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La
era del periodismo apagado
Por Segundo
Enfoque
La mayoría de
los periodistas ha perdido la pasión. Arrastrados por la
decadencia general producto de la recesión creativa, los
trabajadores de prensa de hoy ya no investigan por decisión
propia, ya no generan emprendimientos originales, ya no sueñan.
Hemos descrito muchas veces cómo la dependencia económica y
política perjudica a la actividad periodística. Ahora, en
cambio, la crítica es para todos los que llenan páginas de
diarios, envían cables en agencias noticiosas, hablan frente
a una cámara de televisión o a un micrófono de radio.
Sólo importa cumplir. Con un cable, una entrevista o un
audio. Nadie saca ya los pies del plato. Nadie intenta romper
los moldes para formar nuevos. Todos cubren espacios. Como el
cajero de un banco que sella y sella, los periodistas de hoy
nada más cumplen su horario.
Hubo aquellos que dieron saltos cualitativos. Inventaron
agencias clandestinas, diarios o revistas con formatos
inusuales. Con objetivos claros: informar cuando no era fácil
o mostrar la realidad de manera non-sancta.
Sin embargo, hace una larga década que no se rompen los
esquemas en los medios de comunicación (y más allá
tampoco). Los motivos son varios: los multimedios ahogan
cualquier intento de revolucionar lo establecido en la profesión;
los periodistas consagrados o con un lugar asegurado desde
hace años sólo quieren conservarlo; los jóvenes exponentes
del periodismo, sólo quieren conseguir un empleo por mero afán
de ganar dinero –dejando de lado principios o valores
personales-, o bien se desalientan velozmente por un revés
económico y abandonan cualquier intento creativo.
Al periodista del siglo XXI se le apagó el fuego. No busca
generar espacios nuevos, sino reproducir los existentes. No
perfora la superficialidad de la radio, los diarios y la
televisión de hoy. No indaga más allá de su obligación
laboral. Se queda conforme, no hace periodismo.
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