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LA POLÍTICA DE SALUD EN ARGENTINA

"La mano invisible del mercado no previene ni cura"

Federico Tobar es autor junto al ministro de Salud, Ginés González García, del libro “Salud para los argentinos”, que engloba las principales ideas que respaldan una de las gestiones más elogiadas desde la crisis de fin de 2001. En diálogo con este medio, el especialista cuenta qué conceptos variaron desde los noventa hasta acá, cuáles son las presiones de los organismos internacionales y qué tiene que hacer el sector privado en un rubro donde “oportunidades de negocios no necesariamente significan oportunidades de generar salud”.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

Aunque con muchas limitaciones y como parte de administraciones de hombres poco fiables como Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, la gestión del ministro de Salud de la Argentina, Ginés González García, que comenzó tras la crisis de 2001, tiene logros tales que suscitaron desde la ira de la corporación de los laboratorios extranjeros y de sectores religiosos conservadores, hasta el acercamiento de gran parte de excluidos a un mejor cuidado de la salud (ver aparte).
Segundo Enfoque
contactó al hombre que -después del funcionario- más conoce sobre las reformas aplicadas: Federico Tobar, quien saltó de la “academia pura” a trabajar en la gestión de González García y actualmente es Coordinador General del Instituto de Desarrollo Económico y Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en San Pablo, Brasil.
Junto al ministro, es autor de un libro editado en 1997 y 1999 con el nombre “Más salud por el mismo dinero”, que este año ha sido nuevamente publicado con el título de “Salud para los argentinos”, y que pasó de ser un texto de propuestas a un resumen del pensamiento de quienes deciden el rumbo de la salud en la Argentina.
Doctor en Ciencia Política y Economista de la Salud, Tobar contó en una entrevista por correo electrónico desde su oficina, cuáles son las principales ideas que respaldan las medidas tomadas, abundó en cómo impacta el fenómeno de la globalización en la salud, qué rol le cabe en esta materia al sector privado y cuál debe ser la relación entre salud y mercado.
¿Cuáles son los principales ejes que variaron en materia de salud en la Argentina de la década del 90 a la actualidad?
En primer lugar, hoy volvimos a tener política, y en los noventa sólo teníamos mercado. La política de salud renació de sus cenizas. Durante los noventa se fue desgastando progresivamente. En 2001 tocamos fondo y luego los argentinos volvimos a creer en el Estado y en la política. Comprendimos que la mano invisible del mercado no previene ni cura. En segundo lugar, hoy tenemos un modelo de división del trabajo en salud. Comprendimos, también, que el sistema de salud es como una gran orquesta. Teníamos los músicos. Teníamos los instrumentos. Solo hacía falta un director y las partituras adecuadas. Hoy el director es el ministerio nacional y el COFESA (Consejo Federal de Salud – conformado por todos los ministros provinciales) y la partitura es el Plan Federal de Salud.
La cobertura de salud es uno de los sectores que los Estados nacionales deben asegurarle a la población. ¿Cómo juega el fenómeno de la globalización en esta tarea?
Hay que tener cuidado al analizar la cobertura porque en general tendemos a restringirla a la población afiliada a obras sociales. Cobertura es acceso a los servicios de salud. Entonces, podemos decir que la cobertura aumenta cuando más gente accede a más cuidados y que disminuye cuando la cantidad de gente que accede o los cuidados, se retraen. En la Argentina, en particular la cobertura en términos de prestaciones garantizadas creció. Por otro lado, se retrajo primero la cobertura poblacional en prepagas, luego en obras sociales. Pero la del sector público creció.

¿Y cuál es el impacto de la globalización?

Globalización es la palabra que hemos adoptado para referirnos a la integración de los mercados. Las dos caras opuestas de la globalización son la integración de los mercados y la diferenciación de las personas. En salud también sucedió eso: por un lado, la globalización uniformizó y por el otro diferenció. Uniformizó porque una de sus consecuencias ideológicas es que las recetas tendieron a unificarse y que los organismos internacionales, que ya nacieron globalizados, pasaron a ser los grandes (por no decir los únicos) recetadores. Así, todos los países padecieron la epidemia del reformismo y todas las reformas tendieron a parecerse. El discurso único e incuestionable fue privatista, fue mercadista, estuvo más preocupado con la curación que con la prevención, con la alta complejidad que con la atención primaria y descentralizó evadiendo las responsabilidades del Estado central. Palabras como “desregulación”, que fueron emblemáticas en los noventa, dan testimonio de la receta global. Por otro lado diferenció, porque la receta única (o global) en salud significó fragmentación de los sistemas. Por un lado se preservó todo lo que podía ser preservado para el mercado. Por el otro lado se separó la protección de aquellos que se quedaban fuera del mercado y solo podían acceder a servicios públicos.
¿Cuál fue el resultado sobre la cobertura?

Claramente, una mayor inequidad. Los que hoy tienen mayor cobertura, tienen mucho más que antes. Los que hoy tienen menor cobertura tienen igual o algo más de acceso que antes. No es justo decir que la cobertura se retrajo. Claramente hoy hay muchos más latinoamericanos que tienen acceso a servicios de salud que hace diez o veinte años. Lo que se incrementó es la diferencia entre los cuidados de salud a los que acceden los ricos y los cuidados de salud a los que acceden los pobres.
¿Cuánto influyen los organismos internacionales –para bien o para mal- en el diseño de las políticas de salud?

No existió un consenso de Washington en lo social. Sin embargo, como dije antes, si hubo una receta única para las reformas en salud. Sintetizando, se puede afirmar que hubo dos megatendencias en las reformas sociales. La primera fue el desplazamiento de las decisiones desde lo central hacia lo local, lo que hemos bautizado como descentralización. La segunda es el desplazamiento de la provisión de servicios desde el Estado hacia el mercado, a la que hemos llamado privatización (aunque admite múltiples formas de combinación público – privado).
Una megatendencia es aquella tendencia que cumple con cuatro requisitos: primero, es prácticamente ineludible. Segundo, está asociado a otras megatendencias. Tercero, es generadora de otras tendencias menores y, cuarto, es representada como irreversible, por lo menos a mediano plazo. En ambos casos los organismos internacionales fueron los principales vectores y difusores de las megatendencias de reforma y de aquellas vinculadas como la focalización de las acciones, el financiamiento de la demanda, la desregulación de los mercados.

Tentación

“La salud es una fuente de ganancia financiera muy atractiva para el capital internacional”, dice el texto. ¿Por qué?
Como sector de actividad económica el sector salud constituye el segmento más dinámico, con mayor crecimiento, con mayor ritmo innovativo, con mayor capacidad de generar empleo. Es fácil vincular estas señales con oportunidades de negocios. Sin embargo, es importante señalar que oportunidades de negocios no significan necesariamente oportunidades para generar salud. Quiero decir que se puede acumular capital en el sector salud pero no creo que se pueda acumular capital acumulando salud para todo un pueblo.
¿Hasta dónde es positivo el avance del sector privado en el sector de la salud?
Aún hay mucho terreno por el cual puede avanzar el mercado en salud. Inclusive, es posible pensar, como lo han hecho algunos, en un país sin servicios gubernamentales de salud. Lo que no es posible es pensar en un país sin servicios públicos. Sin objetivos de salud pública, sin protección y acceso para los más vulnerables, aquellos que no acceden a los cuidados médicos a través del mercado. En otras palabras, la Argentina puede continuar teniendo, prepagas, laboratorios y consultorios y clínicas privadas. E incluso, también es posible que en algunos casos ellos perciban recursos públicos por colaborar con acciones de salud pública, como por ejemplo un seguro materno infantil garantizado con recursos fiscales. Lo que es impensable es que la regulación no avance. Cada vez habrá más y mejor regulación de los mercados de salud. De los aseguradores, de los prestadores y de los productores de bienes como medicamentos, insumos y tecnología médica.

¿Cuánto le cuesta al Estado atender a un enfermo y cuánto gasta en prevención?

En total todos los servicios médicos públicos (nacionales, provinciales y municipales) en todos los niveles (desde los centros de Atención Primaria hasta los hospitales de alta complejidad), ejecutan unos $4.800 millones anuales. Esto es $22,4 por habitante al mes. Mientras que en acciones colectivas como prevención, promoción y regulación se gastan alrededor de $1.800 millones, lo cual representa $4,3 por habitante al mes y es un 7% del gasto total en salud del país.

¿Cuáles son los problemas adicionales en la atención de la salud, en un país con la mitad de sus habitantes en la pobreza?

La salud se produce socialmente y, por lo tanto, es más difícil cuidar y preservar la salud de una población empobrecida. Ahora, si bien hay una relación entre salud e ingreso, ella no es lineal. Un sistema de salud que funciona y con políticas de salud activas puede contener el efecto de la reducción del ingreso y del empobrecimiento. Sino sería difícil explicar por qué Estados Unidos, el país más rico del mundo presenta indicadores de salud peor que todo Europa, Japón, Canadá, que Cuba e incluso, en algunos casos que Costa Rica y Chile. Las protecciones sociales, entre ellas las sanitarias, son amortiguadores del impacto que la recesión y la pobreza generan sobre las personas.
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