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ENTREVISTA:
NORBERTO GALASSO, HISTORIADOR Y ENSAYISTA
El
queso del sándwich
“La clase media no tiene otro destino que vincularse a los
trabajadores”, sostiene el escritor en diálogo con Segundo Enfoque. También, explica por qué este sector de la sociedad pasó del televisor a la
cacerola, analizando sus contradicciones, sus valores y su
educación. Y opina sobre el gobierno de Néstor Kirchner y el
panorama latinoamericano actual.
Por Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar
El lugar estaba copado por libros y documentos. La luz era
tenue. Corrí unos papeles desparramados sobre el escritorio
para colocar mi grabador. “Acá funcionaba mi estudio
contable”, señaló mientras se sentaba. Norberto Galasso se
recibió de contador en 1961 y ejerció su profesión hasta
1999. “Tuve que dejar porque no podía terminar el libro
sobre José de San Martín. Imagínese, durante el día atendía
el estudio y a la noche escribía. Era imposible”, comentó.
Su pasión por la historia y la política comenzó en los 50s.
Casi todas sus obras, más de cuarenta, apuntan al campo
popular y al pensamiento nacional. En ese sentido, afirma:
“Se trata del derecho de saber quiénes somos, dónde
estamos y hacia dónde vamos. De contar la otra historia”.
Su último libro, presentado en julio y editado por Astralib,
es “Del televisor a la cacerola”. Como bien sintetiza el
subtítulo, Galasso narra las desventuras y replanteos de un
hombre de la clase media de Buenos Aires. Los valores, la
cultura y el pensamiento de este segmento de la sociedad
aparecen concentrados en la figura del personaje principal:
Inocencio Esquilmao.
¿Por qué decidió escribir acerca de la clase media porteña?
Uno de los motivos es porque pertenezco a ella. He nacido
en ella y a pesar de que no comparto la mayor parte de los
valores que predominan en esta clase, uno tiene las relaciones
propias de la clase social donde nació y se mueve. Yo he
tenido hasta hace unos años un estudio contable, recibía
comerciantes, profesionales, pequeños industriales, es decir,
sectores de la pequeña clase media, la del barrio.
Además, la clase media resulta fundamental en la política
argentina, especialmente la de Buenos Aires. Ésta es producto
de la inmigración y de una construcción de la Argentina en
función de la exportación y teniendo como núcleo central el
puerto de Buenos Aires. Alguien ha dicho que los porteños están
en Latinoamérica pero parados en Buenos Aires, mirando hacia
Europa y dando la espalda al resto de América Latina.
Ud. define a la clase media como el “queso del sándwich”,
entre la oligarquía y los obreros. ¿Cómo cree que debería
articularse?
La clase media no tiene otro destino que vincularse a la clase
trabajadora. Ella es víctima, al igual que los trabajadores,
de una organización económica y social que no la favorece en
los hechos, en lo concreto. Los hombres de clase media, en
general, no tienen ingresos muy superiores a los de los
trabajadores. Pero sí tienen una serie de valores y fábulas
en las cuales creen y que les permite que ellos piensen que
tienen un status superior al de los trabajadores. Empezando
porque son blancos. El libro plantea en uno de los capítulos
que no hacen discriminación racial con respecto a los judíos,
lo que me parece bien, pero sí hacen discriminación racial
con respecto a los provincianos a los cuales califican de
negros. Creen que tienen una ética y que eso los diferencia
de los trabajadores a los cuales, siguiendo los valores de la
clase dominante, califican de vagos, analfabetos, incapaces o
racialmente inferiores.
Por otro lado, la clase media cree que es muy culta. Y lo es
en la medida en que se informa de los literatos europeos, de
conocimientos enciclopedistas en el colegio, como cuándo fue
emperador Carlomagno. Pero desconoce cosas de la economía
concreta o las cuestiones fundamentales de la historia
argentina. Entonces, a partir de esto Juan José Hernández
Arregui dice que es más o menos culta y más o menos
ignorante. Es culta a veces de las cosas que no sería
importante saber. Sería más importante conocer profundamente
lo que uno tiene a su alrededor y después si uno conoce lo
otro, mejor.
El libro termina con el episodio del 19 y 20 de
diciembre. ¿Cómo interpreta hoy esos acontecimientos?
Inocencio Esquilmao (el
personaje que representa a la clase media) está en Plaza
de Mayo con sus contradicciones, pero está. Y protagoniza el
derrumbe de un gobierno. Se lanza a la plaza cuando Fernando
de la Rúa impone el estado de sitio. Era la gota que faltaba
para convencerlo de que todo el discurso retórico acerca de
las instituciones del que hablaba De la Rúa no tenía
sentido. A Inocencio se le derrumbó la creencia en los
bancos, en la Corte Suprema, la idea de que los legisladores
eran los padres de la patria y que eran tipos prestigiosos. Se
la ha venido cayendo mito tras mito. El último fue cuando De
la Rúa, que era la expresión de las instituciones, dicta el
estado de sitio para reprimirlo a él. Entonces, Inocencio es
protagonista y después de la caída del gobierno empieza a
buscar caminos. Abandona la Plaza de Mayo y a la semana
siguiente está en la asamblea del barrio, se consustancia con
la cacerola dejando el televisor del sábado a la tarde. Busca
un camino en las asambleas populares. Es difícil encontrar el
camino y allí no sólo la dificultad está dada por las
contradicciones propias del hombre de clase media sino por la
impotencia de la clase dirigente que no sabe darle cauce político
a este movimiento. Los sectores que se denominan de izquierda
van a las asambleas a tirar fuegos de artificio, a hacer
petardismo ideológico y en muchos casos lo asustan. (Rinnngggg...
Rinnngggg...)
- Esperá que dejen el mensaje y seguimos conversando- dijo.
- No hay problema- le respondí.
- “Habla Alberto. Llamaba para desearte feliz cumpleaños.”
Esbozó una sonrisa y rápidamente pidió que siguiéramos
adelante.
- En qué estábamos- preguntó Galasso.
- Ud. se refería a los partidos de izquierda y su intención
de imponerse en las asambleas.
Ah, esto significa que en muchos casos este hombre de clase
media se asusta, se espanta, observa el espectáculo insólito
de que dos grupos de izquierda se enfrentan belicosamente para
ver quien se queda con la asamblea. Es decir, esto que a él
le parecía un mecanismo importante también se le frustra en
gran medida. Todavía hay algunas asambleas que funcionan,
otras han derivado en algún tipo de asistencialismo, realizan
actividades, etc. Pero el gran movimiento asambleísta que podía
esperarse tras la caída de De la Rúa, en vez de concretarse
en un cauce político nuevo –había algunos referentes que
la gente reconocía- no se desarrolló. Un poco por las ideas
de John Holloway, que se han puesto de moda desgraciadamente,
y otro poco por la incapacidad política, es que esto no se ha
hecho. Entonces, ese hombre está allí, no es como dicen
algunos “ha vuelto a la cacerola decepcionado”, porque al
que le picó el bichito de que él puede ser protagonista, de
que tiró abajo un gobierno, yo creo que potencialmente está
en condiciones de volver a sumarse a una caravana popular en
la medida en que eso se pueda organizar.
Sin embargo, ha tomado conciencia de modo parcial, por
momentos...
Inocencio tiene esas limitaciones propias del hombre que
ha sido gran parte de su vida pequeño comerciante. Las campañas
de precios máximos y demás le ponen los pelos de punta.
Aunque él tenga reservas con lo que denomina el
“intervencionismo estatal”, es un hombre que puede
incorporarse en un gran frente, si se le explica que el
objetivo es que haya mayor consumo. En el libro relato que
cuando se le dice a Inocencio que la política económica que
podría aplicarse provoca que la gente compre más camisas, él
que es un vendedor de camisas dice: “Ah, eso del Frente
Nacional de Liberación me interesa”. Entonces, tenemos que
verlo desde ese aspecto. No podemos idealizar y pensar que el
hombre de clase media puede dejar de serlo y convertirse en el
Che Guevara. Él piensa que si hay una reactivación y aumento
de la demanda su negocio va a andar mejor. Y va a colaborar en
un cambio hasta un cierto punto. Quizás con el correr del
tiempo, se profundicen las transformaciones y a lo mejor va al
decir: “Bueno, yo a esto no lo acompaño”. Por ejemplo, es
el caso de las fábricas recuperadas, las cooperativas, se le
hace muy difícil de entender a este hombre de clase media.
Escenarios
La pregunta ineludible en estos días es acerca de los
primeros meses de gestión del gobierno de Néstor Kirchner.
Para Norberto Galasso hay algunos puntos positivos, como los
esfuerzos para depurar la Corte Suprema de Justicia y el PAMI,
y la derogación del decreto 1581/01 que impedía la extradición
de militares. “Consiguió el apoyo, según dicen las
encuestas, de más del 80% de la población. Aunque yo tengo
dudas con respecto a la economía. Hay mucha presión que
ejercen los grupos económicos que quieren un salario bajo
para los trabajadores. Y, como dicen algunos abogados
laboralistas, ‘la desocupación es como un revolver en la
sien para el desocupado’”, reflexiona.
En 2002, publicó un libro sobre la historia de la deuda
externa argentina titulado “De la Banca Baring al FMI”. En
ese sentido, afirma: “Alejandro Olmos hizo una
investigación y detectó todas las irregularidades en las
sucesivas negociaciones. Además, el juez federal Jorge
Ballesteros dictaminó que la deuda externa que se contrajo
entre 1976 y 1982 era, en gran parte, ilegal. Por eso, envió
la causa al Congreso y ahí duerme desde hace unos años. Creo
que, desde el punto de vista estratégico, debería
conformarse un club de deudores en América Latina y plantear
una postura fuerte para negociar”.
¿Cómo ve la situación política latinoamericana?
Claramente Lula no está haciendo lo esperado, está aplicando
una política económica ortodoxa. Pero soy prudente para
opinar acerca de Brasil desde tan lejos, si ya resulta difícil
analizar la situación argentina. Sin embargo, creo que Lula
sigue apostando a afianzar el MERCOSUR y los lazos con los países
latinoamericanos. En el caso de Lucio Gutiérrez en Ecuador,
en realidad, no confiaba en él sino el la confederación indígena
que lo apoyó y que ahora lo está cuestionando por el rumbo
que está tomando su gestión.
En cambio, hay más expectativa en la figura de Evo Morales
que casi gana las elecciones presidenciales en Bolivia y en el
Frente Amplio que se va a imponer seguramente en Uruguay.
¿Y Venezuela?
Venezuela, con Hugo Chávez a la cabeza ya ha resistido dos
intentos de golpes de Estado. No es frecuente en América
Latina que los derrocamientos o intervenciones no resulten
exitosos. Un grupo de militares se negó a reprimir y fue el
pueblo -millones de personas- que bajó desde los cerros a
reclamar por el presidente hasta que retornó al poder.
En la actualidad, el campo popular está fragmentado. Por
ejemplo, en Argentina hasta las organizaciones piqueteras están
divididas. ¿Cómo construir un proyecto político que
reunifique los distintos sectores?
Si lo supiera...(risas).
Sin dudas hay que formar un nuevo proyecto político que
incluya a los sectores medios, populares, etc. Hoy hay una
gran fragmentación. Puede ser articulado desde arriba, por
ejemplo, a partir de Kirchner, como no. En Venezuela los dos
partidos tradicionales –Acción Democrática y Copei-
estaban totalmente desprestigiados y entonces surgió Hugo Chávez,
dentro de las Fuerzas Armadas. Acá pasa lo mismo, los
dirigentes no representan a nadie. Todavía no ha emergido
ninguna opción. Aunque creo que en este momento está
resurgiendo una conciencia nacional y latinoamericana que se
da porque existe una identidad e historia común.
Sin embargo, todavía hay muchas rivalidades. En muchos casos,
hay individualismos de tipos que quieren ser ellos y no están
dispuestos a integrarse con otros grupos. Creo que la realidad
social va a imponer una fuerza nueva que sea capaz de
confrontar en las cuestiones que sean necesarias. Esta fuerza
seguramente tendrá detrás la historia de lo mejor del
yrigoyenismo, del peronismo, de la concepción de San Martín,
y de los movimientos latinoamericanos. ¿De dónde puede
salir? Es una incógnita. Hay que estar preparados, atentos a
todo lo que tienda a unificar el campo popular. La única
clase que no se fragmenta es la dominante, y es como dice
Luckacs, la única clase en sí y para sí.
A lo largo de la entrevista, que se extendió por una hora y
media, el historiador recibió cuatro llamados para saludarlo
por su cumpleaños. Cuando me retiraba, Galasso me comentó
que estaba trabajando en un ambicioso proyecto: la historia
del peronismo. Anochecía en Parque Chacabuco y la llovizna
era cada vez más espesa. En ese momento, recordó que en el
bar de la esquina lo esperaba un amigo. Tal vez era el propio
Inocencio Esquilmao. Arriba
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