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Argentina 2002: el gobierno del Grupo Clarín

Por Segundo Enfoque

Hubo sospechas y comentarios suspicaces acerca de su apoyo a la Alianza y a Fernando De la Rúa para que llegaran a la Casa Rosada. Ahora, el gobierno nacional está directamente en sus manos. Es el Grupo Clarín, un multimedio en el Poder Ejecutivo.
Cuando se entra por la calle Piedras, en el barrio porteño de Constitución, no se ve el busto de Roberto Noble, quien el 28 de agosto de 1945 fundó el diario Clarín. Su figura está en un rincón que escapa a la vista, como escondida. Sobre una pared, un letrero impactante y gris: “Grupo Clarín”, se lee. Del otro lado, en frente, la silueta del clarinete.
Más de 20.000 ediciones convirtieron a este matutino en “el diario” para viarias generaciones de argentinos que enceguecidos y confiados, han recorrido sus páginas día tras día. El fallecimiento de su creador, la modificación a la ley de radiodifusión y la proliferación de las fusiones y compras de medios, hicieron de Clarín “el multimedio” para las nuevas generaciones, que atentas y desconfiadas, comienzan a leer entre líneas.
El Grupo Clarín reconoce ser dueño de Canal 13 (que lidera el rating sobre todos los canales), la señal de televisión por cable Todo Noticias, Radio Mitre, Multicanal, y diarios y canales del interior del país, entre otros negocios que incluyen servicios de Internet y productoras de cine o contenidos televisivos.
En marzo de este año, la Asamblea Interbarrial de la Ciudad de Buenos Aires, sesionando en el Parque Centenario, aprobó una moción contundente: no comprar el diario Clarín, en respuesta a la actitud indiferente que el diario había mantenido frente a las movilizaciones del 24 de ese mes en memoria del último golpe militar argentino, ocurrido 26 años antes.
La convulsionada llegada de Eduardo Duhalde al sillón de Rivadavia, y la devaluación del peso argentino pusieron al diario Clarín a la cabeza de la benevolencia periodística hacia el oficialismo. La depreciación de la moneda local, y la consiguiente rebaja de las deudas a caballo de la “pesificación” de la economía (medida que incluyó la conversión de las deudas de megaempresas al valor de un peso por dólar), generó un pacto muy poco implícito entre el Grupo y el Gobierno, que con evidencias pasamos a delatar.
Era un secreto a voces que Marcelo Bonelli, el periodista de economía por excelencia –y obediencia- dentro del multimedio Clarín, canalizaba desde épocas de la Alianza la versión oficial de los hechos. Sin embargo, recién en noviembre de este año fue reconocido por un funcionario del Ministerio de Economía. El actual vocero del ministro, Armando Torres, se ha convertido ni más ni menos que en espectador de la labor de Bonelli. Durante las últimas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el mismísimo Torres manifestó a los integrantes de la Sala de Periodistas de la cartera económica que para obtener información había que intentar hablar con Bonelli, porque el ministro Roberto Lavagna tenía línea directa con él. “Ya saben que el que está operando es él”, completó días más tarde, ante otra demanda informativa.
Así, los titulares que el diario Clarín pone en tapa, son dictados desde las cercanías de la Plaza de Mayo (léase Casa de Gobierno o Ministerio de Economía). En esas mismas jornadas  comenzó a correr la versión de que por primera vez Argentina podía –como luego ocurrió- no pagar un vencimiento a un organismo multilateral de crédito, como el Banco Mundial. Más allá de la postura ideológica que se pueda sostener con respecto al pago o no pago de la deuda externa, el rol del Grupo Clarín –a través de su matutino- fue fundamental para conformar en la opinión pública la concepción positiva de no pagar.
Más allá, reiteramos, de la postura genuina que se pueda defender con respecto a la relación de un país con las agencias financieras internacionales y con los principales centros de poder, es para remarcar el alineamiento de Clarín según las necesidades del Gobierno. Y entonces así, “el gran diario argentino” descubrió el viernes 15 de noviembre el hambre en la Argentina. Qué mejor para cualquier gobierno que esté deliberando un pago tremebundo como el que el gobierno de Duhalde discutía con el FMI, que tener cuatro tapas con niños desnutridos.
Lo perverso no es la denuncia. Lo perverso es pensar que un tema tan doloroso como la hambruna argentina existió por cuatro días en la portada (con el esperado eco que tienen las noticias impuestas por Clarín, y más cuando el resto de los medios también alaba al oficialismo), cuando de no haber sido funcional al Gobierno, jamás hubiese estado.
Para muestra, basta un botón: el 25 de julio de este año, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), organismo oficial encargado de llevar las estadísticas del país, comunicaba que por primera vez en la historia el 53 por ciento de la población argentina yacía por debajo de la línea de la pobreza. El dato no fue tapa en Clarín.
Con su falsa preocupación por “el tema del hambre”, sumó de manera egoísta y oportunista otra reivindicación pregonada desde hace años por muchos sectores menos influyentes que la viuda de Noble. Desde que el Grupo Clarín, con fuertes deudas con el exterior –obviamente en dólares- ha percibido que podría ser fácil presa de grandes grupos foráneos, comenzó el lobby por la suspensión de la vigencia de la ley de quiebras, por la promoción de legislación protectora de los “medios culturales” locales, y se hizo eco de reclamos y protestas contra el FMI como nunca antes. Ocurre que el Fondo fue y es el principal interesado en conseguir un normal funcionamiento de la ley de quebrantos, que supondría para el Grupo Clarín caer en manos extranjeras.

El arraigo cultural del diario Clarín (hoy una pata más del Grupo) en la población argentina hace a este gigante de los medios argentinos mucho más peligroso que la xenofobia, el racismo, el autoritarismo o el golpismo latente de Daniel Hadad y los suyos. Éste es evidente, obsceno y de alcance limitado; el otro es disimulado, con cara de bueno, y con poder de decisión.
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