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CRECE LA PROTESTA ANTI-MINERA

Un grito desde el oeste catamarqueño

Unos 4.000 vecinos de tres departamentos de Catamarca aunaron su reclamo contra el desarrollo de la minería metalífera de gran escala en la región. Hay marchas periódicas, caravanas de autos y hasta cortes en los accesos a las minas. Mientras todavía se quejan de los resultados de la explotación de Bajo de la Alumbrera, ahora buscan frenar el proyecto Agua Rica, otro yacimiento de oro, cobre y molibdeno de porte mundial. Al mismo tiempo, la administración de Néstor Kirchner eximió del control de capitales a las compañías del sector y acaba de celebrar la puesta en marcha de otro mega proyecto aurífero en San Juan.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

La corriente de oposición a la minería metalífera en la Argentina se profundiza ahora en la provincia de Catamarca. En el distrito del noroeste del país, valorado mundialmente por su riqueza en oro, cobre y molibdeno, vecinos organizados se movilizan y cortan rutas para frenar el desarrollo de un millonario proyecto multinacional. Lo hacen en defensa del medio ambiente, pero también –dicen- contra un modelo minero que los deja afuera de los beneficios que producen los recursos naturales no renovables.
Unos 4.000 habitantes de los departamentos de Santa María, Belén y Andalgalá se han agrupado para rechazar la puesta en marcha de la mina Agua Rica, que la empresa canadiense Northern Orion planea poner a producir el año que viene. “Decidimos conformar los Autoconvocados del Oeste Catamarqueño, que nos estaría uniendo a los departamentos en los reclamos y en las posturas por adoptar”, reveló el dirigente santamariano Roque Chaile al diario local La Unión.
Los manifestantes esgrimen motivos para quejarse: hace casi 10 años que funciona en la región una de las explotaciones auríferas más grandes del país, Bajo de la Alumbrera. “La gente dice que solamente con la minería vamos a salir, y ya se viene probando hace años con Alumbrera que no hay ningún cambio”, argumentó Baltazar Rojas, autoconvocado de la localidad de Choya, cercana a Andalgalá. Las ganancias que se lleva la también canadiense Xstrata Cooper Ltd. –aseguran- no se perciben en los pueblos cercanos; por el contrario, sólo son destinatarios de los desechos minerales, más algunos programas de asistencia a la comunidad.
El caso de Catamarca es otra réplica de la experiencia de Esquel, el pueblo de Chubut, que en marzo de 2003 impidió mediante un plebiscito que otra canadiense, Meridian Gold, desarrollara el proyecto El Desquite a muy pocos kilómetros, empleando cianuro como parte del proceso extractivo. Incluso, los esquelenses se han encontrado con vecinos del noroeste para estrechar lazos en una lucha conjunta.
La oposición a la gran minería es común en Latinoamérica. Grupos indígenas, vecinos, campesinos, ambientalistas, y hasta líderes religiosos se oponen a la minería a cielo abierto (con grandes explosiones), con uso de cianuro, asegura un artículo del periodista Mark Stevenson en The Associated Press, titulado “Minas a cielo abierto generan resistencia en América Latina”.
En la Argentina, las protestas recrudecen mientras el gobierno nacional reafirma el esquema legal y económico que hace una década incentivó el llamado boom de inversiones extranjeras mineras en el país, para explotar y exportar sin procesar los metales que más se cotizan en el mundo.
Se trata de un sector que prevé inversiones por 3.600 millones de dólares para el bienio. Desde la devaluación de 2002, el abaratamiento de costos atrajo una segunda ola de capitales, que la administración nacional intenta prolongar de todas maneras. De hecho, ha consolidado los beneficios impositivos de las compañías, y acaba de celebrar la entrada en etapa productiva de la explotación de oro de Veladero en San Juan, el primer mega emprendimiento que se inaugura en la gestión de Néstor Kirchner.

Con más fuerza

Con la consigna “Sí a la vida, no a la explotación de Agua Rica”, los autoconvocados se movilizan el 12 de cada mes por Andalgalá, en una marcha que siempre incluye un acto frente a la sede administrativa de la compañía. Además, el 3 de octubre también realizaron una caravana de vehículos que saturó de bocinas el centro de la ciudad.
Pero el ánimo anti-mina está en aumento, a medida que avanzan los proyectos en el país y el reclamo no obtiene respuestas. En la madrugada del 23 de septiembre, los vecinos cortaron dos caminos de acceso a Bajo de la Alumbrera, en los pueblos de Choya y El Potrero.
El lunes 26 intervinieron las fuerzas de seguridad y levantaron el corte de ruta, sin que se informara de actos de represión. “El Gobierno instruyó a la policía para que accione en contra de los que estábamos reclamando por nuestra salud, nuestra agua, y nuestros derechos”, contó la andalgalense Graciela Chaile en declaraciones a Radio Ancasti. La justicia los acusó de impedir el derecho al trabajo, al alimento y al descanso de las personas que trabajan en la mina.
“No somos agresivos, pero cada vez se toma un poco más de valor, se va perdiendo el miedo a las autoridades, como la policía”, subrayó Baltazar Rojas, en diálogo con Segundo Enfoque.
El próximo paso de los vecinos es una marcha provincial. En realidad, decidieron postergarla hasta después de las elecciones, para evitar que el clima electoral enturbie el reclamo. Ya a principios de septiembre debieron salir a aclarar que ellos no tuvieron nada que ver con una Marcha del Oro que sectores vinculados al dirigente sindicalista Luis Barrionuevo y al Partido Justicialista local hicieron en la capital catamarqueña.
El objetivo final es conseguir un referéndum. Edgardo Salas, concejal en Andalgalá por el Frente Cívico y Social (del gobernador Eduardo Brizuela del Moral), es el único político que forma parte del grupo vecinal y ya ha juntado 15.000 firmas para lograr que se convoque a un plebiscito vinculante sobre el desarrollo de la minería en la provincia.

Contra el modelo

Los proyectos mineros no se rechazan sólo por el eventual daño ambiental que podrían causar. En el reclamo catamarqueño hay un cuestionamiento al modelo minero establecido en la primera mitad de la década del 90.
A mediados de agosto se realizó el III Encuentro de la Red de Comunidades Afectadas por la Minería (CAMA), un colectivo que reúne a los sectores afectados directa o indirectamente por la actividad minera a cielo abierto. Entre ellos, además de los pobladores catamarqueños, se incluyen indígenas, campesinos, profesionales y vecinos de Salta, Tucumán, San Juan, Neuquén, Río Negro y Chubut.
Como cierre, y tras una marcha, se emitió un documento que resume la concepción anti-minera actual, y que toma los principios de los encuentros de noviembre de 2003 y abril de 2004. “La gran minería no significa otra cosa que un plan de entrega total e irrestricto de nuestros recursos minerales, nuestras tierras, y la afectación y contaminación de nuestras reservas de agua dulce y los ecosistemas en todo el territorio nacional”, sostuvo el comunicado.
La red exigió, en definitiva, “la inmediata paralización de todos los emprendimientos mineros a gran escala” que hoy se estén desarrollando, así como “la suspensión de nuevos permisos y concesiones bajo el régimen legal actual”.
Frente al reclamo, las empresas se defienden: “No hay exenciones de impuestos sino estabilidad fiscal”, afirmó Jorge Fillol Casas, titular de la Cámara de Empresarios Mineros (CAEM) en una entrevista con Página/12. Si bien reconoce que en la Argentina los metales no se refinan porque no se produce “un monto de toneladas suficiente”, asegura que la mayoría de los reclamos se producen porque la gente “está mal informada”.

Sin cambios


Pero si hay algo que las autoridades nacionales no piensan hacer, es modificar el marco jurídico que engendró el modelo minero vigente.
La Argentina es “la vedette del mundo en la actividad”, se jactó en abril el secretario de Minería de la Nación, Jorge Mayoral, durante el II Encuentro de Proveedores Mineros, justamente en Catamarca.
En aquella oportunidad, Mayoral destacó el “compromiso superlativo” del presidente Néstor Kirchner con el sector minero. No es novedad. Ya cuando había lanzado el Plan Minero Nacional, en enero de 2004, el primer mandatario no había dejado dudas, al afirmar: “El sector minero argentino es uno de los pocos sectores que durante la década del noventa, con cambios importantes en la legislación, empezó a tener un punto de inflexión que le permitió avizorar un destino estratégico diferente”.
El Gobierno no se queda en palabras. El 12 de septiembre, la minería quedó exenta del control de capitales dispuesto por la administración Kirchner para el ingreso de divisas con el fin de desalentar los fondos especulativos.
En el comunicado C 42.884 del Banco Central y a instancias de un pedido de la Secretaría de Minería, se autorizó el ingreso sin restricciones de divisas destinadas a cubrir gastos de exploración en el sector.
Con esta decisión, el Gobierno confirmó aquel gesto que el 29 de octubre de 2004 había efectuado al instrumentar la devolución del IVA a la exploración minera, que ya estaba vigente desde la ley 25.429 de Actualización de Inversiones Mineras y no había comenzado a regir. En la cartera minera lo destacaron como la concreción de un “largo anhelo del sector”.
La gestión Kirchner prevé para el período 2005-2006 un piso de inversiones de 3.600 millones de dólares. La cifra significa un aumento considerable respecto de un año y medio atrás, cuando se había previsto inversiones por tres años por 1.300 millones dólares. Los cálculos oficiales también hablan de llegar hasta los 30.000 empleos directos y hasta 121.000 indirectos en ese plazo.
En marzo, en la Feria de Exploradores y Productores Mineros que se realiza en Toronto, la Argentina tuvo un espacio relevante. El analista Jeff Gree, de la consultora especializada Paradigm Capital, aseguró que “es el país para invertir”. Según la agencia estatal Télam, explicó que las empresas canadienses con proyectos en el país incrementaron sus acciones más del 30%, en tanto los proyectos en otros países mantuvieron o disminuyeron sus valores accionarios.
Ahora existen 130 proyectos en ejecución, en todas las etapas. A los capitales de Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica, Inglaterra, Australia y Perú, que hasta ahora han inundado la Argentina en busca de sus riquezas subterráneas, ahora se están sumando Corea y otros países asiáticos. Arriba

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