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Radiodifusión:
urge la renovación
Por Segundo Enfoque
“La falta de sanción
de una nueva ley es una deuda con la democracia”, sostuvo el
presidente Fernando de la Rúa a fines de septiembre, en un
encuentro con dirigentes de la Asociación de Entidades Periodísticas
Argentinas (ADEPA).
Las telecomunicaciones en nuestro país están enmarcadas en
la norma 22.285, sancionada durante el último tramo del
gobierno de facto que había tomado el poder en marzo de 1976.
A partir de la restauración democrática, una reestructuración
de la radiodifusión ha sido la asignatura pendiente de las
sucesivas administraciones.
La ley actual establece en sus artículos 4 y 5, que los fines
son la protección del interés público, y responde explícitamente
a la doctrina de seguridad nacional. A su vez, la ley 22.285
fue modificada en su artículo 45 por la ley de Reforma del
Estado (23.696), permitiendo el nacimiento de los grandes
multimedios que contrarían los principios fundamentales de
libertad de expresión, diversidad, pluralismo, ética y
responsabilidad.
En medio de esta situación, el proyecto de ley que
reconstituye la radiodifusión nacional aguarda ser tratado en
el Congreso. Las diferencias son radicales: se considera al
servicio de las telecomunicaciones como un “bien social para
el desarrollo cultural (...) y para el adecuado funcionamiento
del sistema representativo, republicano y federal de
gobierno”.
Las manifestaciones continuas del interventor del Comité
Federal de Radiodifusión, Gustavo López a favor de un rápido
tratamiento parlamentario no han sido escuchadas. Todo parece
indicar que aquellos legisladores que abandonen sus bancas el
10 de diciembre tendrán la carga de no haber contribuido a un
importante paso que refuerce la democracia.
Sucede que el lobby de los monopolios periodísticos
empuja para que no se les complique el negocio. El diputado
radical Luis Brandoni renunció el pasado 15 de noviembre a su
puesto en la Comisión de Comunicaciones e Informática como
queja porque no se emitió un dictamen acerca de la ley.
Denunció “permeabilidad a las presiones” por parte de sus
colegas.
Se plantea un nudo que perjudica a la sociedad: ¿cómo
concienciar a los ciudadanos, a través de los medios, sobre
la necesidad de una ley que de sancionarse perjudicaría estos
últimos? Romper con esa cuerda que ahorca la libertad de
expresión es el desafío de los nuevos congresistas. Para eso
fueron elegidos. Arriba |