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EL ALCA BAJO LA LUPA

¿Integrados o aplastados?

Luego del encuentro de Miami, Segundo Enfoque reunió la mirada de prestigiosos economistas para saber qué hacer con la propuesta de liberalización hemisférica que hace Estados Unidos. Todos advierten sobre los peligros de asociar elefantes y hormigas. El carácter geoestratégico del proyecto y su relevancia para el comercio mundial. Opinan: Jaime Estay, de la Universidad de Puebla, Mario Rapoport, de la Universidad de Buenos Aires, Andrés Musacchio, del Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social, y Roberto Bouzas, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

Los tiempos se acortan. Las discusiones por la conformación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) no se detienen, y el 1º de enero de 2005 acecha. Los latinoamericanos conocen poco de la letra del acuerdo que englobará 34 estados (Cuba se mantiene al margen), pero en varios países se movilizan por lo que consideran una profundización del neoliberalismo de la última década.
Estados Unidos impulsa la “zona hemisférica” desde junio de 1990, cuando George Bush padre lanzó la “Iniciativa para las Américas”. El objetivo es eliminar barreras al comercio y coordinar políticas entre Alaska y Tierra del Fuego. Son 800 millones de habitantes en casi 40 millones de km2.
La teoría indica que la liberalización comercial hará que cada integrante del ALCA se especialice en lo que mejor produce para así hacer de sus exportaciones el motor del crecimiento, aprovechando sus “ventajas comparativas”.
Jaime Estay, profesor de la Universidad de Puebla (México), ha advertido, sin embargo, sobre los límites de esta abstracción. “La teoría clásica sobre la integración económica lo que principalmente no contempla es el hecho de que las negociaciones y los resultados que se obtienen con el libre comercio dependen en buena medida, del tamaño de los actores que participan del proceso de negociación, y por lo tanto esa diferencia de tamaño y de fuerza puede arrojar resultados absolutamente dispares”, señaló en diálogo con este medio (ver aparte).
Según datos de 1999, por citar cifras del Banco Mundial en momentos donde la discusión se recalentaba, Estados Unidos tenía un Producto Bruto Interno de 8.900 millones de dólares, mientras que Argentina tenía uno de 281 mil millones y Ecuador de 18 mil millones de dólares.
Semejante diferencia en el tamaño de las economías causa preocupación al profesor Estay: “El ALCA incluye a un conjunto de países absolutamente heterogéneo. Hay países que son la centésima parte de lo que es la economía estadounidense. Por lo tanto, es una situación absolutamente desigual, y en mi opinión eso está muy insuficientemente atendido en la negociación”.

Discusión

Hasta el momento se han ido elaborando tres borradores del tratado. El último de ellos fue en la reunión ministerial de Miami, en noviembre pasado. Las deliberaciones se encuadran en nueve capítulos: acceso a mercados; antidumping, subsidios y derechos; agricultura; derecho de la propiedad intelectual; compras del sector público; inversión; política de competencia; servicios; solución de controversias.
Las diferencias entre Estados Unidos y el resto de los países, liderado por Brasil, sobre todo en el terreno agrícola, produjeron un suave cambio en la discusión después de Miami. Se firmó una mínima base de puntos en los que hay acuerdo y los temas conflictivos fueron dejados de lado para darle tratamiento plurilateral. “En Miami ocurrieron cosas relativamente importantes, pero que no le quitan muchos de los componentes cuestionables”, sostiene igualmente Estay sobre el llamado “ALCA light”.
El choque de opiniones gira sobre el doble discurso de Estados Unidos en materia de comercio exterior. Supervisor de la liberalización completa de las economías del mundo, protege a sus productores con subsidios millonarios año tras año, y entorpece el ingreso de mercaderías mediante exigencias sanitarias, fitosanitarias y denuncias permanentes de dumping.
Desde un punto de vista histórico, el profesor de Historia Económica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Mario Rapoport, aclaró a Segundo Enfoque que esto no es nuevo y que hay que tenerlo en cuenta antes de firmar el ALCA. “Esta iniciativa va a restar más que agregar”, se apura a decir. “EE.UU. no está dispuesto a cambiar su política de subsidios”, asegura (ver aparte).
Por otro lado, EE.UU. ha demostrado también mucho interés en los apartados de compras gubernamentales y de derechos de propiedad intelectual. Andrés Musacchio es integrante del Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social de la UBA, y explicó cuáles son los alcances de las probables modificaciones en estos sectores (ver aparte).
“Uno de los aspectos más importantes de una política industrial es, por ejemplo, una ley al estilo de la ley de compre nacional, a través de la cual el Estado, que es uno de los grandes demandantes, siempre intenta estimular la producción interna”, indicó. “La idea con este capítulo es que ese tipo de leyes no puedan imponerse” –agregó-, “(...) y Estados Unidos estaría en condiciones de proveer buena parte de los bienes”.
En tanto, Musacchio destacó la relevancia que está adoptando lo vinculado a la propiedad intelectual. “EE.UU. busca obtener regalías de patentes que está lanzando en distintos sectores de la producción”, resume.
En el caso de Argentina, cuya principal exportación hoy es la soja, es claro cómo lo afectan las negociaciones en esta materia: “Hay varias empresas, que son de origen norteamericano, que tienen registradas la mayor parte del código genético de oleaginosas que se están sembrando, lo que obligaría a tributar por el uso de esos códigos genéticos a empresas norteamericanas”, subraya. Situaciones similares ocurrirían en los demás países, e incluso en mercados más sensibles como los de medicamentos, por ejemplo.
El investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Roberto Bouzas, pone reparos, en definitiva, sobre el resultado final de las negociaciones: “La forma que el acuerdo está tomando (una sucesión de negociaciones y acuerdos bilaterales) mejora sustancialmente la probabilidad de que Estados Unidos promueva con éxito su agenda comercial, haciendo concesiones relativamente menores en sus temas sensibles” (ver aparte).

Bloques regionales

¿Es el ALCA el fin de los bloques regionales? ¿Pueden coexistir el MERCOSUR y el ALCA, la Comunidad Andina y el ALCA? Están los que creen que puede ingresarse desde un bloque fortalecido a una zona continental, y los que dicen que la convivencia en realidad sería sólo formal, pues prevalecería el ALCA sobre los otros esquemas.
Sobre el MERCOSUR, Musacchio es terminante: “Un proyecto de desarrollo en serio torna excluyentes al MERCOSUR y al ALCA, porque necesitaríamos de una serie de herramientas de política económica (...) que el ALCA impediría”.
Jaime Estay, en tanto, considera que es alto el riesgo de que el ALCA ahogue los otros bloques de Latinoamérica. “Si los países de la región van a asumir a nivel continental una serie de compromisos que son semejantes a los que tienen en su propio esquema, la verdad es que el esquema pierde razón de ser”, redondea. Roberto Bouzas, por su parte, opina que “la dinámica de la competencia” puede conducir hacia la supresión de los bloques.

¿Sólo comercial?

El ALCA aparece como una necesidad puramente estadounidense. Así lo ve Jaime Estay, quien dice que la idea y la agenda de las negociaciones siguen claramente el patrón del gran país del norte: “La propuesta de crear el ALCA nace del gobierno estadounidense, los marcos en los cuales se mueve el proyecto, una vez que se echa a andar el proceso de negociación, son marcos también definidos del lado estadounidense. Eso marca el proceso del ALCA con un signo claramente favorable para las grandes empresas de EE.UU..”.
En principio, la conformación de una eventual zona de libre comercio continental contribuiría a que EE.UU. enfrentara la competencia creciente de la Unión Europea, Japón y China. Pero además, el ALCA sería el factor económico del control norteamericano en su región más cercana.
“El ALCA aparece complementándose con el Plan Colombia, que es una estrategia con un contenido principalmente militar, y que desde luego no es un plan antinarcóticos para Colombia”, dice Estay.
El hombre de la Universidad de Puebla va más allá. Considera que el reaseguro del control sobre América Latina es para Estados Unidos un “trampolín” no sólo para posicionarse económicamente en el mundo, sino también en el campo político y militar. “Es un proyecto de carácter general”, concluye.
Desde otra óptica, Mario Rapoport sostiene que EE.UU. se está preparando para la eventual confrontación con países asiáticos: “Al faltarle un enemigo directo hoy día, el contenido estratégico está dado por la posibilidad de prever otro tipo de enemigos futuros, potencias nucleares, como China, India, Rusia. De modo que asegurar el continente americano es un paso importante para precaverse de futuros problemas”.

Falta poco

Se supone que el primer día de 2005 el ALCA debe estar funcionando, aún con las limitaciones que se conocieron en Miami. Sin embargo, tanto dentro como fuera de Estados Unidos hay opositores al proyecto.
“Hay una gran cantidad de sectores en EE.UU. que están contra el ALCA justamente porque consideran que el ALCA los amenaza, ya sea, por la competencia de los productos externos, o por la competencia de las fuentes de trabajo”, explica Rapoport. Los sindicatos en ese país, detalla, son otro dolor de cabeza para los promotores del ALCA. “Especialmente los agricultores del sur”, añadió.
Del río Bravo para abajo, las manifestaciones proliferan en oposición a la apertura comercial que consideran la causa de los actuales problemas económico-sociales de la región. Otras voces a su vez, critican la expansión imperialista de Estados Unidos y bregan por no perder soberanía.
En Argentina, entre el 20 y el 26 de noviembre últimos, dos millones y medio de personas se movilizaron en las primeras jornadas de consulta popular, organizadas por la “Autoconvocatoria No al ALCA”. El escrutinio se llevaba a cabo al cierre de esta edición. Esta experiencia ha existido en otros países.
Con estas perspectivas, la pregunta sobre la inexorabilidad del ALCA no es inadecuada. Distintas opiniones van desde pronósticos de fracaso del ALCA, hasta algunos que dicen que podrían llegar a moldearse sus contenidos para que fueran inocuos e incluso ventajosos para los países latinoamericanos. Arriba

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