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En la mira: observatorios de medios

Por Segundo Enfoque

Desamparados ante la voracidad de los medios de información concentrados, muchos hombres y mujeres de la tierra se aprestan para defenderse de los abusos y manipulaciones de la comunicación del poder.
La ofensiva económica y política de parte de los multimedios no podía seguir vapuleando a lectores, oyentes y televidentes sin generar una respuesta de la sociedad civil. El II Foro Social Mundial de Porto Alegre, en el año 2002, dio el punta pié inicial para lo que este año, en la tercera edición del evento que se hace en Brasil, se mostró como un hecho: el Observatorio Global de Medios (o Global Media Watch, en inglés).
“(...) Convocamos a los ciudadanos y entidades de la sociedad civil de todo el mundo a asociarse a una red internacional que contribuya al análisis crítico, por parte de los ciudadanos, de los medios de comunicación y a la lucha por un periodismo ético a nivel local, nacional e internacional.” Este es un extracto de la Carta de Principios de la iniciativa.
La idea es que se dispersen brazos de este emprendimiento por todos los países del mundo, siempre y cuando se cumpla con un requisito: que esté conformado por periodistas, investigadores y consumidores de medios. Y que excluya la censura como modo de acción.
Ya funcionan el Capítulo Venezuela y el Capítulo Brasil. El primero nació a poco del intento golpista contra Hugo Chávez en abril de 2002, dada la abierta parcialidad de los medios privados de comunicación. El otro, surgió durante el mismo año, a la par del proceso electoral que mostraba disparidades de la corporación mediática brasileña en el trato de los candidatos.
Uno de los integrantes del Consejo Internacional del Observatorio, el director del periódico francés Le Monde, Ignacio Ramonet, reveló a fines de enero al servicio informativo argentino Agencia Nacional de Comunicación, cuál es el espíritu de semejante emprendimiento: “En tanto los grandes grupos mediáticos pertenecen a la globalización, este proyecto es propiedad del movimiento social”.
De forma paralela, en Argentina, la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) había inaugurado, tres semanas antes, el Observatorio Político y Social de Medios, en busca de una reflexión crítica sobre la comunicación de masas en ese país, y sobre los temas que quedan afuera de la agenda de los grandes multimedios.
La página oficial de la UTPBA describe algunos de los objetivos del proyecto: “A través de este espacio intentaremos resignificar el sentido de los paradigmas que mayoritariamente sostienen algunos relatos periodísticos como por ejemplo, el de la objetividad, la manipulación, la teoría de las dos campanas, entre otros. Todas ellas “técnicas” dispuestas a intervenir e interferir en lo que muestran los medios, ahora –más que nunca- estrategias mediáticas más funcionales a la censura logística que a la libertad de expresión”.
Por su parte, el periodista especializado en Derecho Constitucional Germán Ortiz Leiva publicó en el sitio “Sala de Prensa” un artículo titulado “¿Por qué un Observatorio de Medios para Colombia?”. En él, luego de hacer una serie de consideraciones sobre la relación de la información y la violencia social, sostiene: “Los medios pertenecen mayoritariamente a empresas privadas cuyas decisiones responden de modo legítimo a los designios de sus accionistas o representantes. No obstante, los medios, en su función informativa, constituyen un servicio público, con garantías y privilegios específicos previstos en varios artículos de la Constitución, que presupone imperiosas contrapartidas en materia de deberes y responsabilidades de los comunicadores y de las empresas informativas”.
De este modo, la reacción es un hecho. La organización de la sociedad civil encuentra una vía de protección y defensa de sus intereses cuando son maltratados por los conglomerados de empresas periodísticas enquistadas en el poder político y económico, cada vez menos diferenciable. La puerta se abrió para que el ejemplo sea seguido en todo el mundo, por organizaciones de todo tipo, camino a la disolución de la maquinaria de la desinformación y de la distracción. Arriba

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