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Hadad controla el rock argentino

Por Segundo Enfoque

La mayoría urbana la escucha. No hubo músico que no la haya alabado cuando se cumplieron cinco años de su existencia en el 98.3 del dial, en mayo pasado. FM La Mega, la radio argentina del puro rock nacional, es la ruta obligada de los rockeros de acá para difundir sus producciones. Hoy, el rock argentino es dependiente de esta rama del conglomerado de medios de Daniel Hadad.
El empresario que consiguió hacerse de la frecuencia de más potencia gracias a un favor de Carlos Menem, que hoy es socio del ex banquero Raúl Moneta en Canal 9, y que es emblema –ahora ya no poniendo la cara- del discurso nacionalista, católico, pro-militares, y anti cualquier expresión popular que no sea para pedir más seguridad, es el dueño de la radio que crea hits, y que promueve y construye los grupos más exitosos del rock doméstico actual.
La programación es tentadora, y sin dudas, cuando La Mega surgió en 2000, lo hizo para cubrir un espacio vacante. Propone “más música y menos palabras”, y es capaz de encadenar sin interrupciones diez canciones seguidas, con una receta infalible: no pasa más de una hora sin que suenen Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Charly García o alguno de los integrantes del podio de preferencias general.
Esta es la fórmula del sostenido liderazgo de la emisora. De acuerdo con los datos de la medidora Ibope, en junio, el 15,14 por ciento de los oyentes de FM la eligió, por encima de La 100, del Grupo Clarín, que alcanzó el 12,38, de FM Hit (Grupo Prisa), que se lleva el 10,9 y de la Rock and Pop –del holding mexicano CIE- que se ubica en cuarto lugar con el 10,7.
Así se entiende la constante reverencia de los músicos ante la radio rockera de Hadad. Primero, Mega adelanta el corte del nuevo disco, luego Mega entrevista al conjunto o solista, más tarde Mega difunde sus giras o presentaciones, después viene el desenchufado en el estudio de Mega, o el auspicio de Mega de un recital en cualquier lugar del país.
En marzo, hubo un Megacústico de Luis Alberto Spinetta; en abril, otro de Las Pelotas. En mayo, gran celebración gran, desfilaron Andrés Calamaro, los Ratones Paranoicos, Kapanga, Turf, La Portuaria y Jóvenes Pordioseros en el Estadio Obras, con motivo de los 5 años de puro rock nacional. En junio, la radio de Hadad auspició el concierto de CatupecuMachu y en julio fue el turno del ex Fabulosos Cadillacs, Vicentico. En agosto llega Fito Páez y ya se espera para septiembre, a Turf en Las Leñas, cuando el frío se esté yendo de la Patagonia.
Esto sin contar el Gesell Rock, las presentaciones de Alejandro Lerner o Skay Beilinson, o el festival Cosquín Siempre Rock, que si bien no fueron solventados por La Mega, tuvieron transmisión en vivo y el logo de la empresa estuvo bien visible cerca del escenario.
El debate es mucho más amplio. ¿Importa de quién es el medio que permite transmitir un mensaje? ¿Les importa a los rockeros? ¿Les importa a los oyentes? ¿Es gratuito cantarle a los desaparecidos, o defender luchas sociales en estrofas memorables a través de una radio cuyo dueño hace campaña permanente en sentido opuesto?
Hasta ahora, ni los músicos más explícitamente comprometidos por sus posiciones políticas, e incluso muchas veces críticos con los medios de comunicación en sus letras, se han mostrado reacios frente a propuestas de la emisora, o han hecho algún comentario sobre la contradicción entre su mensaje y el medio. Los dedos de Hadad no tocan bajo, guitarra ni piano, pero –parece- son los dueños del rock nacional. Arriba

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