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PRIMERA HISTORIA DE LA
HOMOSEXUALIDAD EN LA ARGENTINA
Memoria de la
discriminación
El trabajo de Osvaldo Bazán, de reciente aparición, recopila
500 años de persecución contra los homosexuales. Las
responsabilidades de la religión, de la ciencia, y del Estado
que instalaron al “sodomita”, “puto” o “invertido” como
“pecador”, “enfermo”, o “delincuente”. El rol de la cultura en
el refuerzo de esa concepción. Las raíces de una sociedad
propensa a la intolerancia.
“En
principio, por supuesto, todo tiene que ver con la Iglesia
Católica, pero hubiera sido sencillo si todo quedaba ahí”,
reflexiona el autor en este extenso diálogo con Segundo
Enfoque. Los pequeños progresos de hoy, y los asuntos
pendientes para el futuro.
Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
Los reveses que vivió en carne propia lo
pusieron a investigar. Osvaldo Bazán ha escrito el primer
relato histórico integral sobre la homosexualidad en la
Argentina, movido por la necesidad de hallar y poner en
conocimiento las raíces del autoritarismo criollo y de la
discriminación por orientación sexual.
Son 478 páginas de datos documentados, reunidos bajo el título
“Historia de la homosexualidad en la Argentina. De la
Conquista de América al siglo XXI”, que la Editorial Marea ha
puesto en la calle en los primeros días de mayo último. Su
autor, un periodista y escritor (ver aparte), ha llegado a ser
premiado por la buena imagen de los gays, lesbianas, travestis,
transexuales y bisexuales (GLTTB) que lleva a los medios de
comunicación, y con una prosa filosa se desplaza por cinco
siglos de avasallamiento hacia esta minoría sexual.
Para ello consultó trabajos previos de Juan José Sebreli,
Jorge Salessi, Flavio Rabisardi y Alejandro Modarelli, entre
otros, y hurgó entre crónicas y documentos de larga data.
Entre agosto de 2003 y marzo último no le dio descanso a las
teclas y puso el texto a punto. “Es la primera vez que hay una
visión integral, tanto en lo histórico, social y político,
como también en las artes”, recalca Bazán.
Y allí va, describiendo y argumentando cómo se ha perseguido a
la homosexualidad en Argentina, primero como pecado, luego
como enfermedad y más tarde como delito. Desde el desembarco
de los españoles, la época colonial y el “higienismo” de los
intelectuales de 1880, hasta la huella de los gobiernos
militares en el siglo XX, el peronismo y la restauración
democrática. No se olvida de la deuda de las fuerzas más
progresistas en la cuestión, ni de la la reproducción
cotidiana de la discriminación desde todos los sectores de la
sociedad. Alude a su vez a las representaciones de esta
orientación sexual en la cultura, a lo largo de la historia,
deteniéndose en la literatura, el cine, el teatro y,
especialmente, desmitificando al tango “macho y homofóbico” de
hoy (ver aparte).
Mucho material, muchas razones. El tema de la homosexualidad
“es un buen detector de fachos”, sintetiza este hombre oriundo
de la provincia de Buenos Aires que aportó una obra
fundamental para la convivencia humana, por lo menos por estas
tierras. “Faltan años para que la mayoría heterosexual deje de
confundir mayoría con normalidad”, sostiene.
¿Por qué decidiste encarar tamaña tarea?
Nace por una necesidad propia de saber cuáles son las
raíces del autoritarismo nacional. En el tema de la
homosexualidad es muy claro, y permite desentrañar por qué
tenemos una cabeza tan autoritaria, por qué nos es tan fácil
excluir, y de dónde viene esta idea de que hay algunos mejores
y otros peores, y de que los mejores tienen derechos sobre lo
peores.
La dedicatoria del libro se dirige a “los prejuiciosos, los
crueles y los necios”, que te hicieron buscar respuestas.
¿Cómo es esto?
Como homosexual durante mucho tiempo me encontré -tengo
cuarenta años- con necios crueles y prejuiciosos que me
hicieron poner a pensar en qué me pasaba a mí con lo que ellos
decían. Tuve que empezar preguntándome por qué a estas
personas les cuesta tanto incluir a los que somos diferentes.
¿Llegaste a divisar respuestas, tras la investigación?
Encontré muchas puntas de esas repuestas. En principio, por
supuesto, todo tiene que ver con la Iglesia Católica, pero
hubiera sido sencillo si todo quedaba ahí. Fue la Iglesia
Católica la que convirtió a la homosexualidad -y en realidad a
toda sexualidad no reproductiva- en pecado, la ciencia la que
dijo que era una enfermedad y el Estado el que dijo que era un
delito. Estos tres poderes (religión, ciencia y Estado) usaron
el tema de la diferencia sexual como una manera muy clara de
discriminar y de construir un enemigo. Cuando vos construís un
enemigo, agrupás a todos los tuyos contra ese enemigo.
Entonces nadie quiere ser enemigo del poder, nadie quiere ser
como aquél que es discriminado. La letra con sangre entra, y
esto fue lo que hicieron en los últimos 500 años.
Comienzos
El relato arranca en la época de la conquista…
El primer momento claro es el enfrentamiento que hay entre
la cabeza que tenían los conquistadores que llegaron a América
y lo que pasaba acá en las poblaciones precolombinas, que no
eran todas iguales, pero que tenían una visión totalmente
distinta del sexo, porque una cosa es cómo ves tu sexualidad
cuando tenés en tu cabeza a la Iglesia Católica y otra cosa es
cómo la ves cuando no tenés a la Iglesia Católica en la
cabeza.
Los conquistadores, ¿reprimían por homosexuales sólo a los
indígenas o también a los propios conquistadores que eran
homosexuales?
A todos. En eso no discriminaron. Hay muchos casos de torturas
en los barcos y de gente que era tirada de los barcos. En la
época de la conquista, los actos homosexuales en los barcos,
eran bastante comunes. Pero fundamentalmente usaron el tema de
la homosexualidad para estigmatizar al indígena. Ellos, en
realidad, no sé si se encontraron con homosexuales. Todos los
cronistas de la conquista dicen ‘en las tierras nuevas hay
putos’, con estas palabras. Así lo decía claramente Francisco
López de Gómara, que es un tipo que escribió en el 1500. A mí
no me queda tan claro que haya sido así. Tuve que desconfiar
como periodista y como investigador de esto que ellos decían
tan alegremente. En realidad, ellos lo decían porque a ellos
les interesaba que esta gente tuviera algunas cosas por las
cuales pudiera ser castigada. Algo para condenarlos y para
hacerlos no humanos. ¡Colón llegó a decir que los indígenas
largaban fuego por los ojos! Vasco Núñez de Balboa, en 1510,
en Centroamérica, mandó a aperrear a 50 putos. Aperrear quiere
decir que mandó vivos a ser mordidos y comidos por los perros
alanos, a los tipos que, según él decía, ‘en todo salvo en
parir eran hembras’. Con esto, lo que hizo fue decir, ‘yo soy
mejor que vos porque vos hacés las cosas mal; todos los que
hacen las cosas bien van a estar conmigo, no les va a pasar
nada malo, no sean como ellos’.
¿Cuándo comienza a hablarse de “homosexuales”? ¿Cuáles eran
las denominaciones previas?
La palabra homosexual es de 1869, de estudios alemanes.
Anteriormente, la primera denominación, fue “sodomita”, que
venía de Sodoma, que según las interpretaciones de la Biblia
del siglo X en adelante, es una de las ciudades destruidas por
la ira de Dios, porque Dios interpreta que había sodomía, es
decir, actos sexuales entre personas del mismo sexo. Sin
embargo, no queda claro que en Sodoma, la Biblia diga
claramente que la ira de Dios sea porque hubo actos de
homosexualidad. Parece, según otras lecturas de la Biblia, que
era por la falta de solidaridad y hospitalidad de sus
integrantes. La Inquisición, una de las cosas que más
prohibía, era que vos tuvieras una Biblia en tu casa, porque
ellos no querían que pudieras leer, sino que querían que vos
leyeras las interpretaciones que ellos hicieron de la Biblia.
Dentro del siglo XIX, hacés especial énfasis en el trato hacia
los homosexuales que se profirió desde la llamada “generación
de 1880” en Argentina. ¿Por qué?
Es un momento donde por primera vez en el país el poder deja
de estar en manos de la Iglesia. Julio A. Roca, en la primera
presidencia, rompe relaciones con el Vaticano. Pero eso no
significó para los que tenían algún tipo de diferencia sexual,
mayor libertad. Porque es en ese momento en que la Iglesia
dejó de tener poder, que empezó a tener poder un grupo de
cientificistas, de médicos, que a partir del 1890 hacen desde
la ciencia un aparato de represión. Hacen desde la ciencia lo
que ya se había hecho desde la religión. Dicen: ‘Estos son
focos infecciosos, nosotros somos sanos; como nosotros somos
sanos, no tenemos porqué juntarnos con los enfermos’. Los
enfermos son los obreros anarquistas, los inmigrantes, todo el
bajo fondo, lo que quedó en el sur de la ciudad, porque el sur
de la Ciudad había sido atacado por la fiebre amarilla. Cuando
viene la fiebre amarilla, las familias burguesas se fueron o a
Adrogué, o al norte de la ciudad. Y quedaron las mansiones
desocupadas, donde se constituyó el bajo fondo, se inventó el
conventillo. Ahí había una promiscuidad entre prostitución,
homosexualidad, marineros, obreros y anarquistas.
¿Qué hace específicamente la generación del 80?
Estos tipos, liderados por José Ingenieros, empiezan a
estudiar a todos los que son disidentes como enfermedad.
Llegan a estudiar al anarquismo como una enfermedad, que se
curaba, y hacen en la calle 24 de Noviembre un depósito de
personas. Lo hacen entre la Universidad de Buenos Aires (UBA),
la Policía Federal y el Servicio Penitenciario. Como todavía
no había edictos policiales, no podían llevar preso a alguien
porque estuviera travestido, o estuviera borracho. Lo llevaban
igual, lo dice Ingenieros, lo dice Francisco De Veyga, que era
el socio de Ingenieros. La policía inventaba las causas, no
hacía falta que hubiera causas, te llevaban cuatro o cinco
veces, y después de llevarte cuatro o cinco veces, ya eras
reincidente. Cuando te encontraban, te llevaban. Te llevaban a
un lugar que era espantoso. Se da la paradoja de estos tipos
que se decían higienistas y te llevaban a un lugar que era la
verdadera mugre. Llevaban nenitos de 4 u 8 años y los
estudiaban como enfermos. Los llevaban a la UBA y los
mostraban como casos clínicos delante de los estudiantes de la
UBA. Esto es lo que desde 1890 y pico en adelante, Ingenieros
y De Veyga consiguen y además, consiguen claramente con esta
prédica los edictos policiales.
Con esos antecedentes se desemboca en el siglo veinte, que
para colmo estaría repleto de gobiernos militares.
Es la tercera etapa. Después de ser una enfermedad, pasa a ser
un delito. Esto ya lo hace el Estado directamente. Y el Estado
nacional en el siglo XX, en Argentina, fue un Estado
nacionalista, católico y militar, y ésta fue la mentalidad que
quedó en cien años y que es muy duro sacarse de encima. Los
grandes escándalos de la homosexualidad del siglo pasado,
vienen del ámbito militar. Hay un escándalo muy fuerte en
1906, cuando un oficial mata a otro porque el asesinado había
dicho que el asesino era homosexual. Ese caso que conmovió a
la sociedad porteña del momento, no salía en los diarios.
Incluso yo registro ahí en el libro una nota del diario La
Nación, que dice ‘del caso del que todo el mundo habla, no
vamos a hablar’. Y lo dicen así, no se puede contar nada de
este caso. Y como no se puede contar nada, tampoco fue penado.
Cuando hacen el Código Penal, no ponen a la homosexualidad
como delito, pero no porque fueran “progres”, sino porque
consideraban mejor no nombrarla.
Desafíos de hoy
Todo el camino recorrido debe haber dejado su marca. ¿Cuáles
son hoy las asignaturas pendientes para que merme la
discriminación por orientación sexual e identidad de género en
Argentina (ver aparte)?
En principio, sacarse de encima a la Iglesia Católica no sería
poco. En el último capítulo del libro, hablo de cómo se dio la
ley de unión civil (nota del R.: aprobación de la norma que
permite las uniones de hecho entre personas del mismo sexo)
en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y fue muy
impresionante. Eso lo investigué periodísticamente, porque
tenía las fuentes acá. Cómo la Iglesia Católica manipuló a los
legisladores para que no saliera, cómo a las 5 de la mañana
del día que en se estaba discutiendo el proyecto, entraron
veinte patoteros de la Pontificia Universidad Católica
Argentina a la Legislatura, patotean a los militantes
homosexuales, a una jueza que hay ahí, y hay incluso una
amenaza de bomba. Todo en nombre de Dios.
¿Es muy fuerte el pie de la Iglesia en este tipo de
decisiones?
Entre los legisladores está el “grupo púrpura”, según se los
conoce en la Legislatura. Son los que responden directamente a
la Catedral, así como está el “grupo azul” que responde a la
Policía. Santiago De Estrada y Jorge Enríquez son los
legisladores que más claramente representan la unión entre la
Iglesia y la Legislatura. Y es muy fuerte el poder que todavía
tiene ésta, la religión más importante del país, pero una de
las religiones del país, nada más que eso.
A pesar de la reproducción cotidiana de la discriminación,
¿ves avances paulatinos hacia la inclusión?
Lo que faltan son muchos años, de que la mayoría heterosexual
deje de confundir mayoría con normalidad, porque ése es el
tema. Son mayoría, y esto no da más derechos, en realidad, da
deberes, respetar a las minorías. Creo que estamos en un
proceso de mayor comprensión, ha sido un aprendizaje para
todos, no es una cosa de derecha de izquierda. Todos hemos
tenido que aprender del 83 en adelante a convivir. Incluso las
fuerzas más progresistas tuvieron problemas con el tema.
¿Por qué lo decís?
En el libro hablo de cómo no supo enfrentarse, por
ejemplo, el rock nacional al tema de la homosexualidad, de
cómo las organizaciones guerrilleras no supieron enfrentarse
al tema de la homosexualidad y de cómo las agrupaciones
democráticas desde el 83 tampoco supieron qué hacer con el
tema. Montoneros, por ejemplo, fusiló a dos compañeros
montoneros porque eran homosexuales. El (Ejército
Revolucionario del Pueblo) ERP le hacía la vida casi imposible
a sus militantes homosexuales. En un punto, (el ex líder
Montonero) Mario Firmenich o (el ex dictador) Jorge Videla
eran lo mismo. Esto no es un tema de quién es más progre o no.
Entra el tema de la sensibilidad también. Es un gran detector
de fachos. Arriba
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