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Los movimientos de cambio requieren
periodistas*
Por
Segundo Enfoque
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Preguntar, escribir,
cobrar. Preguntar, escribir, cobrar. Preguntar, escribir,
cobrar. Preguntar, escribir, cobrar. Preguntar, escribir,
cobrar. Preguntar, escribir, cobrar. Preguntar, escribir,
cobrar. Preguntar, escribir, cobrar. Preguntar, escribir,
cobrar. Preguntar, escribir, cobrar. Así de monótona es la
rutina básica de un periodista en la mayoría de los medios de
comunicación en Argentina, hoy. O habría que decir, mejor, que
su labor es ésa, pero con un agregado: preguntar, escribir y
cobrar, de acuerdo con los criterios de la empresa
periodística que le paga un sueldo. ¿No será hora de que los
periodistas se acerquen a trabajar con los movimientos de
cambio?
Las empresas periodísticas, los medios masivos de
comunicación, o más específicamente, los grandes multimedios,
vale explicitarlo, han abandonado –si es que alguna vez lo
fueron- el rol que la prensa decía tener: ser un mero vínculo
entre algo así como “la realidad”, y “la gente”.
A partir de la década del 90 ese paradigma (aunque más no sea
teórico) cambió con la formación de conglomerados de empresas
que incluyen también los productos periodísticos. De esta
manera, no puede omitirse más la injerencia directa que los
multimedios tienen en el desarrollo de un país, ya que son
“el” sector que motoriza gran parte de los sucesos políticos y
económicos, tanto como pueden haberlo sido, o serlo, las
tabacaleras, los laboratorios, las petroleras. No sólo como ha
venido ocurriendo en la historia argentina, a través de
campañas de prensa, de operaciones del tipo “grondónico”, o
similares. Ahora, a eso le suman su poderosísimo poder de
lobby, con las más variadas herramientas. Antes podían iniciar
o encaminar una determinada acción deliberadamente, pero desde
un rol secundario. En esta nueva etapa, la vanguardia de los
cambios es, muchas veces, suya (si no, indaguemos en la
llegada de Fernando de la Rúa al poder, o en la devaluación
que firmó Eduardo Duhalde, por mostrar dos hechos recientes,
con el sello del Grupo Clarín).
Así actúan, así habría que entenderlos desde el vamos, a los
medios masivos de comunicación que hoy son el horizonte
laboral de los periodistas que deciden apostar a su profesión
en la “gran prensa comercial”.
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Con este contexto, las empresas periodísticas de las que
hablamos prescinden de los periodistas comprometidos con la
verdad –o con lo que consideren como verdad-, comprometidos
con el trabajo honesto y a fondo. Y, ni qué hablar, detestan a
los periodistas que buscan el cambio, o que por lo menos
tienen una visión crítica del “status quo comunicacional y
general”.
No hacen falta. Molestan. Estorban. Son “conflictivos”, “nada
pragmáticos”, “tienen muchas vueltas”, pierden el tiempo con
“cuestionamientos improcedentes”. Digámoslo: no sirven, y hay
muchos más que podrían reemplazarlos con total predisposición.
Porque a las empresas de los multimedios les hacen falta
imperiosamente mujeres y hombres que no tengan problemas en
reproducir consciente o inconscientemente el esquema de
relaciones laborales, comunicacionales, sociales, del
“sistema” que los contiene. Y que al final del día se sientan
conformes y satisfechos por haber hecho lo que debían a cambio
de la retribución buscada. Requieren gente que no se haga
cuestionamientos a la hora de tener que repetir siempre la
mirada desde el barco que gritó “tierra” y nunca la que nació
sobre la tierra para gritar “barco”. Y más aún, los más
requeridos son los capaces de reportar el grito de “tierra”
sólo porque a una porción de la tripulación de la embarcación
le conviene.
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El “sistema” que engloba a estos multimedios, que –a su
vez- sostienen y expanden ese “sistema”, ha provocado y sigue
provocando excluidos, mujeres y hombres que viven en la
miseria, o con una ínfima proporción de lo que viven otros
seres humanos del mismo planeta, del mismo “sistema”.
Partes de esos sectores marginados, deciden organizarse, ya
sea para volver al “sistema”, o para darle batalla. En este
punto, después de haberlo repetido tanto, habrá que hacer un
paréntesis. “Sistema” será lo que cada uno de estos grupos de
excluidos organizados decida definir como el mundo del que se
cayeron: o bien la sociedad económicamente organizada en torno
a la relación patrón-obrero; o bien la versión neoliberal de
la estructura económica que supo incluirlos, pero que ahora
–en ese nuevo estadío- los excluyó.
Con todos los matices que tienen –realmente muchos y diversos-
esas organizaciones políticas surcan el trayecto de lo que
entienden como la salida a su marginación, o a la injusticia
general de la sociedad, o a ambas cosas. Y para alcanzar esos
objetivos utilizan variadas herramientas, y buscan vías
alternativas a los modelos generales económicos, de
organización, de relación.
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Y también necesitan atravesar y re-significar el desafío
de la comunicación. Si dijimos que hoy el “sistema” da muchas
zancadas por voluntad y obra de las mega-empresas de
comunicación, no es de extrañar que ese campo deba ser
identificado como uno de los que albergan las luchas más
ríspidas de los nuevos movimientos políticos. “A los medios de
comunicación los vemos como territorio enemigo”, dice Toty
Flores, del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) del
Barrio La Juanita de La Matanza, provincia de Buenos Aires, la
única agrupación piquetera argentina que rechaza los subsidios
del Gobierno Nacional.
El MTD de La Matanza ha encarado sus proyectos de
comunicación, incluso diferenciando entre los “target” que
busca alcanzar: programas de radio, boletines internos,
revistas para vender en universidades, hasta libros. Sin
embargo, varios de esos emprendimientos se han frenado. Por su
parte, el MTD de Solano, reconoce que un déficit en su
estructura es la falta de un equipo que se ocupe de los
trabajos de prensa, a la manera de ellos, pero que se ocupe.
Estas dos organizaciones forman parte del espectro amplio y
heterogéneo del llamado “movimiento piquetero”, que intenta
incluir dentro de un solo término a todos los grupos que usan
como método o táctica política el corte de ruta, más allá de
que en su interior coexistan, independientemente, agrupaciones
con organizaciones internas antagónicas, o con principios
políticos y objetivos difíciles de conciliar.
Pero, a partir de estos dos ejemplos –que recaen en
agrupaciones piqueteras pero que podrían aludir a otras
organizaciones políticas no-piqueteras- osaremos afirmar: los
movimientos de cambio necesitan a los periodistas que los
multimedios detestan. El aviso diría: “PERIODISTAS – Cualquier
edad, con o sin experiencia, con ímpetu de innovar, de
cuestionar todo. Imprescindible traer pico y pala para romper
moldes”.
“Venga, pase por aquí, no habrá entrevistas personales, ni
test psico-físico. Simplemente le contaremos todo lo que
podría aportarnos un periodista honesto, que se comprometiera
con nuestra causa”, le dirían a cualquier postulante que se
acercara a la dirección que indicara el ficticio clasificado.
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En principio, son tres tipos de trabajo los que podría
abordar un periodista dentro de una organización política:
dinamizar la comunicación interna, aconsejando sobre los
medios más apropiados de acuerdo con las características de la
estructura; encaminar la comunicación desde el movimiento
hacia fuera, generando vías de comunicación genuinas, desde la
radio, un diario, o Internet; y presentando combate al “ataque
de los medios”.
En primer lugar, el armado de un buen medio de vinculación
interna en un movimiento puede estimular el debate en el seno
de una agrupación, de manera paralela al que se puede dar en
asambleas o discusiones orales en caliente. De esta manera,
incentivando a todos los integrantes a poner en un papel las
ideas que le rondan el pensamiento, podría ganarse en
profundidad husmeando temas que de otro modo no se hubieran
tocado.
Al mismo tiempo, la llegada a gente ajena a la organización
política, directamente desde un medio de comunicación propio
(un boletín, un periódico, o una transmisión con una
propaladora, o el uso de Internet) es fundamental si se
entiende que las mega-empresas de comunicación son campo
hostil, o si sencillamente se piensa que es mejor evitar
intermediarios. Porque plantearse llegar a la sociedad con un
mensaje que tiene sus propios tiempos, siendo parte de una
sucesión frenética de primicias, correría el riesgo de ser la
negación del mensaje. Cuando uno entra a la panadería del MTD
de La Matanza, ve que un reloj marca las 17:25, la misma hora
que da cuando uno se va de allí, siete horas más tarde. Los
tiempos, evidentemente, son otros.
En tanto, fue Umberto Eco el que definió como “guerrillas
semiológicas” a los nuevos combatientes de la sociedad de la
información. Con ese disparador, podría pensarse sin respetar
del todo (¿nada?) la idea del italiano, que los movimientos
políticos de la actualidad requieren de periodistas-receptores
de las embestidas del monstruo mediático.
En el MTD de La Matanza, la televisión llega por medio de un
aparato Noblex algo destartalado que todavía tiene la
calcomanía que dice “82 canales de aire y 29 de cable”, pero
llega. Y los integrantes sostienen que sus programas favoritos
son los de Marcelo Tinelli, por Telefé (propiedad del gigante
español Telefónica) y algunos de Canal 9 (del controvertido
empresario Daniel Hadad). También hay muchos transmisores de
radio que depositan en oídos habituados a debates sobre un
nuevo mundo, los mensajes de FM La Mega y Radio 10 (del mismo
Hadad), o de Continental (de Telefónica).
Sin caer en lecturas lineales, pero reconociendo que los
discursos de los medios nos invaden todo el tiempo, en este
caso hacen falta periodistas, hombres que provengan de la
comunicación y se sumen a las rondas de pensamiento de las
organizaciones cooperando para desnudar todo el tiempo las
imposiciones lingüísticas y discursivas que explícita o
implícitamente escupen los diarios y la TV, o que recorren el
éter.
Y, en ese camino, cuando la maquinaria de medios se acerca a
una organización política, porque le interesa como “noticia”,
como “objeto de información”, ¿qué hacer? ¿sabemos quién está
del otro lado? El MTD de La Matanza dice haber debatido ante
propuestas de multimedios para ser entrevistados. La
posibilidad de llegar con las ideas y las prácticas del grupo
a millones de oyentes, lectores o televidentes tienta, pero
choca contra el temor a ser funcional a una agenda o a una
línea editorial que fomente una concepción del mundo
antagónica. Ahí también es cuando se requerirían los
“periodistas-combatientes” de los movimientos políticos en
esta sociedad dominada por los medios. Los soldados conocen
las armas que empuñan, por eso se enfrentan a hombres armados
de manera similar. Los periodistas que conocen las armas con
que amenazan los medios, ¿por qué no deciden enfrentarse desde
los movimientos a corporaciones estructuradas por hombres
parapetados de forma parecida?
Con estos tres posibles aportes de un verdadero nuevo
periodismo a las organizaciones políticas, no se pretende ser
exhaustivo ni concluyente, sino simplemente claro y directo
con las necesidades más urgentes que podrían tener algunas
agrupaciones y que podrían ser compartidas por otras. Sin
embargo, los periodistas que el “sistema” desecha para sus
medios, en los movimientos políticos también estarían aptos
para contribuir a potenciar otras comunicaciones.
Podrían ayudar a generar la comunicación en el entorno donde
se mueve el grupo, “haciendo hablar a las paredes”,
entendiendo que “todo comunica”; o podrían imaginar salidas
originales cuando los movimientos fueran más escépticos frente
a los medios, como el MTD de Solano, que según uno de sus
miembros –Andrés- consume poca información, “porque prefiere
el ‘el caminar juntos’ como vía comunicativa”.
*Documento presentado en marzo pasado en el "Segundo Seminario
Intensivo de Actualización Periodística", organizado por
Lavaca.org.
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