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Periodistas en la era Kirchner: enamorados

Por Segundo Enfoque

La administración de Néstor Kirchner generó halagos de parte del periodismo argentino con algunas de sus primeras medidas. Miradas simpáticas acompañaron los gestos “más humanos” de un presidente que escapaba al protocolo. Cumplidos seis meses de gobierno, muchos de esos periodistas se han convertido en difusores del discurso oficial sin el más mínimo filtro.
Es razonable que un periodista que, por ejemplo, ha editorializado en su carrera a favor del juicio a los militares acusados de cometer delitos de lesa humanidad, ahora lo haga a favor de una medida oficial en esa dirección.
Después de tantos años de tener que argumentar contra políticas económicas ruinosas o contra medidas oficiales en las antípodas de las propias, quizás hasta el mismo periodista se sorprenda por coincidir con una decisión gubernamental. Pero, pasado el shock, no está haciendo más que mantener la coherencia de su pensamiento.
Sin embargo, que una acción de un gobierno, en este caso de Kirchner, suscite la aprobación de un periodista, no puede derivar en una actitud de complacencia frente a otras que son reprochables. Resulta profesionalmente honesto tomar posición ante cada situación para escaparle al “yo adhiero a todo” o al “me callo la boca”, porque este gobierno tomó una medida con la que estoy de acuerdo.
En el momento de la asunción del actual Presidente, al menos dos hechos allanaron el camino para la conformación de un “periodismo K”. El nacimiento de “Kirchner presidente” se dio en una pulseada frente a Carlos Menem, que hace más limpio y bello a cualquiera que se le ponga a un costado. Además, los primeros pasos de la nueva gestión mostraron un hombre enérgico (frente al recuerdo del lento Fernando de la Rúa) y un discurso que no era el de Menem, luego del gran susto recién extinguido de que sí lo fuera.
La ausencia en el escenario político de Carlos Menem es para celebrar. Es de los viejos laderos del riojano de donde provienen las críticas más duras, las jugadas más sucias y los embates más reiterados hacia la administración nacional. El temor a parecerse a uno de ellos, o a contribuir con su causa, también puede ser que afecte a los periodistas apegados al estilo K.
Da la impresión de que, en su mayoría, no se trata de “operadores”, como los que solieron acompañar a dictaduras o gobiernos democráticos recientes. Pero se los ve enamorados, encandilados por las palabras que fluyen de los funcionarios, por las cifras del “qué bien se está”, por el repetido “estamos saliendo”.
Los números oficiales de la actividad económica, la versión oficial de los actos de corrupción denunciados, son automáticamente reiterados por los periodistas K sin desconfianza. La presencia de familiares del poder –como siempre los hubo en todos los gobiernos- en varias líneas del gabinete; los muertos por la represión en provincias comandadas por aliados políticos; el apoyo a caudillos clientelistas que promueven su reelección indefinida; son todos temas menores para los periodistas K. 
La dictadura fue política y económicamente detestable. Carlos Menem fue política y económicamente detestable. Ahora, para superar etapas política y económicamente detestables, hace falta desconfianza. Ni oposición ciega ni ingenuidad. Ojos abiertos.
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