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RICARDO
HORVATH Y LA LIBERTAD DE PRENSA
¿La
qué?
Descree completamente de que se puedan difundir
ideas libremente por la prensa. En los primeros apartados del
libro se dedica a redefinir esta idea. Su visión sobre el
caso de Cuba, desde esta posición.
Por Jairo Straccia
¿Por
qué no cree en la “libertad de prensa”?
Para mí es un fetiche burgués. Intento probar que cuando
estalla la Revolución Francesa y triunfa, como antes la reyesía
perseguía a los periodistas burgueses, después los dueños
del poder en ese momento clausuran los periódicos a los
contrarrevolucionarios. Lo mismo hace Napoleón. Inclusive
Napoleón se hace imprimir diarios en sus campañas. Para
influir en los distintos lugares donde él va avanzando y
creando el imperio.
Desde el momento en que la noticia se transforma en mercancía
ya deja de existir esta famosa libertad. Pero, los dueños de
los medios siempre editan libros para sus redactores donde les
explican la ética periodística, la ética de los patrones,
por su puesto. ¿Dónde está la ética del trabajador frente
a la ética del patrón?
Esto tiene que ver con los mecanismos con que está armada la
televisión, la radio y los periódicos, porque en última
instancia son medios de difusión de la ideología dominante,
y la ideología dominante es tener a la masa embrutecida. Si
fueran medios de ilustración, entonces tendrían que ayudar a
iluminar a la población en torno a los hechos, y a brindar
cultura, esto es conocimiento, información correcta.
¿Qué opina sobre aquellos que le achacan a Fidel Castro,
entre otras cosas, impedir la “libertad de prensa”?
En Cuba no
existe libertad de prensa, porque los periódicos y los medios
están en manos del Estado, y el Estado representa a la
sociedad. En el libro explico que en determinado período sí
hubo libertad de prensa en Cuba, que fue en el período que va
desde el triunfo revolucionario hasta que los dueños de los
medios abandonan Cuba. Con el triunfo revolucionario, lo
primero que hicieron todos los diarios reaccionarios que habían
apoyado a Fulgencio Batista hasta el último minuto, fue
titular “Gracias Fidel”. Pero cuando la revolución
comienza a tomar medidas que no le gustan a los dueños,
empiezan a variar su línea. Por ejemplo cuando empiezan los
fusilamientos. Ahí
empiezan las acusaciones de la prensa, a punto tal que Fidel
llama a ese famoso encuentro de esclarecimiento donde nace Prensa
Latina.
También cuando saca las dos leyes clave de la revolución que
produjeron que los medios se volcaran en contra de la revolución.
La ley de reforma urbana, por la que aquellos que tuvieran
muchas viviendas se quedaban con una sola casa, y la reforma
agraria, es decir, darle la tierra a los campesinos. Ahí se
pusieron contra la revolución. Pero ya estaban los
trabajadores en el poder. Esto qué significaba, que los
sindicatos tuvieran que cumplir su rol. Los sindicatos de
periodistas exigieron una ley de lo que se llamó la
coletilla, es decir que cada vez que había un editorial o una
nota en contra de la revolución, ellos publicaban debajo una
réplica. Lo mismo en la televisión, en la radio y demás.
Esto provocó la reacción de los dueños de los medios, que
dijeron “No hay libertad de prensa”. Eso es la libertad de
prensa, que todos puedan hablar.
Qué hacen los dueños de los medios, la idea que surgía de
la gran burguesía supuestamente ilustrada, era “estos
negros de mierda qué van a poder hacer los periódicos, la
radio y la televisión, vámonos”. Cazaron la guita, se
rajaron a Miami. Entonces qué hacen los laburantes,
escribieron ellos los periódicos. Ahí se acabó la libertad
de prensa, porque ahí los dueños no escribieron más. Es
cierto no hay libertad de prensa, escriben los laburantes y
tienen la línea que ellos están manejando. La otra línea no
aparece, es verdad. Yo lo corroboré viajando y visitando la
empresa donde se edita el diario Granma y conocí al
laburante. Arriba
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