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UN CICLO QUE CRUZA EL DESTIERRO POR CAUSAS POLÍTICAS Y ECONÓMICAS

El exilio de ayer y de hoy, en teatro

Motivados por la partida de compatriotas que escapaban a la crisis de 2001, dramaturgos de la Argentina, con otros de España y México, escribieron historias marcadas por las sensaciones que provoca dejar la tierra a la que se pertenece. La mirada de los autores y de los intérpretes que ahora las ponen sobre las tablas. Las reacciones del espectador. El detalle de las obras.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

El recuerdo de los escapes durante la dictadura y el paisaje contemporáneo de las colas en los consulados dispararon en un grupo de dramaturgos argentinos la idea de volcar en un libro historias en torno al exilio.
La organización Unión Latina aceptó la propuesta de Susana Gutiérrez Posse, Susana Torres Molina, Susana Pujol, Jorge Huertas, Héctor Levy-Daniel y Lucía Laragione, y se convino también la inclusión de trabajos de seis autores de España y otros tantos de México. Desde el 30 de agosto, parte de todos ellos ha subido a las tablas del Teatro del Pueblo, en Buenos Aires, en el marco del “Ciclo Exilios”, gracias a un subsidio del Instituto Nacional del Teatro (ver aparte). Y en poco tiempo, la maratón teatral tendrá su contraparte en tierra europea y también en suelo azteca.
Lucía Laragione es autora de “El ganso de Djurgarden” y además es la coordinadora de los directores de las obras, cinco de las cuales siguen en cartel todavía en noviembre. Junto a Levy-Daniel, autor de “Destiempos”, y a la actriz de la misma historia Anahí Martella, la escritora compartió una ronda de café con Segundo Enfoque en su departamento, en un espacio rodeado de repisas blancas repletas de libros.
“El proyecto se plantea en 2002 a partir de la realidad social que vive la Argentina a fines de los años 90 e inicios del nuevo siglo”, sintetiza el prólogo del libro “Exilios -18 obras de teatro de autores argentinos, españoles y mexicanos”, publicado en noviembre de 2003 por la editorial Biblos.
“La gente se empezaba a ir y se empezaban a ir los amigos; fue en ese momento álgido donde se decidió a trabajar sobre este tema”, describe la dueña de casa mientras trata de mantener a sus perros fuera de la entrevista.
Un poco más de memoria, en voz de Levy-Daniel: “Acá hubo una recesión que empezó en 1998 y empieza a determinar una cantidad de exilios enorme”.

Definiciones

Exilios “políticos” y exilios “económicos”, intenta clasificar el cronista. “Todo exilio es político en un punto”, corrige Levy-Daniel, detrás de sus lentes que no tienen marco. Y reflexiona: “Cuando hay un montón de gente que se va, también es político; es una modalidad diferente, no es una dictadura, no está en juego la vida. La gente que se exiliaba en el 76 y 77, si se quedaba se jugaba la vida. Eso no sucede en 2001, pero sin embargo los dos son políticos”.
Según el texto, invitar a españoles y mexicanos fue una manera de compartir “una experiencia común”, pues Argentina y México han recibido inmigrantes desde la península ibérica tras la guerra civil y la caída de la República, y porque los argentinos han ido también a esos dos países en los años de plomo entre 1976 y 1983 y luego de la crisis económica de fines del siglo XX.
Y la cuestión de la lengua es un vínculo que también aúna a los desterrados de las tres naciones. “Exiliarse en la misma lengua es ‘exiliarse un poco menos’”, indica en el mismo prólogo Bernardino Osio, secretario general de Unión Latina.
Similitudes y diferencias a un lado, el exilio como tema. “Se definió exilio en el sentido más abierto, que permitiera que cada autor lo abordara desde donde más le resonara”, explica Levy-Daniel, licenciado en Filosofía que confiesa vivir para el teatro aunque no de él.

Encuadre

El autor de “Destiempos” reconoce que ha tenido muchas discusiones respecto de algunos emigrantes durante la última crisis económica argentina y se percibe que no han sido suaves. “Uno se puede ir si se está jugando la vida, pero otra cosa es ‘a mí el país me importa un carajo, si se hunde el país, que se hunda’; es una actitud individualista”, dice, pero deja más que claro que nunca introduciría esa crítica en la obra de teatro. “Porque la idea es al revés, es tratar de comprender a la gente que exiliada y no tomar partido en contra de los exiliados”, remarca.
No aspiran, como dice Laragione, a modificar conductas desde una obra de teatro, está claro. Pero sí querrán, primero, que la gente se interese, como señala la anfitriona, que la experiencia de escritura “sea profunda también para el espectador”, como opina Levy-Daniel, o que el público “se sensibilice, simplemente”, como concluye Martella.
Nadie dio lineamientos sobre cómo había que tocar el tema, aclara Lucía Laragione. “El exilio es un disparador, y cuando ves las obras, son 18 disparadores diferentes; cada autor es una individualidad y la resonancia es diferente”, grafica Levy-Daniel. La actriz de la mesa, que dice entre risas vivir de la actuación “en todas sus diferentes gamas y expresiones”, allana la idea: “El exilio es el marco y no la historia en sí”.
Por eso, quien haya ido al ciclo los dos últimos meses, o quien se acerque para ver la reposición de las cinco obras que continúan en el corriente, o quien, sin más, lea el libro, podrá conocer los amores nacidos o muertos por un exilio, las encrucijadas que genera el tiempo con los desterrados de ayer y hoy, los conflictos visibles y no tanto por causa de un desarraigo, el sentimiento de culpa y miedo del recién llegado, el prejuicio del anfitrión. Arriba

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