Segundo Enfoque - Periodismo por vocación

Volver a la página principal

» Política
» Economía
» Mundo
» Info. General
» Cultura
» Deportes
» Metamensaje

OPINIÓN - ORIENTACIÓN SEXUAL

No reproducir la maquinaria de la discriminación

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

¿Ustedes no serán medio putos, no? /// Digo, yo no tengo nada contra los trolos, pero verlos cerca, viste, no me da. /// Pero hay que tratarlos bien a los gays y a las lesbianas, no jodamos, porque mirá si un día te sale un hijo así. /// Que quede claro, yo no tengo nada contra los homosexuales, si hasta tengo amigos trolos y todo.
¿Cuántas frases de estas usan todos ustedes, heterosexuales que leen este artículo? Seguramente los heterosexuales no nos consideramos nazis, y seguramente tampoco lo seremos. Tampoco seremos hombres y mujeres que repetimos los discursos de la Iglesia, con una Biblia bajo el brazo para andar llamando “enfermos” a los homosexuales.
Pero probablemente empleemos este tipo de frases todo el tiempo, para bromear, para insultar, o simplemente en medio de diálogos, sin más. Entonces, caminamos la vida reproduciendo –mayormente sin percatarnos- la discriminación por orientación sexual e identidad de género.
“La homofobia y el heterosexismo se transmiten las más de las veces de forma extremadamente sutil, a menudo sin que uno se dé cuenta, más en lo que se oculta que en lo que se dice”. Esta es una premisa de un documento de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays y Transexuales de Cataluña, una institución que da una lucha encomiable por la igualdad de derechos entre hetero, homo, y bisexuales. “En nuestra sociedad –dice- los únicos modelos que se transmiten son los heterosexuales, no se hacen ni siquiera referencias a modelos de afectividad homosexual que ayuden a los adolescentes lesbianas y gays a conformar su identidad de forma sana”.
“Constantemente –continúa- se habla sin tener en cuenta la posibilidad de que haya lesbianas y gays presentes, que posiblemente estén sufriendo ante un chiste que los ridiculiza o ante la presunción de que a todos se apliquen normas heterosexuales. Esto se denomina presunción universal de heterosexualidad.”
A ver. Lo pongo en claro: si yo digo “No tengo nada contra los homosexuales, si hasta tengo amigos y todo”, estoy diciendo, “No tengo nada contra los homosexuales, si hasta me atreví a acercarme a esos y soporto tener amigos de esa condición”.
La orientación sexual de las personas no está determinada por ninguna ley natural que atraviese la historia indicando que todos debemos ser heterosexuales. Cada persona en este planeta tiene la orientación sexual que tiene, sin explicaciones. ¿Algún heterosexual podría explicar, justificar, por qué es heterosexual? Simplemente no. Una persona es heterosexual, o es homosexual, o es bisexual, y punto. Sin explicaciones, sin justificaciones y punto. Y cualquiera sea su orientación sexual, ésta no lo hace diferente a quienes tengan otra orientación sexual.
A los heterosexuales, esta sociedad nos ha inyectado, y nos sigue inyectando, los valores de la naturalidad heterosexual, nos ha trasladado a la comodidad de presumir que el universo es heterosexual. Eso nos pone en el rol de reproductores del agravio diario hacia las personas con otra orientación sexual. Y claro que no nos exime de ser cómplices de ese mal trato.
Aquellos que son discriminados, léase fundamentalmente los homosexuales, han dado y dan una pelea formidable por el respeto hacia sus derechos. Veamos, si no, las mil batallas ganadas por la Comunidad Homosexual Argentina, desde hace más de 20 años. Sin embargo, a esa esperable lucha de su parte, a ese incesante combate contra la Iglesia Católica, o contra expresiones tinellianas de los medios de comunicación, los heterosexuales tenemos que dejar de concurrir como espectadores. Para demostrar que no somos discriminadores no es cuestión de andar gritando esa consigna. Es cuestión de dejar de reproducir la maquinaria de la discriminación.
Acá es, entonces, donde se debe dar la lucha desde lo individual a lo colectivo. Y el desafío de romper día tras día con la cómoda postura de que “todos somos heterosexuales” y ellos, los diferentes, los bisexuales, o los homosexuales son “aparte”, son el barro de mi pisoteo constante. No debemos fomentar la existencia de ese tal “ellos”. No hay “ellos”, todos somos nosotros, y parece vergonzoso tener que volver a repetirlo: todos somos iguales, todos merecemos darnos el mismo trato, seamos heterosexuales, homosexuales, o bisexuales.
Por eso les pido, heterosexuales que leen y que hacemos estos artículos, que se enteren de que en las Naciones Unidas está en debate una moción de Brasil para introducir la condena a la discriminación por razones sexuales, y que el principal obstáculo para este avance de la convivencia planetaria es el Vaticano, que ha pedido país por país que se vote en contra[1].

Como vemos, el Vaticano es ya bastante oponente para la equiparación de los derechos de todas las personas cualquiera sea su orientación sexual. No le sumemos nuestra retórica descuidada, nuestra cómoda visión de heterosexuales que se creen los únicos habitantes posibles del planeta.

[1] “El Vaticano reclama apoyo de Argentina contra parejas gays”. Diario Clarín, 15 de marzo de 2004.

 Arriba

Notas relacionadas

-

En números previos

Entrevista a César Cigliutti, presidente de la CHA: la pelea de los gays y las lesbianas (02-04)

Política - Economía - Mundo - Info. General - Cultura
Deportes - Metamensaje - Nosotros

Copyright 2002 ©
Buenos Aires, Argentina
Todos los derechos reservados