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ENTREVISTA A JOSÉ LUIS DI
LORENZO, ESPECIALISTA
"Es el saqueo de los recursos sociales"
Uno de los hombres que más conoce sobre esquemas
jubilatorios, recorrió junto a Segundo Enfoque, los
rasgos salientes del sistema argentino actual y del
comportamiento de regímenes similares en América Latina y el
mundo. Explicó la vinculación entre el sector financiero y
las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP).
“Hay un modo de ordenamiento social pacífico, que es la
seguridad social extendida”, subrayó.
Por Jairo Straccia
Analiza, con la mirada puesta
en el caso argentino, la situación de la previsión social en
el mundo. José Luis Di Lorenzo es profesor de Derecho de
Seguridad Social en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y
tiene un vasta trayectoria en la actividad privada, y también
en la función pública. Es el autor de numerosos artículos,
y preside el Instituto para el Modelo Argentino (IMA). Dentro
de otras obras, escribió “Donde hay una necesidad... hay un
negocio. Vida, pasión y muerte del sistema previsional
argentino” (1996).
En diálogo con Segundo Enfoque, Di
Lorenzo describió el papel de los regímenes de capitalización
en el marco de la globalización, a la luz de un trabajo
publicado hace unos meses por el IMA, titulado “Mundialización
Financiera y Fondos de Pensión: Argentina como caso
ejemplar”.
Los informes de la Superintendencia de AFJP (SAFJP), como
el que describe el funcionamiento del régimen de capitalización
desde sus inicios hasta el 30 de junio de 2002, indican una
pronunciada concentración de los afiliados en pocas
administradoras. ¿Qué consecuencias puede traer esta situación?
Estamos frente a un oligopolio. Esto ya se advertía cuando
nos oponíamos a este sistema. Se advertía cuando se creó.
Inicialmente aparecieron una veintena de AFJP que obviamente
con el tiempo fueron absorbidas por las grandes. Hay dos o
tres bancos (dueños de AFJP) que son los que manejan
oligopólicamente el mercado y le fijan las reglas a las AFJP
más chicas también.
Hoy, el trabajador que opte en principio por el régimen
privado, no puede volver al sistema de reparto, pero mientras
esté en el sistema estatal, siempre puede optar por una AFJP.
¿Cuál fue, al momento de la sanción de la ley, el espíritu
desde la teoría para instrumentar esto?
El argumento es una trampa no confesada. La opción es
inversa: si cuando uno entra a trabajar no hace la opción por
el régimen público, quedó automáticamente por el de
capitalización. Esto está diseñado, junto con un montón de
medidas que se fueron tomando Cavallo-mediante como para
incentivar a la gente para que se fuera totalmente a
capitalización. Se incentivó a las cajas provinciales: el
Estado se hizo cargo del déficit para que sus empleados se
pasaran a capitalización, eso lo pagamos entre todos. Últimamente,
en el gobierno de (Fernando) De la Rúa se bajó el
aporte personal al 5 por ciento inicialmente para el sistema
de capitalización y se mantuvo en el 11 para el de reparto,
que era el modo de dar un aumento de bolsillo para que la
gente se siguiera pasando al sistema de capitalización. O
sea, hubo un incentivo permanente de la acción pública de
los últimos 8, 10 años para que esté todo el mundo en el
sistema de capitalización.
La SAFJP también indica en sus estudios que hay muchos
afiliados al sistema de capitalización, y pocos aportantes.
¿Cómo se interpreta eso?
Es producto
de dos razones: una es la rigurosidad de la ley 24.241, pero
esto no es atribuible al sistema de capitalización. En
cualquier sistema hubiera ocurrido lo mismo. Se exigen 30 años
de aportes efectivos. Esto no ocurre porque creció la
desocupación, porque el trabajador no paga y porque hay
trabajo en negro. El trabajador tiene una desigual relación,
donde no tiene trabajo no tiene solución, y donde está
trabajando en negro no puede pedir que lo blanqueen, o porque
lo echan, o porque le significa una baja de bolsillo. Acá hay
una responsabilidad de un Estado que se retiró de los
controles y fiscalizaciones.
El panorama que se observa ahora en Argentina, ¿es
compartido en otros países de América Latina, o es
particular de este país?
Lo que es común en Latinoamérica es el saqueo a
los recursos sociales. Con la excusa de que el Estado
malgastaba, se prefirió que se los lleven los bancos porque
lo iban a hacer más eficientemente. Lo hicieron tan
eficientemente, que en el caso de la previsión, se quedaron
con la mitad de los recursos de previsión social durante los
últimos diez años. El problema que se presenta en América
Latina y el mundo, es que lo que está cambiando es el
escenario global. Cuando se crea el primer seguro social, que
es (Otto von) Bismarck en 1880 y pico, en realidad se
basa el financiamiento en una forma tripartita: el empleado,
que aporta una parte, el empleador, que aporta otra, y el
Estado que aporta vía impuestos. Esto respondía a la primera
etapa de la Revolución Industrial, para solucionar una
crisis, con empleo. Hoy en el mundo lo que ha bajado, por la
automatización y la digitalización, es la cantidad de empleo
que el mercado demanda y que va a demandar. Pero a su vez,
creció la concentración de riqueza en muy pocas manos, sobre
todo en los sistemas financieros. En el mundo, el 20 por
ciento de la población más rica, se apropia del 80 por
ciento de la riqueza, y el 80 por ciento restante de la
población, apenas se distribuye el 20. Acá lo que hay que
repensar para un modelo regional y global de seguridad social
son pautas alternativas de financiamiento, gravando los
capitales especulativos, como con la Tasa Tobin, que propone
Attac, que busca el recurso tributario donde está la
concentración económica.
¿Qué está ocurriendo en Europa con la previsión social?
En la discusión europea, que no tiene sustento, los jóvenes
franceses ecologistas y los alemanes están planteando que hoy
el enfrentamiento no es más entre ricos y pobres, sino entre
jóvenes y viejos. Jóvenes que trabajan y pagan demasiado
para sostener a sus viejos, que en Europa viven demasiado
bien, según sostienen. No advierten, quizás dentro de la “idiotización”,
que el problema no es que los jóvenes cada vez sostienen más
viejos, sino que en realidad hay sectores que concentran
enormemente la riqueza y no tributan lo suficiente conforme a
la riqueza. Porque si no, entramos en maltusianismo puro: la
gente vive mal porque la expectativa de vida creció, y como
no me da la ecuación de trabajadores activos, ¿los matamos
después de determinada edad?
¿Existe una discusión a nivel global entre los regímenes
privados y públicos de jubilación?
El sistema de seguridad social, en los países serios, en
las políticas que aplican para adentro, no las que nos
aplican a nosotros –Estados Unidos, por ejemplo-, es un
sistema público, absolutamente público. Complementariamente,
fuera del sistema público hay un seguro privado. Quien quiere
lo toma sobre el excedente de sueldo que tiene. La
capitalización, no sólo fue abandonada en los 50 porque es
inviable en el largo plazo. Se está aportando a
rentabilidades que en la historia de los tiempos, tienden a
ser neutras, porque hay períodos de tasas de 1,2 positivo, y
de 1,2 negativo, con lo cual no se puede hacer depender del
ahorro individual el resultado de una seguridad social.
¿Cuál es el camino?
De lo que se trata es de redefinir, como dice Dominique
Plihon (de Attac Francia), el contrato social, y el sistema de
reparto, que es un modo de contrato social, que puede tener
distintas formas: con tributos, aportes de empleadores,
impuesto Tobin, etc. Lo que hay que hacer es generar un
sistema transparente de cuentas separadas del gasto porque yo
creo que hay un concepto sustantivo para cambiar el eje de la
Argentina, de América y de otros países. Separar, romper con
el criterio de los economistas de la caja única. Los gastos
de seguridad social, no son “gastos”, son una inversión
social, es una inversión reproductiva, que hace crecer los
mercados internos. Entonces, el primer elemento son recursos
genuinos, hacer crecer el mercado interno, hacer crecer el
producto del país, y esta es la garantía de pago permanente
del contrato social en el transcurso del tiempo. Pero cuentas
separadas de los gastos de gestión del Estado. Si nosotros,
en el presupuesto de 2001/2002 de Argentina, separamos de los
gastos de la nación lo que se consideró “gasto” de
seguridad social –que es inversión- nos damos cuenta que
pagamos el 40 por ciento del presupuesto de gastos efectivos
del Estado, solamente en servicios de la deuda externa. Lo que
es un disparate.
Si los regímenes de capitalización no se aplican en el
primer mundo, y en países como Argentina fracasan, ¿cuál es
el rol, el objetivo detrás de este sistema jubilatorio?
Dominique Plihon, dice que los fondos de pensión son “la
sabia que alimenta el mercado de capitales”. Un mercado de
capitales además, ficticio e improductivo que es
especulativo, que no es reproductor de la economía. Esto es
lo que se denominó en el Banco Mundial la “Nueva Ortodoxia
Previsional” (NOP). Que planteaba la desregulación,
abandonar los regímenes públicos, limitar el “gasto” del
Estado, según el criterio liberal, solamente a servicios
esenciales y dejar todo librado al ahorro individual. Es la
misma lógica de la primera etapa de la Revolución Industrial
donde se sostenía que cada uno debía valerse por sí mismo,
y el que no supo ahorrar o no supo ganar lo suficiente era
problema de él, y no es un problema social. Esta es una lógica
diseñada que fracasó en todos sus objetivos. Se decía que
iba a generar un mercado de capitales, que el mercado de
capitales iba a hacer bajar las tasas de interés. Cuando se
verifican los postulados que para la Argentina propuso el
Banco Mundial con la realidad, dentro de los propios
postulados que proponía el neoliberalismo para este modelo,
fracasó. Hubo un solo éxito: el del sector financiero que se
llevó enormes ganancias.
En este contexto, ¿cuál es el escenario de los jubilados del
mañana, en Argentina, y también en el mundo?
La futura clase pasiva, si esto no cambia, va a estar
igual o peor que la actual. Porque si se sigue la lógica del
modelo global, de concentración económica, que yo creo que
va a cambiar, el ahorro individual significa cobrar monedas.
¿Cuál es la perspectiva de cambio, entonces, según su punto
de vista?
Lo que hay es una crisis del concepto de equidad social, y
de ruptura del contrato social. El desafío de la seguridad
social es aportar al diseño de un nuevo orden mundial pacífico,
porque si no, esto nos lleva a acorralar a la sociedad a que
no tenga respuesta y a tener que ordenar este mundo y esta
sociedad por la fuerza. Hay un modo de ordenamiento social pacífico,
que es una seguridad social extendida que cubra no solo la
previsión, sino las contingencias de la vida, incluso la
desocupación. Arriba
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