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ANÁLISIS
SOBRE EL ESCENARIO LATINOAMERICANO
¿La
hora del cambio?
Las palabras, el discurso, los gestos, son
diferentes. Fidel Castro visitó Buenos Aires, Hugo Chávez
manifestó que Venezuela podría ingresar al Mercosur, y Néstor
Kirchner criticó abiertamente el neoliberalismo. La
experiencia revela que la mayoría de
las gestiones no afines a Estados Unidos han sido
boicoteadas. Opiniones sobre la construcción de poder en América
Latina en el marco de un mundo nuevo.
Por
Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar
Los acontecimientos
superaron ampliamente las expectativas. Algunos hablaron de
una “fiesta latinoamericana”, otros de “la vuelta del
zurdaje”. Miradas distintas ante una misma escena: la asunción
de Néstor Kirchner, con discurso diferente y desacato de
protocolo incluidos, rodeado por la mayoría de los jefes de
Estado del subcontinente.
El poco entusiasmo que suscitó el proceso electoral
–opacado, entre otras cosas, por las imágenes de los
misiles cayendo en tierra iraquí- no permitió imaginar el
interés que surgiría a partir del traspaso de mando. En
condición de visitantes, el líder cubano Fidel Castro y el
presidente venezolano Hugo Chávez se convirtieron pronto en
actores con rol protagónico. Más desapercibido pasó el
enviado del gobierno estadounidense. Así lo observó el
escritor Osvaldo Bayer, en el ciclo de conferencias sobre América
Latina que organizó el Centro Cultural Enrique Santos Discépolo
(ver aparte): “Bush lo mandó a Mel Martínez. Un cubano de
Miami. ¿Qué quiso significar? De cualquier manera, una
tomadura de pelo de mal gusto, un mal gusto estreñido y
mezquino, el del cowboy que quiere humillar a sus vecinos
independientes”.
Por 48 horas, el fugaz paso del presidente brasilero Luiz Inácio
Lula da Silva, las declaraciones de Chávez, la improvisada
alocución de Castro frente a la explanada de la Facultad de
Derecho, y la imagen Kirchner mostrando sus dotes de
malabarista con el bastón presidencial, fueron tema de
conversación ineludible.
Los dirigentes de América Latina, más allá de sus
diferencias ideológicas, plantearon la necesidad de estrechar
los vínculos. “Existe claramente la posibilidad de que
Venezuela se sume al Mercosur y comience una gran alianza
sudamericana”, sostuvo el periodista Miguel Bonasso, durante
el ciclo sobre Latinoamérica.
A pesar de algunos indicios de cambio que se perciben, al
menos desde el punto de vista cultural y discursivo, todavía
persisten en la región regímenes en sintonía con el
neoliberalismo, emblema incuestionable de la década del 90.
Sin embargo, la presión que ejercen las organizaciones
populares sobre esas administraciones los colocan al límite
de la cornisa. “El presidente Alejandro Toledo en Perú sólo
puede mantenerse en el poder mediante las bayonetas y el
estado de sitio; el presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez,
traidor de las clases populares y descarado operador del Plan
Colombia, no tiene futuro político; el presidente boliviano
Gonzalo Sánchez de Losada está amenazado por un eventual
levantamiento popular y el Sharon criollo, el presidente Álvaro
Uribe Vélez, está estancado con su política de ‘limpieza
política’ en Colombia”, opina el sociólogo alemán Heinz
Dieterich, en el artículo “El Bloque de Poder
Sudamericano”.
De consejos y acciones
La historia latinoamericana de los últimos dos siglos,
surcada por intervenciones y golpes de Estado, demuestra que
casi la totalidad de los proyectos políticos alternativos no
alineados con Washington fueron socavados. En ese sentido, los
documentos de Santa Fe elaborados por un grupo de
intelectuales de ultraderecha de la Universidad de Arizona con
estrechos vínculos con el poder, dejan ver cómo desde hace más
de 20 años aconsejan en cuestiones de política exterior (ver
documentos anexos). El general retirado Gordon Summer, el
historiador Lewis Tambs y Roger Fontainte, son algunos de los
pensadores que asesoraron a las gestiones de Ronald Reagan
y George Bush padre. El primer informe conocido como “Santa
Fe I” apareció en 1980, y comienza: “El continente
americano se encuentra bajo ataque. América Latina, la compañera
y aliada tradicional de Estados Unidos está siendo penetrada
por el poder soviético”. A lo largo del texto se describen
los potenciales peligros y las posibles soluciones y se
califica a la gestión de Jimmy Carter de “tibia”.
Entonces, se definieron dos enemigos dentro de las Américas:
el gobierno del panameño Omar Torrijos calificado como una
“dictadura de extrema izquierda y brutalmente agresiva” y
el primer mandatario de Ecuador, Jaime Roldós quien sostenía
que las potencias extranjeras no violaban el principio
tradicional de la no intervención, si su involucramiento en
los asuntos internos de una nación constituía una defensa de
los derechos humanos. Al poco tiempo, ambos líderes murieron
en distintos accidentes aéreos, nunca claramente
investigados.
Por supuesto, Cuba seguía siendo desde la década del 60 el
rival más cercano y molesto. “Entre las medidas estará el
establecimiento de Radio Cuba Libre bajo el patrocinio abierto
del gobierno de Estados Unidos, que proporcionará información
objetiva al pueblo cubano que, entre otras cosas, detalle los
costos de la lamentable alianza de La Habana con Moscú. Si
fracasa la propaganda, hay que lanzar una guerra de liberación
nacional contra Castro”, propone el escrito. No queda más
que agregar un dato: hubo más de 600 intentos de asesinato
contra el jefe de Estado cubano.
En los sucesivos documentos de Santa Fe II (1988) y III (1994)
insisten en su afán de eliminar la infiltración comunista, a
la vez que advierten sobre nuevas preocupaciones como la de
asegurar que las jóvenes democracias se liberen de la tradición
dirigista. Entre las recomendaciones, se destacan la no
intromisión del Estado en la economía y las bondades de las
privatizaciones.
El último producto de las mentes de Arizona –Santa
Fe IV- fue presentado en enero de 2001, esta vez para orientar
al hijo, a George W. Bush. Allí se expone: “Antes, Estados
Unidos enfrentaba una amenaza relativamente definida, que era
comprensible para el americano medio. En la actualidad, esta
amenaza se ha vuelto infinitamente más complicada y difícil
de definir”. Sin embargo, ilustran una realidad repleta de
riesgos: los comunistas chinos, la mafia rusa, el
“narcoterrorismo”, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC).
Al presidente venezolano Hugo Chávez, que figura bajo el rótulo
de “dictador castrista”, le dedicaron varias líneas. Se
lo describe como un hombre de “orígenes humildes”, con
“habilidades de atleta y soldado”, que accedió al poder
por la vía electoral tras haberlo intentado previamente con
un golpe militar. Lo consideran el impulsor de la revitalización
de la Organización de Países Exportadores de Petróleo
(OPEP) y, por ende, del aumento del precio del hidrocarburo y
lo acusan de pretender conformar, en base al “bolivarismo”,
la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador) como
república socialista. Más allá de que los documentos de
Santa Fe sean o no la “Escritura Sagrada” de los gobiernos
de turno, la intentona golpista en abril de 2002, en la que
estarían involucrados funcionarios de Estados Unidos, marca
otra coincidencia.
A eso se suma, el informe que presentó en febrero de 2002
ante el Congreso de Estados Unidos, el director de la CIA,
George Tenet. Las tres luces rojas de América Latina eran la
Venezuela de Chávez, la Argentina que había gestado el
proceso de masas del 19 y 20 de diciembre en 2001 y la
convulsionada Colombia. Según Bonasso, estas apreciaciones no
son casuales: “¿Qué ocurrió después? Ocurrió Álvaro
Uribe y la ruptura de las negociaciones de paz en Colombia. El
golpe de estado fallido contra Hugo Chávez, en Venezuela. En
Argentina querían controlar el conflicto social y en gran
medida lo lograron porque no pudimos organizarnos para
construir alternativas distintas a lo largo de todo un año y
medio”.
Las entrañas del globo
“Estamos en un país nuevo, pero ojo que estamos en un
mundo nuevo también. Un mundo más pobre para disimular, más
directo, más angustiante. Y un país nuevo, por lo menos en
las promesas –que ya es algo- y en las dos primeras acciones
de gobierno. La eliminación en la actividad de varias decenas
de generales inútiles y el pago a los maestros de Entre Ríos.
Dos símbolos”, reflexiona Osvaldo Bayer.
Hay distintas interpretaciones acerca de la nueva configuración
mundial. La otrora “amenaza comunista” ha sido reemplazada
por el “terrorismo internacional”. Desde esta perspectiva
el autor de La Patagonia rebelde plantea: “Con el ‘war
against terrorism’ Estados Unidos impone a todo el planeta
un permanente estado de sitio. Somos todos presuntos enemigos.
(...) La guerra contra el terrorismo se ha convertido
tendencialmente en terrorista. Sus dos polos antagónicos
comenzaron a simetrizarse”.
La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos,
presentada en el Congreso el 20 de septiembre de 2002, señala
que la mejor defensa es el ataque. La superpotencia mundial
reconoce que tiene una posición de poderío militar sin
paralelo y una gran influencia económica, política y
cultural. Tal vez por eso asegura que actuará con las
amenazas en surgimiento antes de que éstas terminen de
formarse, aún sin el consentimiento de la comunidad
internacional. Así, el documento delinea el concepto de
“guerra preventiva”.
Por otro lado, hay quienes adhieren a la teoría esbozada por
Toni Negri y Michael Hardt en su libro Imperio. Para los
autores, el nuevo imperio tiene una fuerza de poder total que
se caracteriza por su dominio global, su espacio sin fronteras
y su descentralización. “No está representado por ningún
país, por ningún sujeto, por ningún agente singular que
podríamos llamarlo y hacerlo responsable. Es un entretejido
internacional de disposiciones de poder. Y Estados Unidos
viene a ser su principal órgano ejecutivo, nada más”,
explica Bayer, quien disiente con esta visión.
En ese sentido, para Miguel Bonasso, Estados Unidos es y desea
continuar siendo la potencia hegemónica única. “En una
entrevista que le hice a Fidel Castro, comentaba que ellos (Estados
Unidos) en la posguerra fría han seguido gastando a razón
de 400 mil millones de dólares por año en armamento cuando
había desaparecido la Unión Soviética. ¿Cuál es la
explicación de semejante gasto? No sólo alimentar las
industrias en las cuales participan Condoleezza Rice, el
vicepresidente Dick Cheney (...) Significa que quieren el
dominio mundial absoluto”, concluye el periodista.
Imposible es, según algunos epistemólogos, predecir en
ciencias sociales. Aunque a partir de la historia, de aquello
que habiendo sido hecho por el hombre como individuo social en
el pasado sigue siendo hoy en nosotros, podríamos plantear
conjeturas y proyecciones. Así, lo entiende Bayer: “Nos
toca una época muy difícil. La bestia está suelta. Pero la
historia de la humanidad ha demostrado que las bestias más
poderosas encontraron por su propia culpa su propio
cementerio”. Arriba
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