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Radios sin potencia

Por Segundo Enfoque

Nacieron al calor del renacimiento democrático, como iconos de la libre expresión tras los años sangrientos de la Argentina. Contra las limitaciones institucionales y económicas, se ganaron la fama de ser la comunicación de los barrios, de representar la democratización en los medios, de ser el eco de la transgresión. Con mucha pena, hoy, muchas radios de baja potencia de Buenos Aires, se han vuelto meros kioscos del éter.
Año 2004. La idea del micrófono atrevido, que se distinguía de la gran radiofonía por brindar esos espacios a la comunidad para que se expresara a su manera, según sus fines; o el intento de abrir el aire a proyectos novedosos, a propuestas desacartonadas e inteligentes, tan creativas como sólo pueden ser en un marco contestatario, son hilos de recuerdos o grandes utopías.
Un grupo de las radios de baja potencia, o "truchas", o comunitarias, o "clandestinas" como se las ha llegado a calificar, tiene un funcionamiento que embiste de lleno contra todos aquellos atributos que alguna vez parecieron tener estas emisoras. Más allá de la legalidad de las frecuencias, los propietarios de las radios son o bien políticos retirados, o bien punteros apañados por algún político en funciones, que tiene a la transmisión radial como una lisa y llana fuente de ingresos.
"Pague su espacio, y haga con el aire lo que se le antoje", podría ser el slogan de una radio de este tipo que tuviera exagerada sinceridad. Queda claro que la preocupación de las autoridades de esta clase de frecuencias es nada más ésa, la recaudación. Después, podrá salir al aire un programa del fans club de Álvaro Alsogaray, una misa en vivo de una secta que le rece diariamente a Britney Spears, o una hora completa de silencio. No importa, su participación ha sido la que la radio le pidió. Ud. pagó el tiempo que estuvo al aire, y con eso, bastó.
Con mucha tristeza y profundos lamentos, debemos decir que estas radios no demuestran compromiso alguno con nada, no parecen proponerse nada, ni intentan fomentar ninguna discusión sobre algún estado de cosas. Es necesario luchar por espacios de comunicación por fuera de los multimedios, qué duda cabe. Y la radio debe convertirse en un lugar de respuesta a la desinformación, de difusión de un mensaje que escape a las ideas dominantes. Pero también es imprescindible señalar a aquellos que embanderados en esas consignas, reproducen los vicios de la gran prensa. La diferencia es, sino, sólo de escala.
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