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AHORA, EL ORO NEGRO MEXICANO
Objetivo PEMEX
La empresa más importante de México está en la
mira de las corporaciones internacionales estadounidenses.
Luego de golpes fallidos e incursiones bélicas alrededor del
mundo, la potencia hegemónica mira su frontera sur. Con
presiones desde Washington y con un mandatario mexicano
permeable a los pedidos de las empresas transnacionales, la
pregunta es inevitable: ¿se viene la privatización?
Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
Después de sesenta y
cinco años de su fundación, el 7 de junio de 1938, la
empresa energética estatal de México, Petróleos Mexicanos
(PEMEX), es el eje de la política exterior del país. En un
contexto mundial donde el 90 por ciento de las reservas de
petróleo del mundo está en manos públicas[i],
la búsqueda del capital privado de ingresar en ese sector no
cesa, y no se fija en métodos.
Primero fue el golpe empresario-militar en Venezuela, uno de
los principales productores de petróleo en el globo, en abril
de 2002. Más tarde, este año, la invasión de Estados Unidos
a Irak, un país enclavado en Medio Oriente, región que
cuenta con el 66 por ciento de las reservas mundiales de crudo[ii].
Ahora, parece que el ojo está puesto en el oro negro
mexicano.
Aunque el interés privado por PEMEX no nació recién, en el
último mes distintos hechos y declaraciones políticas han
vuelto a poner énfasis en la privatización de la empresa. El
legislador republicano Cass Ballenger presentó una moción en
la Cámara de Representantes de Estados Unidos con el
siguiente texto: “Cualquier acuerdo sobre los temas de
migración entre Estados Unidos y México deberá incluir
también un acuerdo para abrir PEMEX a inversiones de empresas
petroleras estadounidenses”. Ocurre que hay cuatro millones
y medio de mexicanos que viven clandestinamente en Estados
Unidos y que son objeto de negociaciones constantes entre
ambos gobiernos.
Aprobada por una comisión y difundida el viernes 9 de mayo,
la presentación de Ballenger fue criticada por sus pares demócratas.
El documento argumenta el pedido hablando de mala organización
y despilfarro en la compañía: “El monopolio estatal de
PEMEX es ineficiente y está plagado de corrupción, y
necesita una reforma sustancial y de inversión privada para
ofrecer suficiente petróleo para México y Estados Unidos”.
En tanto, el presidente de México, Vicente Fox Quesada, al
poner en marcha un proyecto de licitación en una refinería
tres días más tarde, respondió que PEMEX “forma parte de
la economía y la historia de México”. Y agregó: “De
ninguna manera se aceptará negociar dicho acuerdo a cambio de
la apertura de PEMEX a inversionistas extranjeros”.
De todos modos, luego de participar en la Cumbre del G8 en
Evian, Francia –con los países industrializados más
importantes- Fox mostró frente a inversores suecos su
predisposición a la llegada de capitales foráneos al sector
energético. “Mi gobierno ha declarado que no va a
privatizar ninguna de las compañías manejadas por el Estado,
que son básicamente la compañía petrolera, PEMEX, así como
la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Lo que presentamos
al Congreso es la propuesta de abrir a la inversión privada
nuevas inversiones que se necesitan en el país. Esto abre
amplias oportunidades para los inversionistas”, respondió
Fox ante una pregunta del auditorio.
A pesar de la aclaración remarcada por el primer mandatario,
parte de la prensa mexicana realizó otra lectura. El diario La
Jornada, por ejemplo, en un editorial titulado “En
Suecia y lejos de la Constitución”, calificó esta postura
con contundencia: “Es inadmisible que Fox promueva las
oportunidades de inversión en México si para ello se
violenta la Carta Magna del país".
Esquivar
“La privatización en el sector energético, en su más
amplia acepción -es decir que las actividades que realizaba
el Estado pasan a ser realizadas por el sector privado- ha ido
avanzando aunque la Constitución lo prohíba”. La frase
pertenece a Sarahí Ángeles Cornejo, integrante del Instituto
de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional de México
(UNAM), quien consideró en diálogo con Segundo
Enfoque que hace mucho tiempo que PEMEX está dejando
de ser una empresa pública (ver aparte).
En la Constitución mexicana, el artículo 27 (ver aparte)
deja claro que todos los recursos energéticos pertenecen al
país. No obstante, según Cornejo, esto ha sido violado
sucesivas veces: “Todas las actividades que están a cargo
de la empresa petrolera PEMEX y en el caso del sector eléctrico,
de la Comisión Federal de Electricidad, se han ido dando a
las empresas trasnacionales a partir de contratos”.
Asimismo, otros hechos más, han sido clave en los últimos
veinte años para saltear la Ley Fundamental de México y
abrir el sector energético al capital privado. En primer término,
se produjeron dos sucesivas “reclasificaciones” de los
productos petroquímicos básicos. La legislación marca que
el Estado tiene exclusividad en la elaboración de estos
petroquímicos, y que sólo los petroquímicos llamados
secundarios podrían ser objeto de producción por parte de
los particulares.
De setenta y dos productos que elaboraba con exclusividad
PEMEX antes de 1986, las modificaciones en la clasificación
hechas ese mismo año, en 1989 y también en 1992,
restringieron el número a sólo ocho: etano, propeno, butano,
pentano, hexano heptano, materia prima para negro de humo y
naftas[iii].
Por otro lado, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari
consiguió el 16 de julio de 1992 la promulgación de la nueva
Ley Orgánica de Petróleos Mexicanos y Organismos
Subsidiarios. Sarahí Cornejo considera al respecto que ese
fue otro paso decidido hacia la privatización: “PEMEX fue
dividida en cuatro empresas subsidiarias y un corporativo.
Esto ya con miras precisamente a preparar esa estructura para
su privatización. Incluso a las empresas subsidiarias sea de
refinería, de extracción o petroquímica se les da el
derecho de contratar créditos. Este es uno de los principales
problemas que enfrentan las empresas energéticas del país
que han venido adquiriendo una fuerte deuda”.
En última instancia, desde el gobierno federal se está
promoviendo por estos días la posibilidad de que la empresa
estatal pueda cerrar con empresas privadas vínculos conocidos
como “contratos de servicios múltiples” en la Cuenca de
Burgos, el mayor yacimiento de gas no asociado del país. A
través de estos contratos, se concesionaría por veinte o
treinta años la extracción de ese hidrocarburo en los
estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila.
Números, razones
Petróleos Mexicanos genera aproximadamente el 35 por
ciento del presupuesto total del país. Con 167 mil
trabajadores, produjo según datos oficiales 3,32 millones de
barriles diarios durante el primer trimestre de este año,
siendo una de las diez petroleras más importantes del mundo.
Según Sarahí Cornejo, la estatal energética exporta el 50
por ciento de su producción de petróleo, y de lo que exporta
el 85 por ciento va en dirección Norte. “La mayor parte de
las reservas petroleras en México han pasado a los Estados
Unidos”, dice Cornejo. Después de la crisis energética de
1973, para la investigadora se dio una “integración en lo
energético” hacia Estados Unidos y por ese motivo PEMEX
engrosó sus ventas a ese país.
A su vez, durante la invasión a Irak, si bien el gobierno de
Fox se opuso en la Organización de las Naciones Unidas al
ataque, México aumentó sus exportaciones de petróleo hacia
la potencia en aproximadamente 200 mil barriles más por día,
alimentando solapadamente la maquinaria bélica en el
desierto.
De tal modo que desde Estados Unidos se vienen propiciando políticas
que le permiten alrededor del mundo hacerse de las reservas
petrolíferas que requiere para su abastecimiento. Esto en un
futuro no muy lejano parecería continuar dentro de la política
energética mexicana. Según la consultora PetroLatin,
en un informe publicado en noviembre de 2002, las expectativas
de PEMEX para el año 2006 contemplan una producción de 3,8
millones de barriles diarios y cerca de 6.000 millones de pies
cúbicos de gas por día.
En este sentido, de cara a los próximos pasos será
fundamental la postura de la sociedad mexicana. Los libros de
historia se han encargado de exaltar la importancia de la
medida tomada por el presidente Lázaro Cárdenas del Río el
18 de marzo de 1938, cuando decretó la expropiación de la
industria petrolera (ver aparte).
Las primeras encuestas que se conocieron al difundirse la
propuesta del Congreso estadounidense indicaron una oposición
muy fuerte a la idea de privatizar PEMEX. Sarahí Cornejo lo
interpreta con claridad: “La propiedad de PEMEX y de sus
recursos petroleros en la medida en que fue un rescate que
hizo el país, al quitárselos a las empresas transnacionales,
marca la conciencia nacional, es algo histórico, es algo
cultural”.
[i] Según Daniel Montamat,
consultor y ex director de Yacimientos Petrolíferos
Fiscales (YPF). En declaraciones al diario argentino Clarín,
el 24 de febrero de 2003.
[ii] Idem 1.
[iii] Diario Oficial de la Federación –
Agosto de 1992.
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