|
LOS MEDICAMENTOS Y LA RELACIÓN ENTRE DINERO Y
MUERTE
El negocio negro: peligro
público, salud privada
Mientras los proyectos de ley que protegen a la
ciudadanía duermen en el Parlamento, los laboratorios consiguen
fallos en la Corte Suprema que aseguran sus ganancias. El Gobierno,
en lugar de sancionar una legislación de medicamentos que permita a
los pacientes elegir y pagar precios más baratos, la utiliza para
extorsionar a los empresarios farmacéuticos. Más que nunca, las
“leyes del mercado” especulan con la vida de las personas.
Por Jesica Bossi y Jairo Straccia
jbossi@segundoenfoque.com.ar
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
La muerte alcanza a todos. La medicina para luchar
contra ella, sólo a una parte de la población. La adulteración de
medicamentos y su venta ilegal por fuera de la red farmacéutica
traen graves consecuencias físicas. A su vez, los remedios legales
tienen precios muy por encima de lo que salen en otros países y su
aumento a lo largo de la última década ha sido gigante. Fue en
junio de 1997 cuando una mujer creyó que se estaba tratando el mal
de Parkinson que padecía y murió. Había estado ingiriendo, tal como
le había recetado su médico, Madopar 250mg, de laboratorios Roche.
Lo que no sabía era que el medicamento no servía, se le había
quitado la droga necesaria para combatir el mal. Estaba
adulterado. Tal fue el escándalo que produjo el hecho, que desde
la Procuración General de la Nación se conformó la Comisión de
Investigación de Delitos de Medicamentos Adulterados, a cargo del
Fiscal de Distrito Norberto Quantín. Hasta el último semestre de
1999, de 5678 casos de análisis de medicamentos, el 92% resultó no
apto para la comercialización. De ellos, el 18% poseía defectos de
calidad. Se detuvieron 62 personas.
Dolores de cabeza
Según informaron los dos fiscales que quedan hoy
ocupándose del tema, Marcelo Munilla La Casa y Adrián Giménez, la
mayoría de los casos se detectan en el conurbano bonaerense.
Trabajan en conjunto con el Programa de Pesquisas de Medicamentos
Ilegítimos dependiente del Instituto Nacional de Medicamentos
(INAME). Su titular, Carlos Chiale, confió a Segundo Enfoque que a
la fecha se habían desbaratado alrededor de dos decenas de
laboratorios clandestinos. Gracias a los 20 inspectores de este
programa -que utiliza 720.000 pesos aportados por las cámaras de
farmacéuticos y el Centro Industrial de Laboratorios Farmacéuticos
(CILFA)- Chiale celebra: “se puede decir que las farmacias están
limpias de medicamentos adulterados”. También en la provincia de
Buenos Aires, por iniciativa del Colegio de Farmacéuticos de ese
lugar, se puso en funcionamiento en noviembre de 2000 la Red de
Vigilancia Farmacéutica, que recibe denuncias e inquietudes de
cualquier persona que tenga un problema con la medicación. La
venta ilegal canaliza fuera de las farmacias sustancias
falsificadas. La desregulación económica a través del decreto
2284/91, estableció en su artículo 14 que determinados remedios,
regulados por una autoridad sanitaria, podían ser vendidos en
cualquier lugar. Sin embargo, en estaciones de servicio y quioscos
se ofrecen al público antibióticos, que necesitarían prescripción
médica. En ese sentido, el 6 de noviembre último, la diputada
socialista María Elena Barbagelata elevó junto a otros legisladores
un proyecto de resolución en reclamo al Poder Ejecutivo de un
informe sobre las medidas que se llevan tomadas respecto de esta
situación. Allí, se cita un estudio del INAME del que surge que de
todos los quioscos inspeccionados, el 71 % vende medicamentos
ilegales: que requieren receta, que están falsificados o que están
vencidos. El INAME está abocado del mismo modo a rastrear los
robos a transportes y farmacias que alimentan el comercio
clandestino. Chiale, sin embargo, cree que el tráfico ilegal es una
falencia cultural: “la gente que compra medicamentos en el tren,
¿qué necesidad tiene?, existe una alta probabilidad de que sea
ilegítimo”.
Vacío legal
Los fiscales del Ministerio Público coinciden
en que se les presenta un problema importante a la hora de encuadrar
penalmente los casos. "Necesitamos que alguna persona haya tomado un
remedio “trucho” para poder hablar de envenenamiento, porque no hay
una figura que penalice la falsificación en el Código Penal”,
remarca Munilla Lacasa, que es fiscal hace ocho años y veinte que
está en la Justicia. Hace un año y medio, con el aporte de
Munilla Lacasa y Giménez, en la Comisión de Legislación Penal de
Diputados, el congresista Héctor Polino elaboró un proyecto que
modifica el Código Penal y le agrega un artículo contra la
falsificación de fármacos. “llevamos los proyectos, y se llegó a un
articulado casi definitivo de lo que nosotros veíamos como
necesario, pero todavía no pasó nada”, se quejan mientras exhiben
una plancha repleta de imitaciones de Bayaspirina. Por otro lado,
el diputado nacional por el Frepaso, Federico Soñez, espera hace
tiempo que se trate un proyecto de su autoría que restringiría el
expendio de cualquier remedio -incluso los llamados de venta libre-
sólo a las farmacias. Dice el texto: “el carácter de venta libre, no
le quita su condición de medicamento, (...) su uso inadecuado genera
distintos tipos de daños”. Con dictámenes positivos de las
Comisiones de Salud, Comercio y Defensa del Consumidor, no ha tenido
lugar en la agenda del Congreso que se renueva.
Estafa
Desde otra perspectiva, el mercado de medicamentos
tiene una característica muy particular: quien consume no decide y
quien decide no paga. Tal vez por esa razón en nuestro país un
paquete de seis ampollas de Voltaren (de Laboratorio Novartis)
cuesta 19,52 pesos, mientras que el mismo producto en España ronda
en los 2,50. La diferencia es del 680%. Argentina es uno de los
lugares en que se venden los remedios más caros del mundo. A partir
de la desregulación de 1991, se eliminó el control de precios, se
estableció un nuevo régimen de patentamiento y se inició un proceso
de apertura externa de la economía. En ese sentido, la nueva
legislación facilitó la importación directa y agilizó los trámites
aduaneros. Los laboratorios fabrican dos líneas de medicamentos.
Por un lado, los denominados “genéricos” que son equivalentes al
producto de investigación original, es decir, son copias autorizadas
por un organismo gubernamental -en Argentina, la Administración
Nacional de Medicamentos, Alimentación y Tecnología Médica (ANMAT)-
que tienen un efecto terapéutico comprobado. Por otro parte, los
“éticos” son aquellos elaborados por marcas comerciales conocidas,
que cuentan con una buena presentación, prospectos y un apoyo
publicitario. La gran diferencia entre estas modalidades es el
precio: los genéricos son notablemente más baratos. En Estados
Unidos, los profesionales recetan por la denominación de la
monodroga (genérica) y, por ende, los consumidores adquieren el
remedio o marca que prefieren. Aquí, el marco jurídico sólo permite
adquirir genéricos a los hospitales. A través del decreto 177/93 se
obligó a prescribir productos con nombres de fantasía o,
directamente, el de los laboratorios. Desde muchos sectores
denuncian que los médicos, seducidos por los regalos, cursos de
capacitación en el exterior y un porcentaje por la facturación
generada, recetan los medicamentos que los laboratorios
aconsejan.
Propiedad privada
Otro de las causales del elevado costo de los
fármacos radica en la Ley de Patentes. En 1994, se firmó el acuerdo
sobre Derechos de Propiedad Intelectual en Relación con el Comercio
(TRIPS, su sigla en inglés). El cumplimiento de este tratado es una
condición para integrar la Organización Mundial del Comercio (OMC) e
implica que los derechos se mantengan durante 20 años. Los
críticos del TRIPS consideran que en un futuro cercano los países
subdesarrollados perderán la posibilidad de producir o importar
productos genéricos y, por lo tanto, las multinacionales
controlarán, aún más, el mercado. Según el especialista en
patentamiento farmacéutico, Carlos Correa, el sistema de patentes
fue concebido para recompensar la capacidad inventiva y alienta el
progreso de la tecnología. Sin embargo, en la actualidad se corre el
riesgo de que limite la innovación que debería promover. “Miles
de patentes se conceden sobre desarrollos menores, ideas triviales o
sustancias que ya existen en la naturaleza, que fueron descubiertas
mas no inventadas”, sostiene Correa. En ese sentido, la Oficina de
Patente de Estados Unidos otorgó en 1990 más de 160 mil licencias,
mientras que 10 años atrás cedía la mitad. En el campo
farmacéutico se registran pocas entidades químicas nuevas. Sin
embargo, son miles las patentes que se confieren a ese sector. ¿Por
qué? La explicación es muy simple: las empresas realizan pequeños
cambios en las fórmulas, en el envase, en la cantidad de unidades,
descubren un nuevo uso del producto o crean otro mediante
combinaciones ya conocidas. Por otro lado, si una de las metas
del patentamiento es invertir en investigación y desarrollo para
combatir las enfermedades asociadas a la pobreza, no se explica por
qué se dedica sólo el 0,2 % a la diarrea, la neumonía y la
tuberculosis, los tres grandes males del Tercer Mundo. Con respecto
al SIDA, la patente de lamivudina/zinovudina Combivir, de vital
importancia para el tratamiento, ha sido otorgada en 1996 a Glaxo
Wellcome. Eso significa que por 20 años no se podrán vender copias
genéricas más baratas. Por su parte, la empresa se situó en el
puesto 35 de la lista de los principales contribuyentes al Partido
Republicano -del actual presidente George Bush- en las elecciones de
2000.
Salud cara
A principios de octubre pasado, la diputada
provincial Mirta Adobatti -Alternativa por una República de Iguales,
ARI- denunció un pacto entre el gobierno nacional y la industria
farmacéutica. El Ejecutivo pretendía comprar medicamentos a muy bajo
costo para un plan social que brindase cobertura a jubilados
totalmente desprotegidos. Según Alejandro Cano, asesor de Adobatti,
la amenaza era: “si no me venden barato, saco una ley de
medicamentos genéricos. Es decir, extorsionaban con algo que debería
estar instituido”. La legisladora de la provincia de Buenos Aires
presentó un proyecto de ley de medicamentos genéricos y esenciales,
de acuerdo con los principios de la Organización Mundial de la Salud
(OMS). Tras realizar estudios epidemiológicos, la entidad
internacional fijó un listado de 300 remedios indispensables, la
mayoría genéricos. En Argentina, existen 12.500 medicamentos en el
mercado. El propósito del proyecto es justamente desarrollar
políticas integrales y de racionalización para regular el gasto y
los costos. En el territorio bonaerense existe una ley de
medicamentos aprobada en 1993 pero que nunca se reglamentó.
Determina que los médicos prescriban en función a un formulario
terapéutico provincial y que los farmacéuticos ofrezcan, en
condiciones de igualdad de precios o de precio mayor, la sustitución
por un medicamento más barato equivalente en su composición. Sin
embargo, las empresas farmacéuticas se presentaron ante la Corte
Suprema y consiguieron que se declare inconstitucional. Argentina
es uno de los países de mayor consumo mundial de fármacos per
cápita. Según un informe de la Fundación Isalud, el gasto de
medicamentos supera los 6.000 millones de pesos anuales: el 70%
corresponde a los hogares y el resto lo financian las instituciones
(hospitales, clínicas, obras sociales). En las naciones
desarrolladas, la erogación en el rubro representa el 14% del gasto
total en salud, en cambio aquí alcanza el 30%. Asimismo, debido a la
drástica caída del 5% en el último año en las ventas de medicamentos
con receta, los laboratorios decidieron, para compensar sus
pérdidas, subir los precios. Arriba |