
lograr consolidar un frente entre las diversas vertientes, las
dos caras más mediáticas obtuvieron: Patricia Walsh, de
Izquierda Unida, el 1.77% (el doble que en 1999) y Jorge
Altamira, del Partido Obrero, logró un escaso 0.76%.
Frente a los comicios, las organizaciones piqueteras no
adoptaron una postura homogénea. Por una lado, algunos
impulsaron el no-voto como el Movimiento Independiente de
Jubilados y Pensionados, liderado por Raúl Castells y Barrios
de Pie, con Jorge Ceballos a la cabeza. Por su parte, el
dirigente de la Federación Tierra y Vivienda, Luis D’Elía
recomendó participar y votar por Kirchner, Elisa Carrió
–de Afirmación por una República Igualitaria- o por el
socialista Alfredo Bravo.
Surgidas en la efervescencia popular de diciembre de 2001, las
asambleas populares alzaron en alto las banderas del “que se
vayan todos” e intentaron llevar a cabo una contracampaña.
En comunicados que circularon por Internet, aseguraban:
“Estamos convencidos de que el proceso electoral constituye
una farsa para que los de siempre mantengan sus privilegios.
Creemos que el protagonismo popular es la única herramienta
de transformación social”.
En este mismo cuadro, se ubicó el “Manifiesto Argentino”,
una agrupación nacida hace más de un año, de la mano de
intelectuales como el escritor Mempo Giardinelli. Una circular
de la Coordinación Nacional Ejecutiva, de marzo pasado,
advierte acerca de las elecciones: “No se han modificado los
verdaderos resortes del Poder, por lo cual ningún presidente
elegido de este modo podrá gobernar y estará sometido a los
conocidos chantajes del actual Congreso y de la actual Corte
Suprema, con lo que seguirá siendo imposible realizar los
cambios que urgen a la República”. Hoy por hoy, el
“Manifiesto Argentino” reconoce que su propuesta fracasó
y admite que la sociedad aceptó la oferta del sistema.
Mediante un documento, los representantes del “Manifiesto”
plasman su propia lectura de las elecciones: “Millones de
argentinos y argentinas han preferido un cambio modesto,
moderado, no profundo. Bombardeada por una publicidad abusiva
pero inteligentemente desplegada, la protesta social fue
completamente neutralizada. (...) Acaso somos hoy, nomás, un
país acobardado que se conforma con horizontes chiquitos.
Quizás esto sea parte de un sinceramiento colectivo”. Sin
embargo, recomendaron votar a Kirchner o abstenerse, votar en
blanco o anular el sufragio, pero nunca optar por Carlos Menem,
a quien consideran el responsable de la situación en que se
encuentra la Argentina.
Barajar y dar de nuevo
Para la socióloga Alcira Argumedo está comenzando un
proceso de desagregación del bipartidismo. Una radiografía
de quienes ocuparon los seis primeros lugares el 27 de abril
permitiría dilucidarlo. Tres candidatos -Carlos Menem, Néstor
Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá- son del Partido
Justicialista (PJ) y en cuanto al resto -Ricardo López Murphy,
Elisa Carrió y Leopoldo Moreau-, los dos primeros provienen
de la Unión Cívica Radical (UCR) y el último, fue quien
cargó con el apoyo partidario. “Vienen de sectores del
radicalismo y del peronismo pero que ya no han logrado los márgenes
de homogeneidad interna que les permitían presentar bloques
compactos. Este es el inicio de un proceso de desagregación”,
explica Argumedo. Y continúa: “Por un lado, el peronismo se
parte en tres vertientes que no son necesariamente legítimas
en sus manifestaciones, no son proyectos alternativos y
enfrentados entre sí, pero que tienen matices. Por otro, en
la UCR hay un sector que se define por lo que era la derecha
del radicalismo -encarado en López Murphy-, y otro, por los
sectores de centro a centroizquierda que se volcaron a Lilita
Carrió. Lo que sí se evidencia en el radicalismo es que
quedarse con el escudito, la marcha y las estructuras
oficiales del partido, no significa nada, que es lo que le pasó
a Leopoldo Moreau”.
Más allá de la renovación de la presidencia, la configuración
política se modificará a lo largo del año. Las provincias
elegirán gobernadores, legisladores nacionales y provinciales
y demás autoridades locales. De acuerdo con la nueva
disposición de las fuerzas, el jefe de Estado podrá llevar
adelante su proyecto con mayor o menor respaldo.
Alcira Argumedo comenta que el próximo será un gobierno débil,
presionado por los organismos internacionales y los grupos
económicos, y por las demandas sociales. La posibilidad de
conformar una propuesta política alternativa es factible,
pero no fácil. “La clave es buscar los puntos de
confluencia entre estas distintas manifestaciones de
autoorganización y de reconstitución del tejido social que
se han venido desarrollando en estos últimos tiempos. Pero
están todavía muy fragmentadas y no encuentran las nuevas
modalidades de representación. Este es un proceso cuyo tiempo
no coincide con cronogramas electorales”, remata Argumedo. Arriba
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