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¿GIRO EN LA LEGISLACIÓN LABORAL?

Trabajadores argentinos: al derecho o al revés

Un escándalo de corrupción invalida una ley laboral y el gobierno de Kirchner planea eliminarla. En ese marco, sindicalistas y académicos exigen la revisión de sus disposiciones por considerar que desprotegen al trabajador, frente a otros que creen que puede contribuir a crear empleos. En tanto, un viejo proyecto de la primera dama propone la derogación, y hace fuertes cuestionamientos a la política laboral de los últimos 30 años.¿El fin de la legislación del trabajo según el mercado?

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

La confesión de un arrepentido despejó todas las dudas: la última reforma laboral en Argentina se aprobó mediante el pago de sobornos. De esa forma, se cerró una serie de modificaciones normativas que durante años fue acortando los derechos de los trabajadores.
El ex secretario parlamentario Mario Pontaquarto abrió la boca e involucró a senadores y funcionarios del gobierno de Fernando de la Rúa que el 26 de abril de 2000 celebraron la consecución de la nueva ley. Y le dio un empujón a la causa judicial que dormía en tribunales (ver aparte).
Ante esto, la administración de Néstor Kirchner puso la mira en la norma y prepara su derogación. Institucionalmente insostenible, la ley 25.250 es, además, la profundización de políticas laborales establecidas según criterios de mercado, cuyos efectos no escapan a las distintas centrales sindicales y a especialistas que reclaman su fin.
Sin embargo, aunque ha tenido poca difusión, la más enérgica postura contra gran parte de la legislación laboral reciente es la mismísima primera dama Cristina Fernández de Kirchner. Por lo menos, así se ve en los fundamentos del proyecto de derogación que presentó como senadora nacional hace dos años.

La cereza

La segunda mitad del siglo XX se había caracterizado por el aumento de la protección al trabajador, hasta que los vientos cambiaron. “Después de la década neoliberal –sostiene Javier Lindenboim, del Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)- evidentemente la relación es, en líneas generales, de ventajas para el capital y no para el trabajo. Entonces, lo que el capital quiere decir es, ‘bueno, si ahora las cosas son diferentes, ¿por qué tenemos que seguir dando las ventajas que antes dábamos?’.”
“Cuando las reglas de juego en el mercado del trabajo son más eficientes, la creación de empleo es mayor a la misma tasa de crecimiento”, argumenta en un artículo Aldo Abram, uno de los titulares de la Consultora Exante[i].
Preceptos como éste cimentaron la legislación del trabajo desde la dictadura militar y a lo largo del gobierno de Carlos Menem (ver aparte). “Flexibilizar” las relaciones entre empleadores y empleados se hacía imperioso. Es decir, había que huir de la “rigidez” que supone para el patrón el cumplir con derechos del trabajador que son “costosos” e impiden la contratación de más mano de obra. Porque se dijo: “el peor de los empleos es mejor que la desocupación”.
La llegada al poder de la Alianza entre la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frepaso continuó con el proceso. Y en ese contexto, se embarcó en negociaciones que finalizaron con otra vuelta de tuerca sobre el mismo tornillo.
“Esta norma del año 2000 trató de ‘perfeccionar’ todo lo que se había hecho en la década del noventa, en la época menemista, de (Domingo) Cavallo, en la que si hubo algo característico en el mercado de trabajo fue, precisamente, la desprotección de los trabajadores”, recalcó a este medio Lindenboim.
Entre otras modificaciones, la ley 25.250 estableció un contrato a prueba -extinguible sin causa, preaviso ni indemnización- más largo; dictó la caducidad de todos los convenios colectivos de trabajo que no fueran rediscutidos en los dos años posteriores a la sanción de la ley (es decir, suprimió la “ultraactividad”); y dispuso la preeminencia de los convenios negociados por empresas o representaciones regionales sobre los convenios que acordaran los sindicatos nacionales, aún cuando los primeros fueran menos ventajosos para el empleado.
El director de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), Ernesto Kritz, cree que no puede juzgarse el impacto de esta ley en el mercado laboral argentino: “No han podido ser probados en toda su plenitud la bondad o las limitaciones que tiene esta legislación porque se votó en un período de agravamiento de la crisis” (ver aparte). Y agrega que incluso el período de prueba puede ayudar a dar trabajo.
Con una visión muy diferente, el asesor legal del sector de la Confederación General del Trabajo (CGT) que preside Hugo Moyano, Héctor Recalde, advierte que para generar empleo “no hay que mirar el derecho del trabajo” sino “la política económica” (ver aparte). Por eso fustiga encendidamente muchos puntos de la legislación en cuestión.

Qué hacer

El propio Recalde contó a la prensa en diciembre último[ii] que el ministro de Trabajo Carlos Tomada le informó que el Ejecutivo ha decidido derogar la ley del gobierno de De la Rúa. Y añadió: “Moyano le planteó al ministro la necesidad de anular ya la ley y todas las normas de flexibilización de las últimas décadas”. También la otra vertiente sindical, conocida como “CGT oficial”, comandada por Rodolfo Daer, pidió que se frene la vigencia de esa medida.
En tanto, el jefe de gabinete Alberto Fernández había asegurado que no es intención de Kirchner generar un caos normativo al eliminar esta norma: “Hay que moverse con mucho cuidado porque una derogación lisa y llana podría generar un vacío legal importante”, dijo[iii].
“El que dice eso sanatea”, respondió Recalde a Segundo Enfoque acerca de los problemas que acarrearía el terminar con la ley. Y se explayó: “Cuando usted deroga una ley, lo primero que hace es ver qué situaciones jurídicas pueden quedar sin normar. Y lo soluciona con el mismo texto de la derogación”.
Dejó en claro, entonces, que el problema es la falta de voluntad política, aunque destacó: “Yo creo que el presidente Kirchner tiene la decisión política. Ahora si los ministros no le llegan al tono, es otra cuestión”. En cambio, Kritz pareció compartir la mirada del gobierno, pues subrayó que no puede haber derogación sin la elaboración de una alternativa.

Ella

En este contexto, revivió el expediente 1705-S-01, que descansaba en el departamento de información parlamentaria del Congreso Nacional. Es el proyecto de ley de Cristina Fernández de Kirchner con fecha de 11 de diciembre de 2001, que tiene nada más que once palabras:
           
Artículo 1º: “Derógase la ley 25.250, de reforma laboral”
           
Artículo 2º: “Comuníquese al Poder Ejecutivo”
Pero tiene 35 carillas en sus “Fundamentos”, donde se detallan “las razones de índole económica, social, política, judicial, ética y jurídica” que justifican su propuesta. Más de dos años después de su iniciativa, y con mucho más poder que en aquel momento, el texto adquiere otro significado.
Porque contiene, por un lado, un recorrido histórico de la legislación laboral en América Latina y en Argentina en particular, desde sus orígenes hasta la actualidad. Se detiene en la normativa promovida en sucesivas etapas por el gobierno de facto de 1976-1983 y por Menem.
Además, refuta desde el punto de vista jurídico todo el articulado de la ley radical de 2000 con abundantes citas de tratadistas y académicos (ver aparte). Son sugestivos allí los análisis de hombres que hoy influyen en la discusión y tienen poder de decisión, como Recalde, y el propio Tomada.
El trabajo que se adjunta al proyecto incluye una extensa recopilación del presunto pago de sobornos y su investigación judicial, y un anexo estadístico con datos del mercado de trabajo y de la calidad de vida de los argentinos de los últimos diez años. “Los datos estadísticos revelan el estado de desprotección que significaron estas normas, incluida la 25.250, que a la vez fueron exacerbadas en una especie de círculo vicioso, por la situación socioeconómica que generaba el modelo económico neoliberal”, afirma la senadora más poderosa del país.
Con todo esto, vale la pena preguntarse si lo que en la Casa Rosada se teje es la derogación del último retoque a la legislación laboral, hecho por el gobierno de De la Rúa, o –como permite deducir el desarrollo hecho por la mujer del presidente- si puede plantearse una revisión del derecho del trabajo argentino consagrado en los últimos 27 años.


[i] “La nueva reforma laboral da confianza a inversores”. Publicado por Exante en enero de 2000, a poco de enviarse el proyecto de reforma laboral al Congreso.
(www.exante.com.ar/PUBLICO/anteriores/Enero/RefLab260100.htm)
[ii]
“Fin para la reforma laboral trucha”. Página/12 (23/12/03)
[iii]
“Se podría generar un gran vacío legal”. Página/12 (19/12/03)

Arriba

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DOCUMENTOS

Ley 25.250 - Reforma Laboral

En números previos

Jubilaciones argentinas: de la previsión a la especulación (10-03)

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