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PANORAMA
DE LA BOLIVIA RECIENTE
De
Goñi a Mesa
La
situación política desde octubre del año pasado hasta estos
días, pone a Bolivia de nuevo en una encrucijada. Expiró un
plazo de tranquilidad pactado con la oposición, que ha
decidido volver al ruedo. Mientras Evo Morales juega más
cerca de Carlos Mesa, la Central Obrera y los aborígenes que
responden a Felipe Quispe lo acusan de oficialista y se
alistan para ganar la calle en los próximos meses. Y el
presidente acaba de anunciar medidas de ajuste. El polvorín.
Por
Jairo Straccia
Intenso
es el pulso político de Bolivia, que desde la madrugada del
18 de octubre es gobernada por Carlos Mesa Gisbert, quien pasó
de la vicepresidencia de la gestión de Gonzalo Sánchez de
Lozada, a “encabezar un gobierno de transición”.
A principios de aquél octubre, el por entonces presidente
“Goñi”, gozaba de un rechazo del 82 por ciento de la
población[i],
cuando decidió impulsar un proyecto para exportar gas a
Estados Unidos y México, que resultó en generalizadas
manifestaciones populares de oposición.
El destino de Sánchez de Lozada fue Miami, tras dejar varias
decenas de muertos en los caminos bolivianos y renunciar,
denunciando una conspiración narco-socialista en su contra.
El periodista e historiador Mesa, quien saltó justo a tiempo
del barco que se hundiría, fue ungido por el Parlamento como
nuevo conductor del país.
Rápidamente, a pesar de algunas declaraciones amenazantes,
recibió apoyo de todos los sectores. Estructuró un gabinete
“independiente” y “apartidista”, según la prensa
local e internacional de esos días, pero incluyendo como
ministro de Educación a Donato Ayma y de Asuntos Indígenas,
a Justo Parapaino, hombres del Movimiento al Socialismo (MAS),
de Evo Morales.
A su vez, Mesa cruzó inesperadamente la plaza San Francisco,
en La Paz, entre una multitud de campesinos y se puso cara a
cara con el líder indígena y sindical más radicalizado,
Felipe Quispe. Allí consiguió tres meses de cautela por
parte del titular de la Confederación Sindical Única de
Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), que engloba cerca
de 6 millones de hombres y mujeres descendientes de aborígenes
en nueve departamentos del país. “Se nos escapó el
carnicero (por Goñi), pero ahora nuestro deudor será
usted y esperamos que anule todas las leyes y decretos que
perjudican a Bolivia y a su pueblo”[ii],
expresó Quispe, en referencia a los “70 puntos” que en
abril de 2000 acercaron por primera vez al Ejecutivo y que
todavía esperan atención.
También la Central Obrera de Bolivia (COB), que agrupa a más
de 70 organizaciones, incluida la que preside Quispe, decidió
dar “tregua”, al mandatario recién llegado a su sillón.
Con tranquilidad a plazo fijo, Mesa comunicó su voluntad de
quedarse hasta 2007 en una entrevista a un medio brasileño.
“Yo tengo un mandato explícito del Congreso, un mandato
constitucional hasta el 6 de agosto de 2007. Ésa es la base
sobre la cual estoy trabajando”[iii],
soltó sin ponerse colorado. Pero para llegar a ese día,
debería primero cumplir con su agenda más cercana: realizar
un “referéndum vinculante” sobre la exportación de gas,
para lo cual debería reformar la Constitución en el Congreso
y convocar a una Asamblea Constituyente. Y además, conseguir
que el Parlamento designe tres vocales que faltan en la Corte
Nacional Electoral (CNE) encargada de la consulta.
Al mismo tiempo, ha llegado al Parlamento el “juicio de
responsabilidades” contra el ex presidente Goñi y muchos de
sus ministros, que debe ser autorizado según la legislación,
por dos tercios de los votantes en el recinto. La acusación
de la Fiscalía es por “masacre sangrienta”, con penas de
10 a 20 años, a raíz de los asesinatos de octubre. Los
legisladores que tienen que tratar el tema, en muchos casos,
pertenecen a los partidos donde también han militado los
acusados: el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), el
Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR), o Nueva Fuerza
Republicana (NFR).
Mientras tanto, se comenzaron a ver señales de cuál sería
el rumbo económico de fondo de su administración. “Estoy
absolutamente persuadido de que los bolivianos debemos
garantizar las inversiones de largo plazo”, dijo al diario La
Nación[iv].
Paralelamente, comenzó a funcionar en la sede del
Departamento de Estado de los Estados Unidos, un “Grupo de
Apoyo” a Bolivia, conformado por ese país y México, para
eventualmente efectuar algún desembolso que requiera el
gobierno de Mesa. Distintos organismos internacionales
esperaban conocer el plan de gobierno de Mesa y ver si puede
cumplir con las metas fiscales del primer trimestre, para
reactivar créditos gestionados por Sánchez de Lozada y
congelados con los hechos de su caída.
¿Y ahora?
Así el 20 de enero pasado venció la tregua. El titular de la
COB, Jaime Solares, que había pedido un aumento de salarios
del 220 por ciento (el sueldo promedio de los bolivianos es de
61 dólares), afirmó: “Los nuevos movimientos sociales
apuntarán al cierre del Congreso Nacional por falta de un
trabajo más efectivo a favor de los bolivianos”. La central
que conduce Solares fue un sindicato poderoso hasta 1985,
cuando por las reformas de entonces perdió a los obreros y
mineros que lo componían, para pasar a representar
principalmente a maestros y campesinos.
El Parlamento en su conjunto, menos el Movimiento Indígena
Pachakuti (MIP), de Quispe, rechazó los dichos de Solares. En
cambio, el titular del MIP, se hizo eco y está convencido de
que “tumbar a Mesa” es cuestión del paso del tiempo.
“El MIP tiene sus raíces en los campesinos aymaras del
altiplano, que producen papa, quinua y otros productos de
alimentación; (...) el MIP tiene menos ligazones con los
sindicatos industriales (...) y tiene un discurso más
separatista y racial indígena”, describió el analista
internacional Isaac Bigio meses atrás en Segundo
Enfoque.
Las respuestas que Mesa le ha podido dar a las demandas de
Quispe son nulas. Pero también lo es el avance en los
objetivos iniciales de su gobierno. La consulta sobre la venta
de gas al exterior se ha demorado más allá del 28 de marzo
para el cuál se había previsto. El ministro de la
Presidencia, José Antonio Galindo, ha responsabilizado al
Poder Legislativo por el retraso, achacándole que no puede
designar a los integrantes que faltan en el CNE. Y ya aclaró
que recién cuando esto ocurra, deberán transcurrir tres
meses para preparar el referéndum.
Ante las advertencias de los polos opositores de que podrían
hacer con Mesa lo que hicieron con Goñi, el presidente
boliviano ha buscado cohesionar a su población en torno al
reclamo a Chile de que le restituya una salida al mar. Bolivia
perdió sus puertos en el océano Pacífico en la guerra con
sus vecinos entre 1879 y 1883. Aunque en 1904 ambos países
firmaron un tratado de paz y amistad, en 1978 Bolivia decidió
romperlo al no haber avances en las deliberaciones.
Ahora, tras declaraciones de Hugo Chávez (que sumó otras de
Fidel Castro en igual sentido), Carlos Mesa encontró en el
pedido al presidente chileno Ricardo Lagos, una vía de escape
a los cuestionamientos internos. Según un sondeo hecho entre
el 14 y el 24 de enero, por la consultora Apoyo Opinión y
Mercado Bolivia (AOMB), Carlos Mesa cuenta con un respaldo del
78 por ciento de la población, mientras que por ejemplo, Evo
Morales alcanza el 35 por ciento.
Plan sobre la ídem
Con este marco, Carlos Mesa, preparó y presentó un plan económico
basado en la necesidad de achicar gastos en el Estado
boliviano. “Tras viajar al Norte de América y dialogar con
el inefable Anoop Singh (jefe del Departamento de
Hemisferio Occidental del FMI), Mesa ha desandado sus
promesas iniciales y acomete un severo plan de ajuste”,
observa Mario Wainfeld en Página/12[v].
“(...) El ajuste lo pone en crisis con la mayoría que lo
recibió con alivio y que aún le prodiga alta
credibilidad”, agrega.
Los números que desvelan al presidente, parecen ser los del déficit
fiscal, que en 2003 fue un 8 por ciento del Producto Bruto
Interno (PBI), y está presupuestado en 6 puntos porcentuales
para este ejercicio. En cadena nacional, sobre el cierre de
esta edición, Carlos Mesa buscaba con 23 decretos y 3
proyectos de ley, entre otras cosas, un ahorro de 220 millones
de dólares, que es la mitad del rojo del año pasado. El plan
comprende las siguientes medidas:
•
Recorte de gastos en el Poder Ejecutivo:
establece una reducción del sueldo del Presidente y sus
ministros de alrededor del 10 por ciento; elimina los pluses
para funcionarios; pone como nivel máximo de remuneración
para toda la administración la del primer mandatario; reduce
el uso de celulares y autos oficiales.
•
Creación del Impuesto Complementario a los
Hidrocarburos, que será del 32 por ciento.
•
Creación del Impuesto al Patrimonio Neto de las
Personas, que será del 1,5 por ciento para quienes tienen más
de 50 mil dólares.
•
Implementación del Impuesto a las Transacciones
Financieras, con una tasa del 3 por mil.
•
Liberación del costo de la gasolina y la
garrafa de gas, que pasarán a depender de la fluctuación del
precio mundial del petróleo. La variación de los precios
internacionales se considerará en un promedio de 365 días
con el objetivo de minimizar su efecto.
•
Instrumentación de un hospital de empresas, con
facilidades para créditos y fomento de la producción
nacional, como por ejemplo con la iniciativa de Compre
Boliviano.
•
Fondos para infraestructura vial, por 15
millones de dólares.
•
Licitación de la construcción de 200 mil
conexiones de gas a domicilio.
•
Creación de un Fondo de Inversión Productiva,
para comunidades indígenas, con 2 millones de dólares en
principio.
•
Conformación del Fondo Pro País, con 30
millones de dólares aportados por la Corporación Andina de
Fomento (CAF) para la lucha contra pobreza en El Alto, La Paz
y el altiplano.
Por
último, el gobierno también decidió recuperar para el
Estado la propiedad de los hidrocarburos, que por medio del
Decreto Supremo 24.806 de 1997, podían ser explotados
mediante licitación. Ni siquiera esta última iniciativa
generó apoyo en la oposición: “El discurso dice que se
tiene preparada una ley, pero eso no fue consultado con el
pueblo y nosotros pedimos la nacionalización de los
hidrocarburos y la anulación de los antiguos y nuevos
decretos”, se quejó Roberto de la Cruz, dirigente de la
populosa ciudad de El Alto.
Por su parte, la COB prepara una huelga general indefinida y
Jaime Solares ha dicho que el mensaje de Mesa fue “una vergüenza”.
Para colmo, hasta Evo Morales, con gente en el gabinete de
Mesa y señalado como “oficialista” por Quispe y compañía,
ha salido a cuestionar el plan: “Es muy tibia la reducción
de gastos, debería ser en un 50 por ciento para dar verdadero
ejemplo de desprendimiento”, sostuvo.
Como señala Wainfeld, Bolivia es para Estados Unidos “el
polvorín de América Latina”. Tanto es así que, destaca el
periodista, las cadenas internacionales de noticias han vuelto
a saturar de acreditados ese país. Mientras el gobierno de
Carlos Mesa propone un plan de ajuste, la oposición toma
carrera para salir a la calle otra vez.
[i]
Encuesta realizada por Equipos Mori, publicada en La Nación,
el 2 de octubre de 2003.
[ii] Castro Olivera, Juan. “Mesa consiguió
una tregua de los campesinos”. La Nación (21/01/04).
[iii] Entrevista en Folha de Sao Paulo, el
22/10/03.
[iv] Elías, Jorge. “Un país que espera
ayuda tras el estallido”. La Nación. (13/11/03)
[v] Wainfeld, Mario. “Hay que agrandar la
mesa”. Página/12. (25/01/04)
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