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LEON
ROZITCHNER ANALIZA LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
"Ha
tenido un rol antinacional"
En una entrevista exclusiva, el reconocido filósofo y ex candidato a
rector de la UBA critica el actual diseño del poder en la
mayor casa de estudios de la Argentina: “Es un centro
oligárquico”, dispara. La relación de la universidad y la
sociedad es el eje de un diálogo picante sobre una
institución que supo dar grandes profesionales en el siglo XX
y que hoy plantea un interrogante acerca de su eficacia y
finalidad.
Por
Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
En otros tiempos estaba en boca de todos por ser cuna de
Premios Nobel en diversas ciencias. Hoy, la Universidad de
Buenos Aires (UBA) no sólo sufre los trastornos que provoca
el ahogo presupuestario general de toda la educación superior
pública, sino que a su vez muestra un esquema de poder
antidemocrático que la aleja de los intereses de la sociedad.
Esto es lo que se desprende del análisis que hace León
Rozitchner, prestigioso filósofo y profesor de la Facultad de
Ciencias Sociales, sobre la actualidad de la casa de estudios
que tiene asignada la mayor partida de dinero entre todas las
instituciones de este tipo del país.
Rozitchner fue candidato a rector cuando en abril del año
pasado se eligió a Guillermo Jaim Etcheverry. En ese momento
contó con el apoyo de un gran grupo de intelectuales de todas
las áreas. Muchos de ellos han presentado junto a él durante
el mes de junio, una propuesta de reforma del estatuto de la
UBA, buscando “democratizarla”, terminar con el trabajo
gratuito y revalorar la trayectoria de los profesores en la
participación de la conducción universitaria[i].
Para conocer a fondo las raíces de esa movida, Segundo
Enfoque dialogó con el autor de "La cosa y la
cruz" y "Freud y el problema del poder" sobre
los vicios que hoy deja ver la UBA, desde su dirigencia hasta
en sus proyectos de investigación, evaluando sus
responsabilidades frente a la comunidad, y su desempeño de
los años recientes.
¿Cuál es el principal problema en el funcionamiento de la
UBA?
La UBA es un centro oligárquico. Centro oligárquico
dominado por una minoría de algunos egresados que forman, con
algunos profesores, un sistema que es una trampa: no todos los
profesores de la universidad tienen acceso al nombramiento de
las autoridades. El rector no es elegido por la masa de
profesores de la universidad sino solamente por aquellos
profesores que han pasado un concurso para ser profesores.
Pero resulta que la universidad no llama a concurso a todos
los profesores. En segundo lugar, hay una gran cantidad de
profesores interinos, que tienen también la misma
responsabilidad y que han entrado también por las
credenciales que han podido ostentar y por lo tanto han sido
nombrados, y a esos profesores a pesar de tener tiempo en la
universidad, nunca se los llamó a concurso y no tienen
derecho a elegir al rector. Tampoco lo tienen los profesores ad
honorem, aquellos que trabajan sin cobrar –uno de los
pocos lugares del mundo donde se trabaja por el honor-, así
como una gran cantidad de ayudantes ad
honorem.
Entonces resulta es que hay un grupo de profesores que son los
únicos representados y que son los únicos que tienen derecho
a elegir a las autoridades. Por lo tanto las autoridades
siguen un camino que evidentemente no es el que las mayorías
democráticas podrían señalarle, sino que tienen que entrar
en contubernio con las autoridades políticas que son las que
a fin de cuentas nombran rectores y autoridades en general.
Hay que reformar el estatuto de la universidad para
democratizarla.
¿De qué modo funciona ese “sistema” que Ud. menciona?
Los profesores tienen un 50 por ciento de la decisión, de
todo lo que se vote en el Consejo Superior. El 25 por ciento
corresponde a los egresados y el 25 por ciento restante
corresponde a los estudiantes. Resulta que del 25 por ciento
que corresponde a los egresados tampoco acceden todos los
egresados sino que son pequeños grupos de profesionales que
tienen entidades, que se agrupan –sobre todo respondiendo a
intereses políticos, como fue últimamente con Franja Morada,
etc.- y que son los que en relación con los profesores que
nombran a los rectores, se han hecho cargo del desarrollo de
la universidad, que ha tenido un sentido antinacional.
¿Por qué es antinacional?
La UBA es la única universidad del país que no lleva el
nombre de “Nacional”. Cabe preguntarse si esto no es un
signo muy claro de que los intereses que regulan a esta
universidad no tienen nada que ver con la nación. Y de hecho
no tienen mucho que ver con la nación, porque en épocas de
desarrollo y de crisis, donde la universidad tendría que
cumplir el papel para el cual recibe fondos que no son sólo
del Gobierno, sino que son fondos de la nación, no lo cumple.
¿Cómo tendría que actuar una casa de estudios como la
UBA, de cara a la sociedad?
Tendría que estar al servicio de las mayorías nacionales
y del desarrollo del país. Ni en el caso de Economía ha
salido una crítica teórica de la universidad dirigida a la
destrucción del país que efectuó el neoliberalismo a través
de la cabeza insigne y miserable del ex presidente (Carlos)
Menem. Tampoco lo hizo a nivel de la necesidad del
desarrollo industrial, y hay facultades que se ocupan de eso
como la de Ingeniería. Como tampoco ha habido en el campo de
la Sociología una manifestación donde la facultad se
pronuncie criticando la situación social actual. Como tampoco
en Medicina mucho menos lo han hecho. Es decir, los médicos
han entrado por una parte a favorecer a la industria privada
de la medicina y eso se nota en el desarrollo mismo del saber
y de la aplicación científico-teórica y aplicada de la cura
y por lo tanto de la salud. De modo tal que la Facultad de
Medicina nunca apareció haciendo una crítica que es la que
le correspondía. Porque ellos son los que conocen y son los
que tienen la capacidad de discriminar claramente cuál es el
sentido de la aplicación capitalista a la salud, que es la
destrucción de la salud como se ha llevado a cabo. Entonces,
puede decirse que esta universidad que perdió el nombre de
“Nacional”, lo ha perdido porque se desinteresó de los
problemas que atañen a la población.
No hay emprendimientos de investigación con los ojos
puestos en las necesidades sociales. ¿Esto también es una
“universidad antinacional”?
Se trata también de romper definitivamente con esta
organización que viene desde el Fondo Monetario
Internacional, pero sobre todo desde el Banco Mundial y que
marca cuáles son las formas de desarrollo y de organización
de las investigaciones del país a través de los acuerdos que
llegan para pagar y subvencionar las investigaciones. Estas
subvenciones, que son préstamos, vienen acompañadas de una
reglamentación, que conspira contra el desarrollo colectivo y
nacional de nuestros propios intereses. Vienen con los
caracteres de los grandes centros mundiales del desarrollo
científico, para producir aquí aquellas personas, aquellos
investigadores que luego se van a trabajar a otras
instituciones, habiéndolos pagado nosotros.
En esto el trabajo de investigadores y científicos se ve
afectado primordialmente.
La ciencia y el saber en la universidad están
disgregados. Se estudia Física, pero no saben nada ni de
Economía ni de Psicología ni de Ciencias ni de Historia. Es
decir, están todos los saberes en la universidad disgregados
y separados, atomizados, como si el hombre que ejerce el
conocimiento no fuera una persona completa cuya primera
inclusión es su inclusión social como ciudadano en el país,
para lo cual tendría también que saber y estar incluido en
el campo de la economía del país y de la sociología del país,
y en el campo de la salud del país. Y también en el campo de
las necesidades que el país tiene, no consideradas únicamente
desde la perspectiva de la propiedad privada de los medios de
producción, como lo hace el capitalismo en las grandes
empresas, sino también desde la perspectiva de desarrollar
aquellas áreas que no pueden hacerlo porque carecen de un
saber adecuado para poder desarrollarse.
¿Estas políticas universitarias, desde su visión,
apuntan al arancelamiento de la educación superior en la
Argentina?
Lo importante en sí no es el riesgo arancelatorio. Las
autoridades pueden tranquilamente no arancelar, pero ajustar
la universidad como lo están haciendo ahora con el doctor
Jaim Etcheverry al frente, impidiendo que haya por lo tanto un
mayor acceso de la gente, o haciendo que el acceso que haya no
cuente con los profesores adecuados para que la enseñanza
alcance un nivel adecuado. Es decir que la enseñanza puede
venir de muchas maneras, es decir, no se arancela afuera, pero
se ajusta sobre los profesores adentro. Y es así como se ha
iniciado una campaña para excluir -porque no hay fondos- a
los profesores jubilados, a los profesores contratados, de
manera tal de ir disminuyendo desde el interior de la
universidad su capacidad de cumplir la función que tiene para
poder crear una gente que sepa y que pueda hacerse cargo de
ocupar el lugar que tiene el saber en el desarrollo del país.
¿Qué posibilidades tienen las agrupaciones políticas
estudiantiles de modificar las fallas que Ud. señala en la
universidad?
Los estudiantes ponen el énfasis únicamente en esto del
arancelamiento, y el arancelamiento, siendo un tema
fundamental, se lo pueden conceder como lo han concedido hasta
ahora. A las autoridades les importa poco arancelar cuando
saben que el ajuste lo pueden hacer adentro. La universidad va
a cambiar la estructura real de poder cuando todos accedan a
la votación, ahora de eso no se ocupan para nada los
estudiantes y menos aún los grupos de izquierda. Ellos hacen
política para afuera, respecto del país, cuando tendrían
que hacerla para adentro, respecto de la universidad, y desde
la universidad entonces sí para afuera. Para poder tener
influencias afuera, es previamente necesario conquistar el
campo de poder adentro y parece que los estudiantes tratan de
captar el poder afuera, en las asambleas, en los gremios o
donde fuese, y dejan de hacerlo en el lugar en el cual a ellos
les corresponde actuar, que es el campo de la universidad.
Después de reconquistar democráticamente la universidad, se
podrá entonces ir hacia fuera de una manera más adecuada.
Que la facultad de Sociología diga ‘bueno vamos a tal fábrica
recuperada’, es ínfimo respecto de la real potencia de lo
que se puede crear en el campo universitario.
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