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LA
LUCHA DEL FRENTE DE ARTISTAS DEL BORDA
Arte por la desmanicomialización
Hace más de veinte años milita desde la música, la mímica o
la poesía por el cierre de los manicomios. En el Hospital
Borda, de Buenos Aires, un grupo de internados se transforma
en una compañía de creativos. Con sus obras trasciende los
muros y le apunta a una institución que es paradigma de la
segregación. El paso de “pacientes” a “talleristas”. “Con el
avance de la psiquiatría, los manicomios no tienen razón de
ser”, enfatiza su fundador y director, Alberto Sava.
Por
Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
Llego a Ramón Carrillo 375, en el borde sur de la
Ciudad de Buenos Aires, en ese rincón de la urbe donde la
sociedad amontona marginados: en una larguísima cuadra, están
el Hogar de Ancianos Rawson, el Hospital Infanto-Juvenil, el
neuropsiquiátrico de mujeres Braulio Moyano, y este lugar, el
Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio
Borda.
Llueve fuerte. Tras pasar por un pequeño predio, mezcla de
estacionamiento con patio, en el hall central ningún cartel lo
indica, pero a la derecha, a unos metros, está la “oficina”
del Frente de Artistas del Borda (FAB), una organización
independiente del hospital, que pelea desde el arte por el
cierre de los manicomios, empezando por este.
El FAB surgió cuando la Argentina se sumó a una corriente
mundial por la desmanicomialización. Desde 1984
desarrolla, entre otros, talleres de teatro, mímica, música y
letras con aproximadamente 120 de los casi mil internos que
tiene el hospital. Hace de los “pacientes”, “talleristas”, y
así los encamina en la creación artística, para que con las
obras traspongan los muros y vuelvan a sentirse personas.
El agua oscurece el gris de las paredes del establecimiento.
Alguien grita en un teléfono público. Deambulan jóvenes con
los ojos extraviados, y gestos que evidencian el efecto de la
medicación.
A menos de diez metros de una ventanilla donde se entregan
cajas con medicamentos, en el sector de Consultorios Externos,
detrás de una puertita amarilla, está Alberto Sava, el
fundador y director del Frente. Nacido en Venado Tuerto, hace
57 años, este actor, mimo y psicólogo social está entregando
ropa a una persona cuando golpeo la puerta. Quienes están
internados en este hospital agregan a su padecimiento mental,
la exclusión social.
La “oficina” del FAB es una habitación más angosta que larga.
Tiene la superficie de un baño, aproximadamente. Hay máquinas
de escribir antiguas patas para arriba sobre una mesa. Muchos
papeles. En las paredes hay dibujos, pinturas y afiches. El
FAB recaló allí, luego de que una intervención en el hospital
los dejara sin su lugar original.
Acomodados en dos banquetas, empieza la charla. Una
definición. “La locura es un desequilibrio emocional, que a
veces tiene que ver con estructuras personales, a veces con
consecuencias sociales. No lo llamaría una enfermedad. Es un
desequilibrio que necesita una contención, pero no el
encierro.” Ya se ve, Sava le apunta a la institución.
¿Por qué persiguen el cierre de los manicomios?
Se considera que los manicomios tal cual son no tienen más
razón de existencia. La Organización Mundial de la Salud
(OMS), en un congreso mundial de 1992, sugiere a los gobiernos
que vayan pensando alternativas al manicomio. Son lugares de
hacinamiento. El manicomio es considerado casi un campo de
concentración, con falta de libertad, maltrato, violación de
los derechos humanos, sobremedicación. No es una atención
hospitalaria, sino que es un lugar de resguardo, de exclusión,
de segregación, de separación de lo social. El manicomio tiene
una ideología casi fascista, en el sentido de recluir a la
gente.
¿Por qué?
Son lugares de mucha violencia, psíquica sobre todo. Lo
físico va desapareciendo pero el ametrallamiento que gira en
torno a la medicación hace de esa persona casi un trapo. Con
el avance que tuvo la psiquiatría, con la inserción del
psicoanálisis, de todos los trabajos que tienen que ver con el
deporte, la cultura y la comunicación, se ha generado un
dispositivo que hace que los manicomios no tengan razón de
ser. Hoy, con un tratamiento médico y psicológico, una persona
sale de la crisis. Entonces no tiene por qué estar encerrada.
Muchas personas quedan encerradas por un problema social: no
tienen trabajo, no tienen otro lugar.
¿Cómo se manifiesta esa violencia psíquica en la persona que
está internada?
Una persona que está encerrada en un hospital,
progresivamente deja de ser persona, se va convirtiendo en un
objeto, en un ladrillo más del hospital. Va perdiendo sus
pasiones, su deseo, su proyecto de vida, sus vínculos
sociales. Deja de ser una persona. (Enrique) Pichón
Rivière decía que para ser una persona hay que tener la
capacidad de pensar, decir y hacer. Aquí es como que todo eso
se pierde.
El arte, la herramienta
Los talleres de arte se hacen en el segundo piso del
antiguo edificio del hospital, que está en el centro del
predio actual, al que se llega atravesando pabellones y un
tramo del patio.
En el camino, Sava le pide a una mujer del personal de
limpieza que por favor pase a limpiar el lugar uno de estos
días antes de que se reanuden las actividades, tras el
intervalo de enero. El edificio fue otorgado al Frente tras 20
años de abandono.
Las paredes dan cuenta de ello. Están descascaradas, se ven
los ladrillos y en un sector hay escombros. Al pasar por el
primer piso, donde está la escuela de enfermería, el aspecto
es distinto. Es que en 1990, el gobierno de Carlos Menem
remodeló el lugar, y lo dejó en muy buenas condiciones. No fue
así con el salón que hoy usa el FAB. El motivo: los
talleristas se negaron a que tras las obras un busto de Eva
Perón decorase su espacio, como sí se puede ver que lo hace en
el piso de abajo.
Igualmente, los propios miembros del FAB restauraron gran
parte de las habitaciones. Las paredes están pintadas con
graffiti y se aprecia un ambiente ordenado. Hay otro espacio,
del otro lado, que requiere refacciones mayores y que hoy
aloja escombros y una vieja cama. Hace poco, fueron
especialistas de algunas empresas –enviadas por el gobierno de
la Ciudad- a presupuestar una eventual remodelación. Como no
es la primera vez que aparecen con esa promesa, en el FAB no
hay optimismo.
Las fuerzas están puestas en lo que viene: del 22 al 27 de
marzo, Mar del Plata será la sede del VIII Festival y Congreso
Latinoamericano de Artistas Internados y Externados de
Hospitales Psiquiátricos. Más de 500 personas, un 70% de
pacientes, expondrán sus obras. Sava fue el impulsor de esta
iniciativa que empezó en 1989 y que les valió un premio de la
UNESCO.
“El artista tiene dos caminos: o es afianzador de un sistema o
estructura familiar, social, política o económica; o –como
Pichón Rivière decía- debe ser un anticipador, un
transformador, un revolucionario.” Sava, mientras se toca la
barba entrecana, explica que él siempre se consideró en esta
línea del arte, para “revolucionar las ideas”.
¿Cómo ayuda el arte a una persona que tiene un sufrimiento
mental?
El arte convoca a esa persona a una tarea. Con eso,
recupera un deseo, el deseo de hacer algo artístico. En el
momento en que comienza a trabajar, generalmente es algo
grupal, y recupera así el vínculo con otros. El manicomio lo
va individualizando y despersonalizando, entonces así recupera
un vínculo, en relación a una tarea. Esa tarea lleva un
proyecto. El proyecto no es sólo la formación como artista
sino que haya una producción artística. Puede ser una obra de
teatro, una poesía, una pintura, música. Esa producción debe
salir del hospital.
¿Por qué?
Para que haya una proyección social. La voz acallada del
manicomio vuelve a circular en el afuera. Para nosotros es
obligatorio, es fundamental que esa persona que se vincula con
una tarea, que recupera su deseo, que pasa de una posición de
muerte a una de vida, salga del hospital. Si no sale del
hospital, la estructura institucional tiene una inercia que
hace que se vaya muriendo cualquier proyecto. Hay que salir.
¿Qué ocurre cuando la obra y su autor trasponen el
neuropsiquiátrico?
Cuando sale, pensamos que produce tres efectos. Un efecto
clínico. De la posición de muerte y ladrillo de hospital, a
una posición de vida, de sujeto con capacidad de pensar,
sentir y hacer, lo pone con capacidad de producir cambios para
sí y para los demás. Se posiciona desde un lugar ideológico en
el Frente de Artistas. Hay un efecto clínico, terapéutico,
humano. En segundo lugar, produce un efecto institucional.
Hasta no hace mucho tiempo, y todavía persiste en algunos
lugares, el hospital no quiere que se sepa nada afuera. Que no
se filtre información. Desde el momento en que sale la
producción artística, no sólo sale la producción artística
sino que sale la persona encerrada y puede denunciar lo que le
pasa acá adentro. La sobremedicación, la falta de libertad, el
maltrato, la mala comida, la mala vestimenta. Lo peor de la
sociedad está sintetizado en el hospital. Esto que resuena
afuera, vuelve adentro del hospital. Y genera un movimiento
nuevo. El tercer efecto es social. En la medida en que el
artista sale, el imaginario colectivo que hay respecto de la
locura se cambia. Hay nueva información y por lo tanto uno
afuera puede procesar el problema de la locura desde otro
lugar, no desde el encierro, que generalmente es una página
amarilla de la sociedad. El escuchar a un tallerista que canta
bien, que escribe bien, que dice una poesía, que va a un
festival, o a las marchas por los derechos humanos, que asiste
a los festivales de las huelgas, la gente se pregunta; ‘¿Por
qué está encerrado este tipo?’. Se posiciona la sociedad desde
otro lugar y no desde la ayuda religiosa, desde el decir
‘pobrecito el loco’.
¿Cuál es el techo del Frente?
Alguien dijo que el arte no puede hacer la revolución pero
puede ayudar a la revolución. Nuestro objetivo es que el
manicomio no exista más, que el Borda no exista más. Y
ayudamos a otros profesionales y grupos sociales a generar un
espacio de reflexión para que el manicomio no exista más.
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