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DIVERSAS INTERPRETACIONES DE LA GUERRA

La lectura de los que escriben

Pensadores, historiadores, semiólogos y estrategas opinan sobre el origen y las posibles consecuencias de la contienda internacional. Posturas moderadas y realistas se oponen a otras más apocalípticas y rechazan a los futurólogos. Los debates  dentro del círculo intelectual.

Por Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar

“Las grandes divisiones de la humanidad y la fuente de conflicto dominante serán de tipo cultural.(...) El choque de civilizaciones dominará la política mundial”, sostenía Samuel Huntington en un artículo publicado en la revista Foreing Affairs, en 1993. Tras los ataques al World Trade Center y al Pentágono, muchos creyeron que el pronóstico del profesor y director del Instituto de Estudios Estratégicos de la Universidad de Harvard ya era una realidad.
Sin embargo, varias voces salieron al cruce de esta teoría considerada por algunos como simplista y racista. Según el ensayista y escritor palestino Edward Said, Huntington es nada más que un ideólogo que pretende convertir a las civilizaciones en algo que no son: “entidades cerradas y selladas que han sido purgadas de las innumerables corrientes y contracorrientes que animan a la historia humana”.
Una de las declaraciones más polémicas y en clara sintonía con la hipótesis del choque de civilizaciones la realizó el jefe de Estado italiano, Silvio Berlusconi: “Occidente debe ser consciente de la superioridad de su cultura”. Además, agregó que los islámicos están detenidos 1.400 años atrás
y que las instituciones libres, el derecho a la palabra, la tradición judeo-cristiana y el amor por la libertad son bienes preciados y fundamentales, patrimonio de los países del oeste.
Poco tiempo después, Umberto Eco, semiólogo y autor de El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault, entre otros libros, se refirió a las duras acusaciones de su compatriota Berlusconi. “Si la cultura occidental se ha mostrado fecunda es porque se ha esforzado en 'liberarse', a la luz de la investigación y del espíritu crítico, de las simplificaciones dañinas. Naturalmente, no siempre lo ha hecho, porque también forman parte de la historia de la cultura occidental Hitler, que quemaba libros, o el fascismo, que en el colegio me enseñaba a recitar: 'Dios maldiga a los ingleses', porque eran 'el pueblo de las cinco comidas' y, por tanto, glotones inferiores al pueblo italiano, parco y espartano”.

¿En nombre de Dios?

Las dos caras visibles que representan a cada extremo, el presidente estadounidense George W. Bush y el fundamentalista islámico Osama Bin Laden, han optado desde el inicio por discursos religiosos. Las primeras palabras del primer mandatario hacia la población se refirieron a una “cruzada del Bien contra el Mal”. En tanto, el líder de Al Qaeda prometió castigar a los "infieles". Planteado un escenario en términos de Guerra Santa o jihad, algunos estudiosos recordaron que los enfrentamientos por la religión que han ensangrentado a la humanidad durante siglos nacieron de adhesiones pasionales y contraposiciones simplistas.
El escritor portugués José Saramago, galardonado con el Premio Nobel de literatura en 1998, escribió un artículo titulado El factor Dios y allí explica que los diversos credos nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres sino que ha sido una de las maneras más crueles que se han inventado para matar seres humanos. “
Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, como hoy los talibán, una organización terrorista”, afirma Saramago.
Por otro lado, Alvin Toffler, autor de La tercera ola y director de una consultora que asesora a empresas y gobiernos, no percibe hoy un antagonismo religioso. Considera que cuando surge un nuevo tipo de economía y, por ende, cambian los patrones socioculturales, también se modifica la naturaleza de la guerra. De acuerdo con su teoría, existen tres olas de transformación: la primera, corresponde a la Revolución Agraria (10 mil años atrás), la segunda, a la Revolución Industrial (siglo XVIII) y la tercera, a la actual situación de algunos países del primer mundo. Toffler observa que mediante el contraste absoluto entre Afganistán, de vida nómade y economía agraria, y Estados Unidos se desata “por primera vez en la historia, una guerra claramente definida entre la primera ola y la tercera”.

Sentimientos encontrados

En una conferencia organizada por el Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a fines de noviembre, el profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Edimburgo, John Holloway, manifestó sin rodeos: “placer, miedo y dolor son tres emociones que han estado presentes a partir del 11 de septiembre”. Aclaró que, en primera instancia, hubo una sensación de placer evanescente pero innegable, al ver el ataque a los dos símbolos de poder y, en ningún sentido, símbolos de libertad y de democracia. Prosiguió diciendo que esa sensación se sumergió en un dolor agudo al ver a los bomberos sacando cuerpos debajo de los escombros. Y por último apareció el miedo, “porque esta es la hora de la locura. Porque los hechos nos recuerdan todos los días qué tan frágil es la existencia de la humanidad, qué tan real la posibilidad de su autodestrucción total. Se conjuga la rabia de los terroristas y la ceguera militarista de los políticos prepotentes”.
En contraposición a esta postura, el peruano Mario Vargas Llosa lanzó frases que se percibieron como fuertes cuchillazos en el seno del ámbito intelectual. “Vivimos una época de satanización de los Estados Unidos (...) Es un odio que se nutre de numerosas fuentes, desde los complejos de inferioridad, de quienes envidian la riqueza y la potencia de aquel país, y de superioridad, de quienes detestan la chabacanería y la informalidad de sus costumbres y se creen superiores. Ahora mismo, a muchos de ellos, en los farisaicos artículos que escriben deplorando la tragedia que ha golpeado al gigante norteamericano, les supura entre las letras, como sucia afloración del subconsciente, un escalofrío satisfecho”.
Asimismo, el creador de La ciudad y los perros considera que existe una guerra declarada, no sólo a Estados Unidos, sino al conjunto de sociedades democráticas y libres del mundo, y que de no hacerle frente, con inteligencia y resolución, se corre el riesgo de un desplome de la civilización en “nuevas orgías de salvajismo como la que acaba de ensañarse contra el pueblo norteamericano”.
El historiador Eric Hobsbawn tiene una visión, a su criterio bastante clara, del panorama internacional en este siglo: “Estados Unidos, la única potencia del planeta, no está en condiciones de controlar y gobernar el mundo”. Además, agrega que las guerras serán entre Estados y organizaciones no estatales, pero lo suficientemente ricas y fuertes. “Un ejército como el IRA pudo tener en jaque durante treinta años a la potencia británica: no pudo vencer, pero no fue derrotado. El narcotráfico puede enfrentar a los Estados que lo combaten. Lo mismo puede pasar con este nuevo terrorismo”, ejemplificó Hobsbawn.
Disímiles y particulares son los análisis de quienes se ocupan de narrar historias reales o ficticias. Tal vez las visiones estén influenciadas por valores, ideologías y prejuicios particulares.  Como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “buenos y malos, malos y buenos: los actores cambian de máscaras, los héroes pasan a ser monstruos y los monstruos héroes, según exigen los que escriben el drama”.  Arriba

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