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Venezuela:
una
ola para decir chau a la manipulación
Por
Segundo Enfoque
La mentira programada
potenció el regreso de la información a manos de su titular:
el público. Después del golpe de Estado comunicacional,
empresario y militar de 2002, proliferan en los 21 estados
venezolanos emprendimientos periodísticos comunitarios. Su
meta: contrarrestar las operaciones de la prensa del poder y
generar un espacio nuevo de interacción social.
Lo llama “explosión”. El periodista de Argenpress
Modesto Emilio Guerrero contabiliza en Venezuela 17 emisoras
regionales de televisión, aproximadamente 60 radios y más de
700 publicaciones gráficas, todas de sostén local. Recalca
que son medios comunitarios:
“Es por su carácter de relación directa no sólo en la
información sino en la organización social y cultural del
barrio”.
Conocedor de la tierra de Bolívar, Guerrero explica cómo
varió el ojo del espectador a partir del papel de las
empresas periodísticas en los sucesos de abril de 2002. “La
clase media, y la clase popular venezolana formaban su opinión
a través de los tres medios principales que eran Venevisión
del Grupo Cisneros, que es el segundo grupo más grande de América
Latina; Radio Caracas, de otro grupo ligado al Citibank;
y Globovisión, también del Grupo Cisneros”, relata
quien también se desempeña en Argentina para Edición
Nacional.
Desde el intento golpista, el canal estatal Venezolana
de Televisión (VTV) registra en promedio 28 puntos
de rating y lidera las mediciones. Antes de abril de 2002, su
promedio anual era de 4 puntos. Sin embargo, el mayor impacto
lo sigue produciendo un acto casi religioso para los barrios
pobres, durante los fines de semana: el espacio del primer
mandatario Hugo Chávez Frías “Aló Presidente” alcanza
picos de hasta 64 puntos, según las medidoras independientes.
En el otro costado, el desarrollo de medios comunitarios ha
producido la crisis de los medios privados otrora líderes.
Los canales de televisión han reducido sus mediciones a entre
3 y 8 puntos, según el momento. Y la prensa escrita no escapa
al descrédito generalizado: de 280 mil ejemplares que llegó
a tirar el diario El Nacional, hoy apenas alcanza los
40 mil. De todos modos, la campaña no ha cesado, según
cuenta Modesto Guerrero: “Son llamados de guerra que hacen
todos los días”.
En tanto, las iniciativas comunitarias están encabezadas por
periodistas profesionales y no profesionales, que se han
organizado, han comprado un transmisor o armado una oficina
para empezar a transmitir para el barrio. Aunque algunos de
ellos incluso lo hacían desde antes de que Chávez llegara al
Palacio Miraflores, el proceso social y político iniciado, y
el fiasco que significó para muchos creerle a la gran prensa,
les dio un impulso inusitado.
Guerrero relata un hecho ocurrido hace algunos días:
“Cuando se fundó en Venezuela la primera central obrera
clasista en la historia del país, los 911 delegados
aplaudieron a rabiar a una cámara de televisión. La cámara
era de Venezolana de Televisión. Una segunda cámara
era de Catia TV, y también había un grabador de audio
de Aporrea.org. Estos son los tres medios más
populares del país”.
Un particular fenómeno comunicacional completa el desarrollo
en aquél país de las nuevas formas de difusión. Su nombre
es “La esquina caliente”. El lugar: la Plaza Bolívar.
Ancianos se convocan días enteros para discutir sobre las
noticias que vocifera uno de ellos tras escucharlas en su
radio portátil clavada en Radio Nacional. Los
encuentros son periódicos, aunque la frecuencia aumenta en
tiempos convulsionados.
Desde abajo hacia arriba, desparramados por todo el país,
muchos habitantes entienden que la información les pertenece,
y que por eso no puede estar sujeta a ninguna operación. A
partir de las experiencias que han sumado, los medios
comunitarios en Venezuela abren hoy una luz que muestra qué
hacer cuando los grandes medios juegan el partido de la
distorsión.
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