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AHOGO PRESUPUESTARIO A LA UNIVERSIDAD PÚBLICA ARGENTINA

Altos estudios, bajos recursos

Las deudas que el Gobierno mantiene con las universidades nacionales profundizan el relegamiento gradual de la enseñanza superior en la agenda económica de las últimas décadas. ¿Qué ocurre cuando se pone en riesgo la educación universitaria? Escenarios de la supervivencia de docentes y alumnos y el reclamo que aúna a todos los sectores.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

“Es obvio que en la formación de futuros dirigentes, que habrán de ocupar los cargos más expectantes en el sector público y organizaciones no gubernamentales de mayor gravitación en el campo de las decisiones, gravita fuertemente la posibilidad de acceder a una formación universitaria”.
El párrafo anterior pertenece al trabajo “Universidad y fuentes de financiamiento”, realizado por el contador Salvador Treber y presentado en el IV Encuentro Internacional de Economía, en Córdoba, durante julio de 2002 (ver aparte). Allí se muestra el deterioro presupuestario progresivo de la educación superior en la Argentina durante más de 35 años.
El análisis del profesor de la Universidad Nacional de Córdoba permite enmarcar la actual situación financiera de las universidades públicas argentinas, que desde 2001 han acarreado un retraso presupuestario persistente que resiente la calidad educativa de hoy y limita las perspectivas de desarrollo para el futuro.

De a poquito

Según el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), entidad que engloba a las casas de altos estudios representadas por sus rectores, la deuda que las últimas administraciones nacionales acumularon con las universidades nacionales ha alcanzado los 363 millones de pesos. Esto involucra sumas establecidas en los respectivos presupuestos y aún no devengadas, y sumas devengadas pero todavía no pagadas. En todos los casos, se trata de cifras pertenecientes a los años 2001, 2002 y a lo que va de 2003 (ver aparte).
El contador Carlos María Domínguez, rector de la Universidad de Villa María (provincia de Córdoba) es el encargado de la Comisión de Asuntos Económicos del CIN. Segundo Enfoque accedió a sus planillas de trabajo, donde se ve cómo el presupuesto de las universidades en Argentina –disminuido con el paso de los gobiernos- ni siquiera es cumplido en su totalidad.
Para el año 2001, la Ley de Presupuesto asignaba 1596 millones de pesos para las universidades e institutos superiores. De ese total, se devengaron (es decir, se autorizó el giro) y se pagaron 1554 millones. El monto reclamado es de 42 millones de pesos no devengados.
En tanto, durante 2002 –luego de la crisis social, política y económica de diciembre- la falta de recursos para las universidades se agudizó. Porque el retraso correspondiente a este período llega a 235 millones de pesos, de los que 127 aún no han sido devengados, y 108, que fueron autorizados, todavía no han sido pagados.
Con el primer semestre de 2003 ya finalizado, el estado de las cuentas universitarias empeora un poco más. Aunque casi la totalidad de lo asignado por ley para los primeros seis meses ha sido devengado (resta apenas un 1.3 por ciento del total), cerca de 62 millones de pesos aún no llegaron de manera efectiva a las casas de estudios de todo el país.
La mayor parte de la deuda que desde el gobierno de Fernando de la Rúa se generó hacia este sector educativo, corresponde a los fondos destinados a gastos de funcionamiento. El otro fin que tienen las partidas, los salarios, es ejecutado al pie de la letra para no dejar márgenes a las rápidas medidas de fuerza que suelen implementar los docentes.
No es que estén resignados a perder esos fondos, dicen en el CIN, pero saben que ahora comienza una batalla burocrática, porque difícilmente en los próximos presupuestos nacionales se vayan a destinar fondos para cubrir atrasos de otros períodos.
Por lo tanto, desde el CIN se han propuesto llevar adelante todas las medidas necesarias para reclamar el dinero que se les adeuda. Domínguez es claro y no descarta la vía judicial: “La posición del sistema universitario está relacionada con la intangibilidad del presupuesto que le asigna el Congreso de la Nación. Uno planifica, organiza y realiza sus actividades en función de ese presupuesto. Hay que agotar la vía administrativa, en lo que hace a lo no devengado, y después está la vía judicial”.


Excusas y después

El propio Carlos María Domínguez intenta encontrar la causa de la subejecución presupuestaria que se repite: “Como en el país no se recaudó impositivamente todo lo que se preveía, el Ministerio de Economía establece un no-devengamiento para cada una de las áreas. Es el Ministerio de Economía el que decide cuánto de cada presupuesto de cada área se puede devengar. Ahí puede decir: ‘le damos todo a esta área y tanto a esta otra’. Evidentemente esto es así” (ver aparte).
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, ante cada micrófono que se le presenta recuerda -más para los delegados del Fondo Monetario Internacional (FMI) que para la población local- que Argentina lleva “quince meses de superávit fiscal primario” ininterrumpidos. Significa, según Lavagna, que la diferencia entre los ingresos y los egresos (sin contar el pago de intereses de la deuda externa) del Estado argentino ha dado positiva en todas esas oportunidades.
Desde la Secretaría de Hacienda del Ministerio de Economía, sin embargo, admiten las cifras reclamadas y aclaran: “Se está trabajando en conjunto con el Ministerio de Educación en la elaboración de un plan de pagos para regularizar la situación”.
¿Qué consecuencias ocasiona el constante desfinanciamiento de la educación pública superior argentina? Como se dijo, los profesores universitarios, aunque un gran porcentaje trabaja ad honorem[i] y otro lo hace con sueldos bajísimos, reciben sus remuneraciones en tiempo y forma. No sucede lo mismo con el dinero que necesitan los rectores para los gastos vinculados al sostén edilicio e institucional de las facultades. Se deben tener en cuenta además, los fondos que se adeudan para investigación, correspondientes al año 2002, que impiden el desarrollo de la ciencia en el país, produciendo un atraso con respecto a otros países.
El 23 de octubre del año pasado, por primera vez los rectores de todas las universidades nacionales tomaron la iniciativa de protestar frente al Ministerio de Economía. Fue al gobierno de Eduardo Duhalde al que le tocó presenciar una clase pública donde los alumnos fueron las habituales autoridades universitarias. Quien entonces presidía el CIN, el contador Ricardo Suárez, graficó la emergencia del siguiente modo: “Nosotros estamos alcanzando a pagar a duras penas la electricidad, pero no tenemos para reponer las bombitas, cuando se terminen de romper todas las bombitas, vamos a dejar la universidad a oscuras”.


¿Qué viene?


En esa cátedra callejera, el docente fue Salvador Treber, que reseñó oralmente el trabajo mencionado. Y agregó una reflexión preocupante: “La forma de hacer más ineficiente e inoperante a la universidad es ahogarla con un presupuesto insuficiente”. De corrido, agregaba: “En la revista Finanzas y Desarrollo del FMI se decía que para que sean exitosas las privatizaciones y aceptadas por la población de los países, hay que crear el clima necesario para que las reciban sin resistencia, y el clima necesario es hacer ver a la población que algo es ineficiente. (...) A la universidad se está buscando ahogarla, generar conflictos dentro de la universidad”.
Con la asunción de la administración de Néstor Kirchner, aunque las autoridades económicas siguen siendo las mismas, parece haber cambiado el lugar de la educación dentro de las prioridades gubernamentales. Así, según confirmó a este medio Carlos María Domínguez, las universidades nacionales recibieron el pago de 7 millones de pesos en concepto gastos operativos del mes de agosto de 2002. La medida forma parte del compromiso que el ministro de Educación Daniel Filmus había asumido el 11 de junio de enfrentar las obligaciones que el gobierno nacional tiene sin cumplir con el sistema universitario argentino.
En el mismo trabajo del profesor Salvador Treber que se citó al principio, se rememoran las palabras respecto de la prioridad de la enseñanza universitaria, de Pandit Nehrú, primer jefe del gobierno de la India tras lograr su independencia del Reino Unido: “Somos demasiado pobres como para darnos el lujo de no priorizar los altos estudios, la ciencia y la técnica en sus máximas expresiones posibles”. ¿Ha perdido vigencia en estas latitudes?


[i] Página/12 09/05/03: "Cada vez hay más docentes ad honorem". Se da cuenta de un relevamiento de la Secretaría Académica de la Universidad de Buenos Aires.

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