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ENTREVISTA
CON ROBERT COX, SOBRE LOS PERIODISTAS EN LA DICTADURA
"Comodidad,
complicidad y miedo"
A poco de
haberse publicado “En honor a la verdad”, un libro con sus
cartas desde el exilio recopiladas por uno de sus hijos, el
periodista inglés ex editor de The Buenos Aires Herald
durante la dictadura, habló con Segundo Enfoque desde
Estados Unidos. Reflexiones sobre el papel de los
comunicadores durante aquella etapa, y pensamientos que
involucran el papel actual de los medios de comunicación.
Por
Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
Fue
hasta 1979 el editor responsable del periódico argentino de
habla inglesa The Buenos Aires Herald. Pasó a la
historia por haber encabezado uno de los pocos medios que
luego de ver en el derrocamiento de la presidenta María
Estela Martínez de Perón una posibilidad de pacificar el país
con los militares en el poder, comenzó a denunciar sin pelos
en la lengua los crímenes que constituyen el genocidio
inolvidable de la historia argentina.
Desaparecidos,
violaciones a los derechos humanos, madres, abuelas,
familiares desesperados en busca de sus parientes
“chupados” por la Junta Militar, noches de incertidumbre,
recorridas por oficinas públicas, hospitales. Silencio. No
había respuestas. Funcionarios dedicados a escuchar reclamos
y dilatarlos. Medios con la vista más gorda que nunca. Robert
Cox fue por esos días un periodista inglés dispuesto a
reflejar la realidad en las páginas “del Herald” y
enfrentó por ello enormes peligros.
Rápidamente,
luego del arribo de las botas a la Casa Rosada, el 24 de marzo
de 1976, editoriales filosas comenzaron a castigar la actitud
del gobierno de facto y su desprecio por los derechos básicos
de las personas. De a poco, comenzaron a lloverle las
amenazas. De los Montoneros y otras agrupaciones guerrilleras
de izquierda, porque lo consideraban un agente encubierto de
la Central de Inteligencia Americana (CIA), y del gobierno
militar, que lo creía un comunista acérrimo.
Así
fue que tres años después del golpe, y tras una amenaza
macabra a uno de sus hijos, Cox dejó la Argentina para darle
seguridad a su familia. Desde el exilio, mantuvo una intensa
correspondencia con un empresario argentino que integró el
Consejo Directivo del Herald, Harry Ingham, y que es
uno de sus mejores y más íntimos amigos. Hablaban de política
y economía, de la responsabilidad de los periodistas, y de
los malabares que debían hacer esas misivas para sortear los
tentáculos de la censura que filtraba las cartas que entraban
o salían de la Argentina.
El
libro “En honor a la verdad” fue escrito por su hijo David
(ver aparte) y publicado por la editorial Colihue a fines de
2002. Recopila gran parte de la correspondencia intercambiada
por estos dos hombres. Allí, se cuenta ese tramo negro de la
vida pública argentina, con un eje fundamental: la preocupación
constante por los derechos humanos.
Luego
de haber presidido en los años 2001 y 2002 la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP) y de haber estado al frente
doce veces de la Comisión de Libertad de Prensa de ese
organismo, Robert Cox es hoy subdirector del diario The Post and Courier, en Charleston, Carolina del Sur, el
diario más viejo en los Estados Unidos que cumplió 200 años
en enero de 2003.
Segundo
Enfoque consiguió,
cuando se cumplieron 27 años de aquél golpe militar el último
24 de marzo, que Robert Cox respondiera la siguiente
entrevista, con consideraciones sobre la responsabilidad de la
sociedad, los medios y los periodistas en los años de plomo.
Asimismo, también recogimos su opinión sobre la situación
actual de los medios de comunicación en Argentina y América
Latina. “Hay que crear nuevos medios para periodistas que
quieren trabajar honestamente”, sostiene.
Estamos
a 27 años del golpe de Estado que derrocó a María Estela
Martínez de Perón, conocida como “Isabel”. ¿Cuál fue
su reacción en aquél momento y cuál la de la sociedad en su
conjunto?
Personalmente
tuve la esperanza de que las Fuerzas Armadas fuesen a actuar
dentro del margen de la ley para parar el terrorismo de la
derecha (por ejemplo de la Triple A y otros grupos armados que
aparecían) y, además, el del otro lado, y para preparar el
retorno a la democracia. Mi esperanza no duró mucho tiempo.
Dentro de pocas semanas, era obvio que los comandantes de las
Fuerzas Armadas no tuvieron intenciones democráticas. La
primera señal era la censura de la prensa. Creo que el país
en general, con excepción de la guerrilla y sus
simpatizantes, y la extrema derecha, tuvo la misma esperanza.
Las Fuerzas Armados en ese entonces eran un factor político
(casi un partido político) y fueron vistos como los únicos
capaces de salvar al país del salvajismo de los grupos
armados de la izquierda y derecha.
En
relación con la pregunta anterior: Argentina, por estos días
está encaminada –parece- hacia una salida electoral, luego
de una profunda crisis de, entre otras cosas,
representatividad. Muchas veces se vaticinó en el último año,
que una salida que se propiciaba era un golpe militar, o un
golpe cívico-militar. ¿Ud. considera que la sociedad
argentina se curó de los golpes de Estado?
Seguramente.
Los argentinos han pagado un alto precio, y muchas veces, por
creer que los militares pueden ser salvadores de la patria.
Creo que los militares mismos no creen más que son una casta
superior.
En
la carta que Ud. le escribe a Walter Klein, desde Nueva York
el 13 de mayo de 1981, sostiene en la página 248, al
finalizar uno de los párrafos últimos: "¿Puede un país
ser reconstruido sobre una temblorosa fundación moral?".
La Corte Suprema de Justicia argentina, tiene que fallar
dentro de no mucho tiempo sobre la constitucionalidad de las
leyes de Punto Final y Obediencia Debida. ¿Considera Ud. que
deberían anularse para encarar un nuevo proceso en la
Justicia para sancionar a los responsables de crímenes de
lesa humanidad en los años 70s?
Para
mí, lo mas importante es el reconocimiento de si hubo crímenes
espantosos y que se vea que haya arrepentimiento por todos. Si
esta conciencia no se consigue, creo que hay que buscar
soluciones por vía del sistema judicial, caso por caso. Para
mí, el peor problema en la Argentina es la falta de información.
Creo que la autocensura de los medios y la falta de valentía
de la mayoría de los jueces durante “El Proceso” ayudó a
la dictadura a encubrir sus crímenes, verdaderamente
horrorosos. Creo, que en menor escala, la autocensura (en
defensa de sus propios intereses) usada por los medios sigue
siendo un gran problema hoy en día y también se necesitaría
una reconstrucción del sistema judicial.
¿Considera
que a la sociedad argentina, le incomoda hablar del pasado
reciente?
Sí,
todos los pueblos generalmente no quieren hablar del pasado
inmediato. Los viejos no quieren reconocer su culpabilidad o
su ceguera, pero la nueva generación aparentemente tiene
curiosidad y conciencia. Es esencial escribir la historia para
que aprendamos lo que ocurrió en el pasado.
En
cuanto al rol de los medios, ¿puede sintetizar qué
periodistas y medios actuaron –por acción y por omisión-
faltando a la verdad durante los años de la dictadura? ¿Qué
los llevaba a actuar de ese modo: el miedo, la complicidad, la
comodidad?
Mi
teoría es que los medios, y los periodistas, estaban tan
acostumbrados a las dictaduras desde el año 1930 que, con
pocas excepciones, el periodismo era cómplice de todos los
gobiernos de turno. Cuando (Juan Domingo) Perón
confiscó La Prensa, en lugar de pelear para preservar la
libertad de información, los otros medios (Clarín y La
Nación, particularmente) tomaron ventajas comerciales
para ganar mercado. Desde entonces, con heroicas excepciones,
los medios y las estrellas del periodismo han actuado como
camaleones. Los más notables, obviamente, son Mariano
Grondona y Bernardo Neustadt. El comportamiento de los medios
y algunos periodistas en mi opinión era el resultado de una
mezcla de comodidad, complicidad y miedo, en este orden.
Hablando personalmente, me desilusionó mucho la actitud de La
Nación. Sus editores eran cómplices de la dictadura, en
particular, por no informar sobre los desaparecidos. Gran lástima
porque La Nación tuvo la reputación y la autoridad necesaria
para salvar miles de vidas solamente haciendo un buen
periodismo. La gente de La Nación de esa época
realmente necesita hacerse una profunda autocrítica y hoy no
debe censurar a nadie ni ser hipócrita en algunos conceptos.
Hay que mencionar un caso realmente vergonzoso: la editorial
Atlántida publicó noticias falsas suministradas (caso Para
Ti) por el aparato de la dictadura.
¿Y
cuáles, además de Ud., se arriesgaron en la búsqueda de
publicar todo lo que comprobaban como cierto?
Yo
recuerdo, particularmente, la larga lista de periodistas
desaparecidos, desde el primero, Tilo Wenner, mucho antes del
golpe. Algunos, seguramente, estaban involucrados con los
Montoneros u otros grupos armados (personalmente, creo que los
periodistas no pueden actuar clandestinamente como
guerrilleros o agentes secretos del régimen, es una traición
al deber de un periodista quien tiene que informar con la
mayor objetividad posible). Entre los periodistas
desaparecidos que traté de encontrar recuerdo a Rodolfo Fernández
Pondal, periodista independiente, desaparecido, víctima del
fuego entre la Armada y el Ejército; Rafael Perotta, dueño
de El Cronista Comercial, Luis Guagnini y Enrique Raab,
de La Opinion; Julián Delgado, de Mercado.
Tengo un buen recuerdo del trabajo de Raúl Kraiselburd del
diario El Día de La Plata; de Julio Rajneri del Diario
Río Negro; Federico Richards del diario de la comunidad
irlandesa, The Southern Cross; Manfred Schonfeld de La
Prensa. Un caso excepcional: Hermenegildo Sabat, quien
dibujó la verdad sobre los personajes del proceso. Recuerdo
un dibujo de Emilio Massera, viéndose a sí mismo en un
espejo. Dice todo. También quiero reconocer que Héctor García
trató de ser fiel a su tipo de periodismo y Jacobo Timerman
reaccionó bien después del secuestro de Edgardo Sajon. Hubo
honestos periodistas argentinos trabajando con las agencias
noticias. Recuerdo la gran labor de Vicente López y Oscar
Serrat en Associated Press y Alberto Schazin en UP.
En el diario Buenos Airea Herald recuerdo el aporte de
James Neilson, Andrew Graham-Yooll, Uki Goni y Ray Mackay.
No
he visto, según parece, en las cartas del libro, menciones
suyas sobre Rodolfo Walsh. ¿Qué opina de él?
El
periodista más importante en la historia de la Argentina. No
sabía mucho de su periodismo hasta que llegué a los Estados
Unidos en 1980 y encontré sus libros en la Biblioteca del
Congreso en Washington. Escribí sobre él en un libro mío
que salió fines de '80. He pensado mucho en Rodolfo Walsh y
quiero saber porque entró en los Montoneros: ¿desesperación?
Un gran misterio para mí, en vista de la tendencia fascista
de los Montoneros.
En
la página 200 del libro, en una carta fechada en octubre de
1982, Ud. se muestra indignado por la actitud hipócrita de
los periodistas Bernardo Neustadt y Mariano Grondona frente a
los desaparecidos. Ellos dos, como muchos de los que Ud. señala
de bajo compromiso con la verdad, continúan hoy en algunos de
los lugares más altos del periodismo argentino (altos en
cuanto a nivel jerárquico en los medios). La pregunta es
simple: ¿Por qué? ¿Quién los premia de ese modo? ¿Por qué
el público los tolera?
Creo
que sus programas son de 'entretenimiento político'. Han sido
voceros de los gobiernos de turno durante la época que yo
estuve en la Argentina. La gente, en general, quiere ver a los
actores políticos de turno pero no quiere profundizar sobre
temas. Ellos traen a los actores pero rara vez se discute
seriamente una posición.
Durante
los años de la dictadura era peligroso informar sobre
determinados temas. Eso se escucha decir a muchos periodistas
que justifican su silencio. Hoy en día, en Argentina, dada la
concentración de los medios de comunicación en pocas manos,
y la precariedad laboral de los periodistas, se escucha que de
muchas cosas no se puede escribir o hablar, porque sino se
pierde el empleo. ¿Qué lectura hace de este problema en
Argentina y en América Latina?
Hay
que crear nuevos medios para periodistas que quieren trabajar
honestamente. La situación ha mejorado mucho en otros países
en América Latina. En Perú, por ejemplo, donde el periodismo
tuvo un rol importante para desenmascarar a (Alberto) Fujimori
y (Vladimiro) Montesinos.
¿Cuáles
son los principales problemas de los periodistas en el mundo
hoy?
La
impunidad que existe en algunos países para malvados que
quieren silenciar periodistas con la muerte. Arriba
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