Por
un fotoperiodismo ético
La
creencia de que una imagen vale más que mil palabras se pone
en duda cuando se descubre que las fotografías pueden ser
retocadas o manipuladas. Becquer Casaballe es periodista y fotógrafo,
editor de la revista Fotomundo, ha sido reportero gráfico en
prestigiosos medios argentinos y ha publicado en agencias
internacionales. A su vez, ha expuesto en España, Estados
Unidos, Rusia, Francia y otros países, y en este artículo
recorre casos en los que la fotografía fue modificada con
intereses políticos y comerciales.
Por A. Becquer Casaballe*
La ética constituye el aspecto sustancial de la filosofía
que trata sobre la moral y las obligaciones comunes a todos
los hombres, distinguiéndose de la ley porque ésta, en
cambio, es un ordenamiento realizado por el Estado al que, teóricamente,
todos deberían someterse.
Se supone que los psicoanalistas no deben difundir lo que les
relatan sus pacientes ni los curas lo que escuchan en el
confesionario. Los médicos tienen el compromiso de agotar
todos los medios para preservar la vida de las personas, el
periodista tiene que informar sobre hechos que son noticia y
el fotógrafo debería registrarlos. Esto no es ninguna
novedad, así que el fotoperiodismo, como cualquier otra
actividad humana, debería estar sujeto a la ética.
En la Argentina, lamentablemente, parecería que lo único que
interesa es que el fotógrafo sea capaz de hacer
"buenas" imágenes, sin importar los medios. Esto se
ha convertido en la tradición dominante de la "anti-ética",
donde la verdad y el respeto por los lectores queda en un
segundo plano.
La tan mentada "objetividad periodística" como
verdad absoluta no existe. Es natural que así sea desde el
momento que las noticias son el producto de juicios donde,
obviamente, la existe la intervención humana. De la misma
manera, sabemos que la fotografía tampoco es objetiva.
Sucede que el fotoperiodista -a diferencia del redactor que
produce un relato verbal-, selecciona el punto de vista y el
encuadre, decidiendo el instante oportuno. La manera como
destaca uno o más aspectos significativos del hecho es lo que
hace a la fotografía de información, pero el sentido final
lo da el propio medio a través de la edición, la puesta en página,
el epígrafe, el texto y los títulos.
Aunque se debería pensar en dos cuestiones básicas que son
la verdad y los lectores, hay que ser realistas: el reportero
es apenas una parte de la extensa y compleja cadena de
producción.
Generalmente, se tiende a sobrestimar la importancia del
fotoperiodista en la toma de decisiones. La mística que gira
en torno a la profesión oculta la realidad: son pocos los que
pueden elegir y editar los temas que les interesan.
Después de todo, el periodismo es una expresión de la
sociedad y, como ésta, asume conductas que le dan su propia
identidad. Establecer un debate sobre cuestiones éticas, de
la misma manera que empieza a darse en el terreno de la política
referido a la corrupción, es nuestra responsabilidad. No
deberíamos subestimar la fuerza de los lectores sobre la
prensa. Pero, para ello, se requiere de ciudadanos con educación
y dispuestos a defender sus derechos.
Cuando se manipula maliciosamente una noticia a través de
fotografías que son una "mise en scène", se está
violando al derecho de las personas a la información veraz. Y
esto es muy grave.
La historia y el presente, con sus ejemplos
Durante la Comuna de París, en 1871, un fotógrafo francés,
Liébert, realizó una serie de fotomontajes propagandísticos
en uno de los cuales aparecían los revolucionarios fusilando
sacerdotes. El gobierno necesitaba desacreditar a los
comuneros.
En 1917, cayeron en manos del jefe del Departamento Británico
de Inteligencia, brigadier J.V. Charteris, dos fotografías
alemanas. Una de ellas mostraba cadáveres de soldados siendo
transportados por sus camaradas para ser sepultados y, la
otra, de caballos muertos con un epígrafe que decía que serían
utilizados para fabricar jabón. El brigadier decidió colocar
un epígrafe en la imagen de los soldados muertos: "Cadáveres
alemanes en camino a la fábrica de jabón" y la envió a
Shanghai. Fue utilizada para crear resentimiento hacia los
alemanes por parte de los chinos, con el argumento de que los
ejércitos del Kaiser no respetaban a sus
propios muertos. La inteligencia británica ayudó, con ese
ardid, a que China declarara la guerra al Imperio Austro-Húngaro.
En 1964, la revista "Life" publicó en la tapa una
fotografía de Oswald, el asesino del presidente Kennedy.
Aparecía con un fusil y una revista de extrema derecha como
prueba de sus actividades políticas. Investigaciones
demostraron que se trataba de un fotomontaje realizado con el
objeto de obtener "una buena historia" sobre el
pasado de Oswald.
Debemos, de todas maneras, reconocer a Joseph Goebbels,
ministro de Propaganda del III Reich, como uno de los maestros
del engaño en el siglo XX. Buena parte del triunfo de las
ideas nacionalsocialistas se deben a la acción psicológica
que instrumentó desde el ministerio a su cargo, utilizando métodos
de persuasión que dejaron el camino libre, junto a los
procedimientos de la Gestapo, para el accionar del aparato del
nazismo.
Durante el conflicto en las Islas Malvinas, en 1982, la Junta
Militar evitó tener que ejercer el control sobre las fotografías
de prensa gracias al simple recurso de no permitir la
presencia de reporteros de medios independientes en el
escenario de los hechos, dejando exclusivamente la producción
de las imágenes en manos del los canales oficiales de
televisión y de la agencia Telám, también oficial.
Simplemente se prohibió el acceso a la fuente de información.
En septiembre de 1988, un video-tape realizado por uno de los
canales de la televisión oficial mostró escenas de violencia
de un acto antigubernamental organizado por la CGT. En el
final, la imagen quedaba congelada de tal forma que se veían
los destrozos en la calle y un gran cartel del candidato
justicialista a la presidencia, Carlos Saúl Menen. Esa
manipulación llevó a los legisladores de la oposición a
cuestionar con severidad el recurso propagandístico del
gobierno.
A mediados de 1995, la revista "Viva" de Clarín
"inventó" un personaje dedicándole la tapa y una
extensa nota: "El Hombre de las Nieves". El texto, y
las fotografías, describían un ser de novela aparentemente
defensor de la ecología (a pesar de que había cruzado un
lobo con un perro) y que, también supuestamente, vivía en
las montañas próximas a Ushuaia. En realidad, se trataba de
un guía de turismo de aventura que tenía su cómoda casa
calefaccionada en la ciudad y un "refugio" para
llevar a los turistas.
Tanto con finalidades políticas -caso del III Reich-, para
obtener una "buena historia" como hizo "Life"
con Oswald o, simplemente, como una de las tantas frivolidades
de "Viva", la mentira y la manipulación en el
fotoperiodismo es más frecuente de lo que se presupone.
Arriba
* Bécquer Casaballe es periodista y fotógrafo.
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