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OPINIÓN: EL EX PRESIDENTE ESPAÑOL PRESENTÓ SU LIBRO EN ARGENTINA

Las preguntas para el señor Aznar

El titular del Partido Popular español acaba de editar su libro por medio de una editorial multinacional de su país. En gira mundial, recaló en este lado del mundo y armó un discurso breve donde defendió las políticas liberales y su accionar “frente al terrorismo”, aún a pesar del 11-M. Evitó todo diálogo con la prensa.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

Es un ex presidente español. Y ahora es un escritor que acaba de presentar su libro. Aunque también, por su estatura y su discurso es algo muy parecido a la personificación de ese enano fascista que tanto se conoce en Argentina.
Se trata de José María Aznar, el hombre que hace poco dejó la conducción de España, y está promocionando su libro “Ocho años de gobierno. Una visión personal de España”, y lo hace sin ponerse colorado, leyendo cortos discursos y sin responder preguntas. Incluso se lo ve aliviado, como si ya no cargara con las muertes de Atocha y las mentiras posteriores, cuando quiso atribuirselas a la ETA porque veía que el membrete de aquellas muertes decía Irak.
El lunes 19 de julio estuvo en un hotel donde todo brilla, en la Ciudad de Buenos Aires, en una zona que nadie podría imaginarse que está apenas a minutos de una villa de emergencia. Un salón del Alvear Palace Hotel, a ese lugar me refiero, lo recibió repleto de empresarios argentinos y españoles, que llegaron a ponerse de pie para vivar al visitante del bigote mullido. También hubo figuras de la política doméstica, como los centroderechistas Ricardo López Murphy (Recrear) y Patricia Bullrich (Unión por Todos), que se hicieron un rato para asistir a tamaño evento.
Cuando pasaron los aplausos, e incluso algún grito bastante emocionado de “bravo”, abrió la tarde-noche porteña, una autoridad de la Editorial Planeta, esa que habitualmente frena libros de investigaciones que pueden incomodar a empresarios-oscuros-pero-amigos. Y le dio la bienvenida al hombrecito que tenía a su lado, casi como si fuera un prócer, y se enorgulleció de que se hubiera convertido en una nueva pluma de la compañía; y se refirió al libro, aunque parezca mentira, como “un documento ineludible para ver la visión de un estadista de hoy”.

Entonces, ahí empezó el señor. José María Aznar aclaró que espera -ahora que está “desocupado”- dedicar buena parte de su tiempo a la tarea de escritor.
A continuación, se definió como un liberal. Dijo que el progreso económico de España respondió a políticas liberales. No es este el caso de contraponer a una visión liberal del mundo, otra distinta. Pero bien valdría aclararle al retacón de bigotes, que si España pudo mantenerse en pie cuando abrió sus fronteras económicas, fue en buena parte por el dinero que desde estos pagos giraban a la península ibérica las compañías que el propio Estado español gerencia allá y que acá formaron parte de las privatizaciones de los noventa. Por eso cuando en su discurso leído, Aznar afirmó que las naciones iberoamericanas podrían progresar de la misma manera que lo ha hecho España en los últimos años, sonó raro, cuando no a mentira. Y no es raro escuchar a Aznar diciendo mentiras. 

Pero lo bueno-bueno de la conferencia vino después. Tomándose un pequeño respiro, encaró un tema que no podía obviar y que en definitiva podría explicar la presencia de algún desinteresado (que no lo había) allí.
“El terrorismo, proceda del fanatismo ideológico, religioso o étnico, es simplemente terrorismo”, arrancó. Continuó: “La supervivencia de nuestra civilización es la que hoy está amenazada”. Agregó: “La principal amenaza es que sucumbamos a sus pretensiones; no debemos creer que nuestra sociedad tenga alguna culpa”. Redondeó: “Los enemigos de la libertad y los enemigos de occidente no descansan”. Y como si necesitara hacer una justificación enorme, arremetió con esto: “La sociedad debe enfrentarse al terrorismo; el terrorismo sólo entiende el lenguaje de la firmeza y buscar otro tipo de arreglo no es más que un grave error que acaba por complacer y por alimentar al terrorista en su espiral criminal y asesina”.

El señor Aznar hizo un discurso de media hora y no respondió preguntas a los periodistas, y esto no por razones de tiempo, pues se quedó largo rato firmando ejemplares: aunque no lo crean, no sólo había quienes querían que les firmara uno de los hermosos ejemplares, sino que también hubo quienes asintieron con fervor cada aseveración que venía del estrado.
Dado que no hubo ronda de preguntas, bien vale dejar constancia de lo que se hubiese podido acotar:

Señor Aznar, el terrorismo es simplemente terrorismo, como Ud. dijo, pero también cuando viene del Estado, y más si el Estado es invasor y torturador; señor Aznar, no debemos sucumbir ante las pretensiones del terrorismo, como Ud. dijo, pero no debemos creernos salvadores del mundo, o ni siquiera -como es su caso-, bastón del que se cree dueño de la Tierra; señor Aznar, la supervivencia de nuestra civilización está amenazada, como Ud. dijo, pero ¿por quién señor Aznar? ¿Ud. no tiene nada que ver con esa amenaza?  

Por último, señor Aznar, debo admitir que en algo coincido con Ud.: los enemigos no descansan. Hasta tienen tiempo de escribir libros. Arriba

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