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BAJAS
DE OCUPANTES EN IRAK
Ironías
de posguerra
El analista internacional Isaac Bigio analiza el
escenario iraquí después de la invasión y remarca las idas
y vueltas de la historia en este sector de Medio Oriente.
Por
Isaac Bigio*
Después de
que el 9 de abril cayera la ciudad de Bagdad, se ha venido
produciendo una serie de atentados contra las tropas
invasoras. Se calcula que más de medio centenar de soldados
estadounidenses ha sido ultimado por acciones de resistencia
iraquí.
En ese sentido, el pasado 23 de junio seis efectivos británicos
resultaron heridos por atacantes cerca de Basora. Al día
siguiente otra media docena fue ultimada. Desde que el
presidente de los Estados Unidos, George W. Bush anunció
oficialmente la victoria –el 1º de Mayo- más de dos
decenas de uniformados norteamericanos han desaparecido.
Con el correr del tiempo, los ataques han ido creciendo en su
sofisticación y radio de actividad. Hasta el propio Saddam
Hussein ha aparecido en los últimos días difundiendo un
mensaje en la clandestinidad llamando a la guerra santa.
Por su parte, muchos ciudadanos británicos piden el retiro de
sus tropas y el cese de la ocupación con el fin de evitar más
derramamiento de sangre. La hostilidad hacia Estados Unidos y
Reino Unido se intensifica entre los iraquíes. Y, mientras
tanto, los servicios básicos continúan deteriorados y la
población cuestiona los
nuevos contratos para entregar el oro negro a firmas
foráneas.
Una ironía de la guerra es que se está incentivando el
crecimiento y fortalecimiento de los grupos más
radicalizados dentro del fundamentalismo islámico.
Un cuarto de siglo atrás, Hussein fue ayudado a llegar al
poder y a mantenerse en su posición como contrapeso a la
revolución de los ayatolas iraníes. En una extraña venganza
de la historia el clero chiíta podría capitalizar la caída
de Saddam.
Otra ironía de la historia sería que Hussein se recuperase
desde la oposición. El periódico estadounidense Wall
Street Journal en sus editoriales sostiene que no se puede
menospreciar el peligro del resurgimiento de su partido, el
Baath.
El hecho de que las tropas leales a Saddam Hussein decidieran
no presentar dura batalla final en sus
bastiones de Bagdad y Tikrit pudo haber sido
interpretada como parte de la corrupción y la quiebra del régimen.
No obstante, también podría haberse debido a la estrategia
de evitar la masacre de sus propias tropas para que éstas se
mimetizasen con la población y desde allí organizasen las
emboscadas.
* Analista Internacional. Ha obtenido grados y
postgrados en historia y política económica en la London
School of Economics, donde también ha enseñado. Premio
Dillons (Waterstone) a la excelencia. Arriba
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