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ENTREVISTA CON ALFREDO MARINO, ESPECIALISTA EN CINE

"Una estética de la carencia"

A la luz de los nuevos movimientos de cineastas independientes y documentalistas aparecidos en la Argentina para filmar la movilización social, trazamos un paralelo con las agrupaciones pioneras de los años sesenta. En diálogo con el titular de la cátedra de Historia Analítica de Medios Argentinos y Latinoamericanos de la Universidad de Buenos Aires, Alfredo Marino, se buscan similitudes y diferencias. De “Pino” Solanas y Raymundo Gleyzer, hasta ADOC.

Por Jairo Straccia

¿Cómo surgen y con qué significado movimientos como el Grupo Cine de Liberación y Cine de la Base?
Antes que un movimiento renovador nacional, el cine político de los 60s es una toma de conciencia de integración latinoamericana. Nace en forma aislada con experiencias como las cubanas, brasileñas o las argentinas encarnadas en diferentes películas con un contenido de fuerte crítica social. Seguramente episodios como: “El Bogotazo”, en Colombia (1949); una rebelión obrero-campesina en Bolivia (1952); el gobierno nacionalista de Juan Domingo Perón derrocado por una supuesta Revolución Libertadora (1955) y la Revolución Cubana (1959) generan una conciencia política en jóvenes intelectuales que comienzan a ver la posibilidad primero de criticar la realidad y posteriormente de transformarla. 
En la Argentina, Fernando Birri (“Tire dié”, 1956-58; “Los Inundados”, 1961) promueve una generación de realizadores comprometidos políticamente, en algún caso orientados a la tarea de apoyar el retorno del exiliado Juan Domingo Perón, en otros casos abrazando la causa de la izquierda tradicional. Por un lado, el Grupo Cine Liberación (“La Hora de los Hornos”,1966-1968) contando con Fernando Solanas y Octavio Gettino en la realización y por otro lado el grupo Cine de la Base con Raymundo Gleyzer, “desaparecido” por la dictadura militar, realizador de “Los Traidores”, 1973.

¿En qué contexto se produjeron aquellos nacimientos?

La sociedad en los años ‘60, no sólo en la Argentina sino en toda la región, generó esos movimientos radicales a nivel cinematográfico. La tecnología ayudó ya que la cámara de 16 mm., la de 8 y súper 8 mm., el magnetófono y películas más rápidas dieron por resultado que existiera la posibilidad de alejarse de los estudios y acercarse a la realidad como ya los “neorrealistas” lo habían propuesto.

¿Y qué es lo que hoy provoca que se dé un proceso con características similares?

Hoy, la realidad nos enfrenta a múltiples discursos originados a partir de la libertad de expresión, la propagación en los últimos diez años de muchas escuelas de realización audiovisual, la importancia que tienen los medios de comunicación masiva y, entre otros factores, la cantidad de jóvenes que tienen la necesidad de comunicarse y disponen ahora con cierta facilidad de cámaras de video, más o menos sofisticadas, ordenadores, editoras, etc., les permite representar simbólicamente la realidad. Y aquí lo interesante es que la forma adoptada puede ser tanto la de la ficción o el documental.
En el primer caso y desde 1995 a partir de “Historias Breves”, hemos visto evolucionar a muchos directores que en la ficción encontraron su forma de expresar la realidad que una gran parte del país no veía embriagado por la utopía de un ilusorio “primermundismo”. Es la época de Adrián Caetano, Bruno Stagnaro, Lucrecia Martel, Pablo Trapero, y muchos que encuentran algún apoyo institucional y se largan con sus operas primas.

¿Y en cuanto a los documentales?

El caso del documental cobra fuerza algunos años después, cuando la crisis agobia y el riesgo país ya no asombra con sus cifras, sino que se hace carne en la población con los “cartoneros” avanzando como hordas hasta el mismo centro de la ciudad. Diferentes grupos políticos ven en la fuerza del documental la posibilidad ya no sólo de mostrar la realidad sino la de adherir voluntades para transformarla en beneficio de una población empobrecida y marginada.
¿Qué ocurre con respecto a los objetivos: son los mismos hoy que hace cuatro décadas?
Este es un tema interesante ya que al mismo tiempo que los primeros grupos nombrados más arriba buscaban transformar el lenguaje para desprenderse de las tradiciones, también vieron que la forma de distribución y exhibición deberían ser diferentes. En 1969 un documento interno elaborado por el Grupo Cine Liberación daba cuenta de la forma en que se tenía que exhibir la película “La Hora de los Hornos” en función de que, inscripta en el llamado “tercer cine” o “cine militante”, cumplía una misión política. La difusión del film se hacía fuera del circuito de cines comerciales; por un lado oponiéndose a la bien aceitada maquinaria cinematográfica norteamericana y, por otro, debido a las persecuciones, censuras y prohibiciones de las cuales eran objeto. Es interesante ver cómo en ese informe se promueve el Acto, o sea una propuesta en la cual el film o su exhibición no es el objetivo final, sino una herramienta para el debate y la reflexión crítica, tanto es así que se sugiere la intervención de grupos musicales que amenicen las reuniones sin faltar la posibilidad del mate o el vino. Actualmente se mantienen los mismos objetivos.
Y sobre los temas abordados, ¿pueden señalarse distinciones?
Los temas abordados en los dos períodos son diferentes. La preocupación en los años ‘60 se centralizaba en el concepto de neocolonización y su toma de conciencia. Tanto el Grupo Cine Liberación como el Grupo Cine de la Base y otros realizadores, luchaban por la integración latinoamericana y la independencia cultural y económica agitando a las masas y proponiendo la violencia como una de las alternativas posibles.
El cine documental actual encuentra sus temas en la urgencia de los problemas cotidianos y nacionales: los “piqueteros”, las marchas de los “acorralados”, las fuertes represiones, la marginación, etc.
¿Con qué medios cuentan las agrupaciones que hacen cine al margen del circuito comercial?
Tanto en los años ‘60 como en la actualidad, la característica es la de la carencia y de eso se hizo oportunamente una estética. Alejarse de la perfección del cine de Hollywood, al mismo tiempo de ser una obligación es una necesidad para poder expresarse libremente.
¿Qué perspectivas y recursos cinematográficos utilizan? ¿Hay algún correlato con el significado de las obras?
Por supuesto que la inmediatez de la imagen videograbada permite una mayor instantaneidad en su elaboración, distribución y exhibición, menores recursos humanos permiten un producto más fresco y dan una sensación de poder intervenir sobre la misma realidad que nos rodea.
¿Qué características presentan los destinatarios del cine documental o militante? ¿Hay variaciones entre las primeras experiencias argentinas y el desarrollo de hoy?
En los años ’60, se limitaba a aquellos grupos politizados. Hoy si bien el espectro ideológico es mayor quizás la producción, se pueda diluir en la cantidad de experiencias que se presentan a diario. Por eso los movimientos de hoy o las producciones que salen de las escuelas o universidades generan un circuito de divulgación mayor que el que había antes. Sin embargo, al mismo tiempo es menor la cantidad de difusión por los medios de comunicación masiva que siguen viendo al cine documental como un objeto curioso que no atrae espectadores al circuito comercial. Arriba

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Luz y cámara para la acción

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