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RECAMBIO
PRESIDENCIAL Y DESPUÉS
La
herencia como excusa
Por Jesica Bossi
Ninguno evita hablar de
ella. Cada gobierno que asume destina largos discursos para
describir la pesada herencia que deja la gestión anterior.
Desocupación, deuda externa pobreza, desnutrición,
analfabetismo, son algunos puntos centrales de los que debería
ocuparse el próximo presidente.
Sin embargo, la administración que suceda a Eduardo Duhalde
ya está condicionada. Después de llevar adelante las
negociaciones más largas de la historia, el ministro de
Economía Roberto Lavagna consiguió en enero pasado un
“miniacuerdo” con el Fondo Monetario Internacional que
rige hasta agosto de este año. Estos son algunos de los
puntos acordados:
-
Deuda externa: desde agosto hasta diciembre se deben
pagar en concepto de obligaciones con los organismos
internacionales alrededor de 6.000 millones de dólares
(equivale a un tercio de la recaudación anual). Debe
reestructurarse también la deuda con los acreedores privados
por un monto aproximado de 55.000 millones de dólares.
-
Reformas del sistema bancario: sugiere la privatización
de la banca oficial (Banco de la Nación Argentina, Banco
Provincia de Buenos Aires y Banco de la Ciudad de Buenos
Aires).
-
Servicios públicos: promesa de ajustar (aumentar) las
tarifas y de actualizar los contratos de los servicios públicos
privatizados, teniendo en cuenta la devaluación de la moneda.
-
Metas fiscales: aunque se podría modificar, se estima
un superávit primario de 2.5% del PBI para el año 2003.
Desde este punto de vista, si resultare electo el candidato
oficialista Néstor Kirchner, quien ya anunció que seguirá
siendo Lavagna el jefe de Economía, el cambio de mando sería
casi imperceptible. Esta vez, la herencia no podrá ser
excusa. Arriba |