Plumas
de cuero
Son cada vez más
los escritores que viran su barco literario hacia las costas vírgenes
de los cuentos de fútbol, donde existe una temática aun sin
explotar que roza muchas veces lo mítico. A partir de un
libro de cuentos de Eduardo Sacheri, un notable narrador
argentino, el periodista Guillermo Marín, traza los parámetros
de un incipiente género literario: la literatura futbolera.
Por
Guillermo Marín*
Especial para Segundo Enfoque
Cuando un colega
periodista, allá por el año noventa,
me obsequió un libro de cuentos de Mario Benedetti
donde el autor en uno de sus cuentos contaba con maestría las
vicisitudes del fútbol, comprendí que este deporte seguido
por millones de fanáticos en todos los rincones del mundo ya
estaba presente en la literatura. Y no es para menos,
entendiendo que el autor de La Tregua,
tal vez sin querer había fundado el género. El cuento
llamado “Puntero izquierdo”, de 1954, comenzó a abrir tímidamente
un camino que lentamente seguirían escritores de la talla de
Roberto Arlt (con su magnífica "Aguafuerte" en el
ensayo “Ayer vi ganar a los argentinos”, de 1975.) Jorge
Luis Borges; Julio Cortázar que, de la mano de Osvaldo
Soriano retratando los partidos del interior y sus ritos,
consiguieron fraguar en nuestro "inconsciente" dos
disciplinas que desatan en los hombres la pasión en el más
estricto sentido de la palabra.
Es con Roberto Fontanarrosa que se logra, desde el punto de
vista de la estética, amalgamar impecablemente el dibujo con
el discurso narrativo-descriptivo partiendo siempre de la temática
del “deporte de los pies”.
Pero al menos por ahora, quien domina el género y el mercado
del cuento de fútbol es Eduardo Sacheri. Nacido en Capital
–actualmente vive en Ituzaingó, provincia de Buenos Aires-;
este joven escritor de 33 años entró por la puerta grande de
la literatura con su “Esperándolo
a Tito” recientemente reeditado por editorial Galerna.
Obra integral sostenida por catorce cuentos con un estilo
sencillo pero abrasador, es la carta de presentación de un
autor hasta ahora desconocido en las huestes literarias de
consumo masivo. Sacheri apela sin lugar a dudas a la función
emotiva del lenguaje que se traduce en un discurso que toma
los signos propios del barrio, ese lenguaje que todo el mundo
decodifica instantáneamente sin el menor esfuerzo auditivo.
Cuentos como “Me van a tener que disculpar”, esa genial
justificación de Diego Maradona en la que habla del jugador
sin nombrarlo o el mismo “Esperándolo a Tito”, una magnífica
idealización de la amistad, son, o tal vez se transformen en
dos piezas literarias difíciles de superar. Le siguen a mi
gusto por orden:“Valla invicta” y “Ángel cabeceador”,
dos relatos con simétrica temática, “Independiente, mi
viejo y yo”, “De chilena”, “El sueño de Nicoletti”
y una genial plegaria a Dios llamada “Oración con proyecto
de Paraíso”.
Un medio masivo como la radio no ha quedado, ya en lo oral,
ajena al relato cuentístico-futbolero. En el programa “Todo
con afecto” de radio Continental conducido por Alejandro Apo,
se leen cuentos de fútbol enviados por los oyentes desde
1996. Teniendo en cuenta este dato, no sería inoportuno
afirmar que los “juglares” de la radio, conscientes o no,
están narrando verdaderas historias humanas que hablan de
triunfos y de fracasos en el ámbito del botín y la pelota,
apelando muchas veces con profesionalismo a la función fáctica
del lenguaje: “mi querido oyente”.
Un viejo adagio de Shopenhauer dice: “nada de lo humano me
es ajeno”. Cabría decir lo mismo sobre literatura. Esta
vieja pasión tal vez nacida en la soledad mental de Homero,
se abraza y gime desde otra tribuna y que en este caso es la
misma: el fútbol con toda sus variantes y simetrías humanas,
con todo lo fundamental que tiene el sentimiento hacia una
disciplina deportiva. Es este el valor que posee la literatura
cuya temática es un deporte de masas y que muchas veces se ha
encontrado de frente con las astas de la muerte, la misma
suerte con la que han corrido innumerable escritores.
Hay un camino trazado en el género cuento por el cual hoy
transita parte de la buena narrativa argentina y que rápidamente
está consiguiendo lectores y fanáticos de la especie. Ya hay
sitios en la Internet que publican cuentos
“redondos” que mandan los cibernautas desde todas
las ciudades de Argentina y buena parte de países
latinoamericanos.
Este es el camino hasta ahora transitado. Habrá que esperar
que la literatura futbolera consiga lo que consiguió el fútbol
en la sociedad moderna desde el momento que lo importamos y lo
hicimos carne. Habrá que esperar que a algún fabricante de
lapiceras se le ocurra hacer una pluma de cuero, digo, por la
pasión...
Arriba
*Guillermo
Marín es periodista y escritor.
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