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PSICÓLOGOS SOCIALES AYUDAN A
DESOCUPADOS
El yo, el súper yo y
el ellos, con trabajo
“Para nuestra cultura, el trabajo hace a la identidad”,
resalta Jorge Peré Vignau, uno de los coordinadores de un
espacio que asiste gratis a los desempleados. Cómo
resignificar la vida, qué herramientas poner en marcha para
sobrellevar y revertir la situación. Batalla a las marcas
invisibles de la marginación.
Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
Población desocupada: personas que no teniendo ocupación están
buscando activamente trabajo. Población subocupada: ocupados
que trabajan menos de 35 horas semanales por causas
involuntarias y que están dispuestos a trabajar más horas.
Ésta es la definición metodológica que utiliza el Instituto
Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) para medir el
desempleo en la Argentina.
En el informe oficial más reciente, se explica que durante el
último trimestre de 2003, el 19,7 por ciento de la población
económicamente activa de los 28 aglomerados urbanos sobre los
que se hace el sondeo, estuvo desocupada. Y que el 16,3 por
ciento, subocupada. Si se estira el número al resto del país
no encuestado, podría pensarse en cifras de similar impacto,
aunque esto no sea estadísticamente recomendable. El Gobierno
Nacional, hay que recordar, con el apoyo de los medios
nacionales más influyentes, instaló otro número: 14,5 por
ciento, que resulta de computar como “ocupados” a quienes
reciben un subsidio por desempleo llamado Plan Jefas y Jefes
de Hogar.
“Detrás de los números hay personas”, han dicho más de cien
veces los comentaristas de la televisión y la radio. Quienes
lo tienen presente desde hace nueve años son los profesionales
de la Asociación de Psicólogos Sociales de la República
Argentina (APSRA), que dan apoyo gratuito a quienes se han
caído del mapa del empleo y sufren las consecuencias mentales
de ello.
Por estos días se hallan en plena convocatoria para lanzar una
nueva edición del taller “Estrategias para la reinserción
laboral” destinado a desocupados y subocupados (ver aparte).
Uno de los psicólogos que encabeza la actividad, Jorge Peré
Vignau, contó a Segundo Enfoque las
particularidades de esta tarea, que los lleva ahondar en las
consecuencias psicológicas de la desocupación.
¿Cuáles son los rasgos característicos de la personalidad del
desocupado?
Lo más importante es que el trabajo para nuestra cultura
es un lugar donde se adquiere identidad. Entonces, cuando uno
pierde el trabajo, ya sea por un hecho fortuito o siendo uno
el responsable, se produce una pérdida de este lugar para
identificarse. Y es como que uno se encuentra cercenado,
pierde parte de lo que sería la “completud imaginaria” que uno
vive cuando está trabajando, porque hay todo un proceso de
creencia en saberse uno que trabajando es alguien. Y resulta
que nosotros tratamos de demostrar que ese alguien no se agota
con el trabajo solamente, sino que hay que mantener a flote
que pertenece a una familia, que tiene amigos, que tiene otros
intereses, y que quizás hasta tiene otros trabajos que no son
remunerados. Todo hecho se debe a alguien que lo lee. Nosotros
lo que leemos es ese tema, que el trabajo hace a la identidad.
¿Cómo se manifiesta eso?
Los que pierden el empleo, pierden algo que les ordena la
vida, las horas. Es una “ocupación”, y ahora está des-ocupado.
El tema es qué va hacer en ese tiempo, que ahora no puede usar
productivamente para obtener una paga por ello. Nosotros lo
que proponemos desde nuestros talleres es un espacio que les
permita reflexionar primero la generalidad del tema, para
después brindarles herramientas como para intentar una
reinserción. Ésa es la idea nuestra.
¿Cuáles son esas herramientas?
Nosotros, la instrumentación que damos es más que nada a
través de las palabras y de las ideas. La generalidad tiene
que ver con que ellos repiensen en sí mismos lo que es el
trabajo y el mercado actual, cómo se presenta. Lo que llamamos
herramientas sería, de acuerdo con el perfil que ellos
consideran que en el mercado actual puede tener posibilidades,
ir elaborando unas estrategias. Una estrategia quiere decir
pasos para obtener alguna posibilidad de trabajo desde ese
perfil con el que cuentan.
¿Se plantean diferencias entre el joven que no consigue su
primer trabajo y aquella persona de treinta o cuarenta años
que lo pierde? ¿Cuáles son?
Una aclaración: la edad, si los empleadores saben evaluar
a las personas no tiene por qué ser impedimento para obtener
un empleo, ni por la inexperiencia, ni por la experiencia
acumulada. Ahora, respecto a la pregunta, las variantes están
porque otros colegas incluso trabajan en un espacio
institucional con colegios secundarios y técnicos, con el
primer empleo de los jóvenes. Eso lo realizamos a través de un
contrato que tenemos con el Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires. Este taller, en cambio, forma parte de las actividades
sociales de APSRA y tratamos de que la población que venga sea
lo más heterogénea posible en cuanto a su situación particular
y sus ocupaciones, porque así te ves reflejado, encontrás
gente que está en la misma situación, o en la que vos
superaste y le podés ayudar a superar al otro, o en aquello en
que vos te creés que sos el único y te enterás de que estás
acompañado. Lo grupal multiplica la experiencia, eso es
comprobable.
¿Varía la reflexión según clase social y el nivel de
preparación de los asistentes al taller?
Sí, hay diferencia en cierta forma. Nosotros cuando
coordinamos los talleres estamos también sujetos a nuestra
educación y reconocemos que quizás tenemos códigos propios de
la clase media. Lo que ocurre es que mucha de la gente de
clase media, a partir de estos últimos años, se ha
empobrecido. Cuando antes había más empleados manuales
desocupados, ahora nos encontramos con una cantidad de
administrativos muy grande. Cierre de bancos, etc..
¿Y qué sucede con los más excluidos?
Ahí van a existir algunos obstáculos que no podemos
salvar, como por ejemplo el importe del boleto hasta el lugar
donde nosotros estamos. La actividad la hacemos gratuita, pero
sabemos que movilizarse implica un costo. Esos son los límites
de toda práctica. Sería bueno que pudiéramos solventar con
becas para esta gente. Arriba
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